Brexit: el ‘loco’ Boris consigue su final hecho en Hollywood

Crédito: Andrew Parsons / No 10 Downing Street

Pulp Fiction, Monty Python y una hamburguesa del Five Guys: momentos surrealistas de la rocosa ruta del primer ministro británico hasta el acuerdo

El momento de más oscuridad de la noche no se produjo antes del amanecer, como es lo normal: llegó a las 8 pm del lunes. En ese momento Boris Johnson entregaba a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, el mensaje de que no firmaría un acuerdo del Brexit con la UE.

“No puedo firmar este tratado, Úrsula”, dijo. “No puedo hacer algo que no esté dentro de los intereses de mi país.”

Ese mismo día la Unión Europea había abierto la última carta de su baraja — una cláusula que von der Leyen denominó “el martillo”, que otorgaba a Bruselas el derecho a tomar represalias en todos los ámbitos si Gran Bretaña buscaba futuras reducciones en el acceso a sus aguas para los pescadores de la UE.

Uno de los asesores que escuchó la llamada dijo: “Fue lo más directo que estuvo con ella. Dijo que, a menos que cambiaran de vía, negociaríamos en términos australianos” — es decir, el código de la oficina de Johnson para ir por la salida sin acuerdo. “Eso fue lo más cerca que estuvo de caerse todo.”

Adoptar un acento de las antípodas y decir “Australia es un país hermoso” pareció no llevar a Johnson a ninguna parte. Luego le dijo a la alemana en su propia lengua viel hummer, kein hammer (“mucha langosta, nada de martillo”).

Un testigo dijo que Johnson también trató de explicar el problema ayudándose de las caricaturas surrealistas de uno de los grupos de comedia más conocidos de Gran Bretaña. “No podemos tener esta situación tipo Monty Python, donde estamos atrapados en el automóvil con un martillo gigante afuera de las puertas que nos golpea cada vez que salimos.” Esto fue recibido por von der Leyen con un silencio, para luego responderle: “Está bien. Gracias, Boris”.

No era la primera vez que una de las referencias de la cultura pop de Johnson hacía a von der Leyen sin que ella entendiera claramente qué quería decir. Hace unas semanas, con las conversaciones estancadas sobre qué tan estrictamente Reino Unido tendría que adherirse a las regulaciones de la UE, Johnson le dijo: “Necesitamos revivir este proceso como esa escena en [la película] Pulp Fiction, donde ponen la adrenalina directamente en el corazón de Uma Thurman.” La alta funcionaria alemana respondió: “No la he visto.” Un funcionario de Downing Street dijo: “Ella y su equipo tuvieron que acurrucarse alrededor de un iPhone y ver esa escena para saber de qué estaba hablando.”

Para el lunes — más de cuatro años y medio después del referéndum del Brexit — estos momentos parecieron retratar el abismo que separaba a un establishment de Bruselas, cuyos marcos de referencia eran totalmente diferentes, de un primer ministro que les parecía desconcertante.

El negociador británico Lord Frost y su adjunto, Oliver Lewis, contemplaron el fracaso. “Hubo momentos bastante oscuros en los últimos dos días,” admitió un miembro del equipo.

Al final, la llamada del lunes convenció a la UE de dejar de lado la pesca. El martes, abandonó las demandas de que los buques de la UE sigan disfrutando de sus cuotas actuales durante siete u ocho años.

El miércoles por la mañana hubo una gracia de último momento, cuando von der Leyen dijo que la UE aceptaría una transición de seis años a cuotas de pesca más bajas. Johnson dijo: “¡Cinco!” Luego se produjo un silencio aparentemente interminable — roto por el operador de la centralita de Downing Street, quien pidió disculpas porque la conexión se había interrumpido. Una voz alemana totalmente neutra luego dijo: “No no, todavía estoy aquí. ¿5 años y medio?”

Después del almuerzo, en su cuarta reunión del día, los dos líderes acordaron una reducción del 25% en las cuotas de pesca de la UE en ese tiempo — muy lejos del 80% original buscado por Johnson. Los negociadores se quedaron con el texto final, que se prolongó hasta las 14.44 del día siguiente, la Nochebuena.

Para Johnson, ese fue el final de una Odisea moderna que comenzó en febrero de 2016, en que decidió respaldar la campaña de salida de Europa — un período en el que evolucionó de ser una figura popular pero políticamente pequeña, y más conocida por haber quedado atrapado en una tirolina olímpica, hasta convertirse en un líder a quien se ama o se odia cuyas acciones y puntos de vista, para bien o para mal, han cambiado el curso de la historia de la nación.

Sus críticos ridiculizan las imitaciones autoreverenciales que hace de Winston Churchill, pero ni ellos pueden negar que se ha convertido en el político más importante de su generación. Cuando Michael Gove cenó con él poco antes de unirse a la plataforma Vote Leave, lo que vio esa noche le llevó a concluir: “Churchill quería posicionarse en el centro de los hechos. Creo que pasa lo mismo con Boris.”

