Dave Greenfield, un Rick Wakeman punk, hizo sonar a The Stranglers como ninguna otra banda

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Entrada para concierto de The Stranglers en el Malvern Winter Gardens, 22 Septiembre 1978. Crédito: licencia Creative Commons BY-NC-ND 4.0

DAVE GREENFIELD ha muerto, y es el último músico en caer en esta terrible pandemia. Fue el mejor tecladista de la era punk y lució el mejor bigote de esa era. Tampoco tenía muchos competidores en ninguno de los dos terrenos, siendo justos.

La primera vez que pudimos verle bien en acción fue en la portada del álbum debut de The Stranglers, Rattus Norvegicus, en 1977. Es una obra extraordinaria, que lleva una de las fundas de disco más extrañas y extrañamente perturbadoras de la época, donde la banda se pararse como demonios aburridos de ojos lánguidos en habitaciones descuidadas llenas de taxidermia cutre, con toques de elementos perturbadores en el fondo como una muñeca, un niño desnudo o un sombrío hombre de negro.

Parece la portada de un libro de bolsillo de terror barato y siniestro. Una de las cosas más extrañas al respecto desde la perspectiva del rock es que el cantante y compositor principal de la banda, Hugh Cornwell, está fuera de foco en la parte posterior, mientras que Greenfield está en primer plano, apoyado en el marco de una puerta con mirada fija y lúgubre.

Quizás su prominencia reflejaba su importancia para la banda. Ciertamente fue su músico más talentoso. O tal vez era solo por lo fuera de lugar que lucía con su chaqueta voluminosa, largo y anticuado pelo negro, y ese anticuado bigote negro y espeso. Nadie llevaba vello facial en el punk. Greenfield parece más un policía encubierto de la década de los setenta, o portero de club particularmente psicótico, que miembro de la joven generación de rock rebelde y vanguardista.

Esto puede deberse a que los Stranglers no eran particularmente jóvenes, por un lado, y por otro a que no se consideraban parte de ningún movimiento musical. Greenfield ya tenía 26 años cuando se unió a la banda en 1975, recién llegado de un período en un grupo de rock progresivo de Brighton, Rusty Butler. El baterista Jet Black tenía casi 40 años cuando lanzaron su primer single, Grip, en 1977, combinando su papel en la vanguardia del punk británico con el de encargado de tienda de abarrotes y de una flota de furgonetas de helados en Guildford.

El cantante y guitarrista Hugh Cornwell tenía una banda en la escuela con Richard Thompson, una estrella del folk rock de otra generación musical, y tenía un título en bioquímica de la Universidad de Bristol. El bajista Jean-Jaques “JJ” Burnel era el bebé de la banda, unos años más joven que Greenfield y ciudadano francés con cinturón negro en karate. Juntos, sobresalieron como un pulgar particularmente dolorido — incluso en un género que se enorgullecía de mostrar el dedo a las generaciones musicales anteriores.

Eran un grupo extraño desde el principio, alineados con el punk más por el rechazo a tendencias previas que por valores sociopolíticos compartidos. Quiero decir, ¿quién se hace llamar The Stranglers (originalmente The Guildford Stranglers) en 1975, cuando las bandas más grandes del país se llamaban Queen, Wings, ELO, 10CC, Mud, Bay City Rollers y Status Quo?

Los Stranglers siempre fueron una pandilla medio retorcida, que tomaron refrencias musicales de The Doors y el garage rock de los sesenta, con un toque de la dureza del ‘rock de pub’ de Dr. Feelgood. Exudaban una especie de fealdad provocativa y escribían canciones desagradables sobre lo desagradable que podía ser la vida. El punk llegó justo en el momento adecuado para ellos, y por eso The Stranglers se pudo establecer rápidamente entre sus mejores creadores de éxitos, definiendo en su época los singles como Grip, Peaches, Something Better Change y No More Heroes.

