Argentinos mantienen vivo el espíritu del tango en tiempos de coronavirus

The Lovers Tango
Crédito: Alex Proimos / Creative Commons Attribution 2.0 Generic Licence

Durante los últimos 15 años, Nélida López Ferro — de 68 años y una de las decenas de miles de devotos del sensual baile argentino y la forma de vida que representa — ha bailado tango, al menos, dos o tres veces por semana.

Con un estricto confinamiento vigente durante varias semanas para combatir la propagación del coronavirus, ella y otros aficionados al tango privados de sus sesiones de baile regulares — llamadas milongas — han luchado para mantener vivo el espíritu del tango.

“Nos enviamos vídeos de nosotros bailando — en parejas los que pueden, y otros envían vídeos de ellos bailando solos, o a veces con escobas,” se ríe López, señalando que muchos milongueros viejos están solteros, como lo está ella. “Es muy difícil para nosotros acostumbrarnos a esto, y lo peor de todo es que no va a terminar pronto.”

La rápida imposición argentina de un bloqueo ha ayudado a mantener el número de muertos bajo — en solo 344, marcando un acusado contraste con la situación de la vecina Brasil, donde el número de muertos ya ha superado los 13.000. Esto ha reforzado el apoyo al presidente Alberto Fernández, incluso luego de que la pandemia terminara de devastar una economía que ya estaba en dificultades.

Algunas empresas están comenzando a reabrir, pero los turistas que acuden en masa a Buenos Aires para aprender a bailar al ritmo de la melancólica música han vuelto a casa — y se espera que las milongas se mantengan a la espera por el resto del año.

El hecho de que el tango sea un baile físico único debido a su famoso abrazo — donde las parejas a menudo bailan mejilla con mejilla —  y también que sea practicado principalmente por generaciones mayores con mayor riesgo de Covid-19, lo hace doblemente problemático por razones de salud. Los 130 clubes de tango en Buenos Aires han tratado de llenar el vacío organizando milongas por internet.

Rubén Salas — de 84 años, quien ha bailado tango desde que tenía 14 años y hasta hace poco lo practicaba seis horas al día, todos los días de la semana — lo está pasando mal. “No podemos sobrevivir sin el abrazo, que es tan fundamental para el tango. Sin eso, no es tango,” dice. “Tenés que sentir al otro, el calor de dos cuerpos.”

Las milongas virtuales son poco más que un reemplazo temporal para los entusiastas, admite Marcela Pazos — quien dirige la milonga de Nuevo Cique en una ornamentada sala típica de la década de 1920, el apogeo del tango.

Más que un simple lugar para bailar, las milongas ofrecen una oportunidad importante para socializar, afirma.

“Por eso siempre digo que el Gobierno debería darme un subsidio,” bromea. “Las personas que vienen cuidan su apariencia y sus cuerpos, y es un espacio de enorme apoyo social. . . es pura salud,” agrega. Por lo tanto, le parece “deprimente” que a uno le envíen vídeos de personas bailando solas en casa.

“Cuando escucho tango [ahora], me pongo triste. Tal como están las cosas, el tango es un poco triste,” opina Estela Garrafo, una asistente habitual a Nuevo Chique que se mantiene ocupada practicando los movimientos en lugar de bailar al ritmo de la música. “Estoy tratando de guardar el baile para el día en que pueda compartirlo con alguien en un abrazo.”

“No solo hay un impacto humano, sino también económico,” agrega Pazos, refiriéndose no solo a todas las orquestas típicas y bailarines profesionales que están sin trabajo, sino a los empleados de bares y milongas que tampoco trabajan. Ella misma ha dejado de pagar el alquiler del salón de baile donde celebra sus eventos.

El tango evolucionará para sobrevivir al coronavirus, declara por su parte Luis Tarantino, conocido disc-jockey radial de tango. “El tango ha pasado por muchas crisis en los últimos cien años y siempre ha salido adelante,” añade Tarantino, recordando que las milongas se suspendían cuando las dictaduras militares implantaban toques de queda, y que su popularidad ha prosperado a pesar del advenimiento del rock and roll que revolucionó la música.

Hay clubes de tango en todo el mundo, sentencia. “Mientras el tango disminuye en Argentina, crece en proporción inversa en otras partes del mundo.”

Entretanto, muchos aficionados al tango en Buenos Aires esperan su momento. Cuando las milongas finalmente se reanuden, la cantante de tango Gricel duda que la gente acepte bailar con algún tipo de limitación, como mascarillas o gel desinfectante. “El tango también está en los labios, en una mirada o en un perfume,” dice. “El tango abre un mundo de misterio en el que, a menudo, no sabés nada sobre tu pareja. Es solo una comunicación física que termina con el baile. Y en esos tres minutos hay amor, a veces a través de una mirada o un movimiento… no podés reemplazar eso.”

 


Artículo original de Benedict Mander en Buenos Aires
Publicado en The Financial Times el viernes, 15 de mayo de 2020
Traducido al español por Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artículo original en inglés:
https://www.ft.com/content/5fbef231-4e3d-4750-9f20-53d131571cdc

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s