Cuatro años después, un asistente del primer ministro británico lo expresó así: “Ahora este es el mundo de Boris. El resto de nosotros simplemente vive dentro de él.”

La búsqueda de la soberanía

Para el equipo de Johnson, el momento clave en la búsqueda de un acuerdo comercial de 11 meses llegó en la primera sesión de negociación entre Frost y su homólogo por parte de la UE, Michel Barnier, a principios de marzo. Frost describió la demanda clave de Johnson, que Reino Unido sea tratado como una nación independiente. Barnier respondió con “un colapso hilarante”, dijo un funcionario británico, y el francés lanzó una “perorata masiva” en la que se afirma que dijo: “¿Por qué sigues hablando de ‘soberanía’? Todo lo que haces es repetir esa palabra.”

En otra reunión, un Barnier literalmente enfurecido gritó: “¡Estoy tranquilo!” Estos arrebatos llegaron a ser conocidos por el equipo británico como “momentos de calma y serenidad de Michel”. Pero revelaron una incomodidad con el enfoque británico que va más allá de las tácticas de negociación y entra en diferencias filosóficas fundamentales. Para los líderes europeos, era un principio fundamental que los países unieran la soberanía para beneficio mutuo.

Desde 2016, los críticos de Johnson — tanto en Bruselas como en Londres — estaban tan convencidos que solo había respaldado el Brexit para avanzar en su carrera, que rara vez se molestaron en estudiar las razones que él mismo había declarado tener.

En un vuelo a casa desde Cercano Oriente en noviembre de 2015, Johnson convocó a este periodista desde su asiento de clase económica para entrevistarle sentado en su taburete de clase ejecutiva. “Podrías hacerme un montón de preguntas, pero no tiene mucho sentido porque esto es lo que quiero decir,” dijo, y describió los detalles de una “cláusula de soberanía” que quería consagrar en la ley británica, permitiendo al parlamento anular decisiones de Bruselas.

Fue un mensaje directo para David Cameron, quien pagó el precio por apoyar la permanencia en Europa. Habría sido noticia de primera plana, pero se había producido un ataque terrorista ese fin de semana. Cameron no pudo hacer que el concepto funcionara y la entonces esposa de Johnson, la magistrada Marina Wheeler, le convenció de que salir de Europa era la única forma de hacer que las leyes fueran británicas.

Avanzamos rápidamente hasta julio de 2018 y el plan híbrido de la residencia veraniega de Chequers elaborado por Theresa May, que comprometía a Gran Bretaña con un “libro de reglas común” con la UE mientras afirmaba que estaba recuperando la soberanía. Cuando Johnson decidió renunciar, uno de los que estaban en la sala dijo: “La soberanía fue la razón por la que se fue. No creía que estuviéramos retomando el control.” Más tarde, aparentemente deprimido porque su carrera de primera línea podría haber terminado, me dijo: “Simplemente no era un Brexit.”

Ese otoño había conocdo a Johnson en su oficina, en el número 1 de Parliament Street. Estaba frustrado porque May no había escogido un acuerdo que permitiera a Gran Bretaña divergir de las reglas de la UE. “¡Simplemente no es capaz de tomar una decisión!” (improperios eliminados). Ahora existe una paradoja que asegura que el enfoque de Johnson sobre el coronavirus se ha caracterizado por “tergiversar primero y entrar en pánico después”. Sin embargo, cuando tomó las riendas del poder, se propuso deliberadamente abordar el Brexit de modo distinto.

Piratas y filósofos

Johnson y Frost estaban convencidos de que May había aceptado de buena gana la creencia de la UE de que el precio del acceso libre de aranceles al mercado único era que Gran Bretaña tenga que seguir obedeciendo directrices de Bruselas. En la primera fase, Frost buscaría establecer la posición de que Gran Bretaña era soberana. “Durante el gobierno de Theresa May la UE estableció los principios filosóficos a los que teníamos que adherirnos,” explicó un miembro del equipo. “Controlaron los términos del debate y nos arrinconaron muy rápido. Simplemente la tenían completamente atrapada.”

En segundo lugar, también acordaron comportarse de manera diferente. Frost le dijo a su equipo que Gran Bretaña — bajo la dirección de May y su negociador, Sir Oliver Robbins — había sido demasiado a menudo un “ratón” frente al “tanque” negociador de la UE. Advirtió que sus contrapartes se comportarían como un “adolescente malhumorado” si no se salían con la suya. Quería que Gran Bretaña fuera un “líder” en la elaboración del debate.

En privado, Johnson le dijo a Frost que jugara “muy, muy duro” incluso si le rompían la nariz. Lewis — su excompañero de Vote Leave — resumió el enfoque hacia sus colegas citando a Otto von Bismarck, el estadista alemán del siglo XIX: “Con un caballero siempre soy caballero y medio, y cuando trato con un pirata, intento ser pirata y medio.” La cita era una de las favoritas de Dominic Cummings, el director de la campaña Vote Leave por ese entonces instalado en el Número 10.