Fueron — creo que es justo decirlo — vistos con cierto recelo por muchos de sus compañeros, en parte porque eran mayores y mejores músicos. Mientras los jóvenes punks revoloteaban rompiéndolo todo, The Stranglers en realidad podía tocar sus instrumentos, y por debajo de su sonido áspero escribían y arreglaban canciones con verdadera inteligencia pop.

Los primeros discos de los Stranglers suenan fantásticos a día de hoy, lo que no se puede decir de gran parte de la primera ola británica del punk (con honrosas excepciones). Lanzaron tres álbumes en 13 meses entre abril de 1977 y mayo de 1978 (Rattus Norvegicus, No More Heroes y Black and White), que siguen siendo clásicos del género.

The Stranglers tenía un batería marchoso y beligerante, un bajo que sonaba como metal oxidado retorciéndose, un cantante que tocaba una guitarra rasposa gruñiendo y gruñiendo como un matón misántropo, pero por encima corría el teclado extraordinario, florido, salvaje y expresivo de Greenfield.

A pesar de ser un instrumento estrechamente asociado con el rock progresivo, The Stranglers fue la única banda de punk que no solo dio importancia a los teclados, sino que también hizo de ello una virtud. El estilo de Greenfield está en todas sus grabaciones. Down In The Sewer, la última canción del Rattus, termina con cuatro minutos de brillantez de Greenfield. Estaba en el corazón de las intensas actuaciones en vivo de The Stranglers, como si Rick Wakeman fuera punk, embarcándose en aventuras cósmicas mientras su banda mantenía todo arraigado en un oscuro pero contagioso rock and roll.

Dave tocaba un órgano Hammond, un piano eléctrico Hohner y un sintetizador Minimoog, y pudo pasar de la extravagante rareza electro de Nice N ’Sleazy al lujoso toque melódico de su extraordinaria versión de Burt Bacharach y Hal David, Walk On By. La versatilidad y la musicalidad de Greenfield ayudaron a Cornwell a ampliar su rango de composición, y así ambos mantuvieron a los Stranglers en las listas de éxitos mucho después de que el punk perdiera su fuego y furia. Escribió la absolutamente hermosa melodía de su mayor éxito, Golden Brown (1981), tocando sus arpegios de clavicordio en tiempo de vals a 6/8.

La sofisticación en gran parte de la producción de los Stranglers en los ochenta desmintió un poco su imagen intelectual macarra anterior. Con el tiempo, Greenfield llegó a sublimar su mirada psicótica en el escenario, se afeitó el bigote y dejó que emergiera el músico tan agradable, y ligeramente tímido, que llevaba debajo del gabán.

 

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“[Greenfield] Fue quien marcó la diferencia entre The Stranglers y todas las demás bandas del punk,” reconoció Cornwell en un homenaje a su antiguo compañero de banda. “Su habilidad musical y su naturaleza gentil le dieron un giro interesante a la banda.” JJ Burnel le ha llamado “genio”. Black aclamó a su amigo como “un gran talento”. Su mánager de larga data, Sil Willcox, dijo: “Todos estamos en estado de shock. Dave era un alma amable y generosa que tenía tiempo para todos y cada uno.”

Cornwell dejó The Stranglers en 1990 después de 10 álbumes para explorar otras direcciones musicales. La banda continuó con el nuevo miembro Baz Warne, hizo siete álbumes más, desarrolló un sonido de rock gótico musculoso y siguió siendo una atracción en vivo muy popular. Jet Black tiene 81 años y ha estado semi-retirado desde 2015, y el futuro ahora parece incierto.

Es difícil imaginar que The Stranglers continúe sin el músico que les dio dimensiones tan únicas. Es otra pérdida amarga para la música, que parece estar tomando más que su parte justa de pérdidas durante estos días peligrosos. El grito de batalla nihilista de los Stranglers, No more heroes, nunca ha sonado tan cierto.


 

Publicado en The Daily Telegraph el 5 de abril de 2020

Traducido por Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artículo original: https://www.telegraph.co.uk/music/artists/dave-greenfield-punk-rick-wakeman-made-stranglers-sound-like/

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