Frost pasó los primeros cinco meses en modo pirata. Cuando Barnier publicó un gráfico sugiriendo que Reino Unido tenía que permanecer en la órbita de la UE, Downing Street señaló que previamente había dicho a May que debía buscar un acuerdo comercial al estilo de Canadá con la UE, el modelo que ahora quería Johnson. “Ahora dicen que al final no está en oferta. Michel Barnier, ¿qué es lo que ha cambiado?” decía un tuit oficial. “Comenzamos a trollearlo por las redes sociales del Gobierno,” recordó un funcionario. “La comisión se volvió totalmente loca.” Una carta abierta de Frost en la que se quejaba de que Barnier quería que Reino Unido “hiciera la venia” a Bruselas llevó a Barnier a quejarse de su “tono”.

No obstante, en junio había dicho que no habría lugar para la legislación ni el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en el tratado a firmar, un acuerdo cimentado en una llamada entre Johnson y von der Leyen. “Te entendemos,” dijo.

“Quedó bastante claro que le dijeron a Barnier que se moviera,” dijo una fuente británica. “En esa etapa habíamos ganado una discusión política.” Afianzar los detalles económicos sería, no obstante, más complicado e incluso más polémico.

La estrategia del loco

Si Gran Bretaña no iba a seguir la ley de la UE, Barnier dijo que la UE aún necesitaría resguardos contra cualquier infracción a las normas por parte de Reino Unido. El llamado “campo de juego nivelado” significaba que las reglas británicas tendrían que subir y bajar al mismo tiempo, o Gran Bretaña tendría que pagar aranceles en represalia. Esta ‘cláusula de equivalencia’ era un arma de mayor alcance que el ‘martillo’ pesquero.

Los funcionarios de la UE fueron más allá y sugirieron que, si no había un acuerdo, la UE podría dictar qué bienes necesitarían ser revisados ​​en los puertos del Mar de Irlanda y cuáles tendrían que pagar aranceles.

En respuesta, Lewis propuso que Johnson siguiera una estrategia “haciéndose el loco”. Se insertaron cláusulas en un Proyecto de Ley del Mercado Interno, que decía que Gran Bretaña tomaría tales decisiones violando parte del Acuerdo de Retirada firmado por Johnson en octubre de 2019. Lewis indicó a Brandon Lewis, el ministro de Irlanda del Norte, que aceptara sin rodeos que esto era un “limitado y específico” incumplimiento del derecho internacional.

Al igual que sucedió con la decisión de Johnson de prorrogar el Parlamento en 2019 — rechazada como ilegal por la Corte Suprema — hubo una furiosa reacción, esta vez incluso de los partidarios del Brexit. El principal asesor legal del Gobierno, Sir Jonathan Jones, renunció.

Cuando Frost fue recibido con un aluvión de críticas, le dijo al equipo de Barnier: “Tenéis que entender que esto refleja la visión decidida del primer ministro de proteger la integridad del país.”

Los asesores dicen que Johnson — sabiendo que Brexit será lo primero en la lista de cosas por las que se le juzgue — fue el más duro de todos. Repetidamente usó su reputación de buscapleitos impredecible en Europa, preparado para contemplar la posibilidad de salir sin acuerdo y ponerla a su favor. Los funcionarios dicen que se acercaba a los miembros del equipo de negociación y les decía: “No te estás debilitando ahora, ¿verdad?”

En la cumbre de líderes de la UE en octubre, los 27 estados miembros también jugaron duro y anunciaron que “solo corresponde a Reino Unido tomar las medidas necesarias para llegar a un acuerdo”.

Frost y Lewis visitaron a Johnson en el Número 10 y solo argumentaron que amenazando con salir podría “crear suficiente drama” para involucrar a los líderes de la UE. Johnson dijo a ambos que no fueran a Bruselas. “Tenemos que ser duros. Australia es un país hermoso,” dijo refiriéndose a la formulación del Gobierno de que no llegar a un acuerdo constituiría un comercio en términos australianos.

Incluso altos funcionarios de la UE admiten que esto tuvo un efecto: “Nunca, nunca creímos que Theresa May fuera a optar por una salida sin acuerdo. Con Johnson tampoco lo esperábamos pero, si entre el 5% y el 10% de tu grupo piensa que podría hacerlo, eso cambia la naturaleza del juego.”

La cláusula de reequilibrio

La suspensión de las conversaciones durante una semana llevó a von der Leyen a intervenir. Envió a la asesora política Stéphanie Riso, exasistente de Barnier, para que se hiciera cargo de las conversaciones. “De repente hubo un compromiso y un diálogo serio de ida y vuelta,” dijo una fuente del Número 10. “Se sentó allí a hacer todo el trabajo, con el equipo de la UE alrededor de ella mientras Michel jugaba con su teléfono.”

Casi al mismo tiempo, Lewis ideó la clave que desbloquearía la disputa del campo de juego nivelado: un “reequilibrio” o “cláusula de libertad”, que establece que si una de las partes siente que la otra está abusando de la divergencia, o el castigo de la divergencia, puede solicitar una revisión que reabra el tratado en un área específica sin eliminarlo por completo. Equivalía a una cláusula de soberanía como la que exigió Johnson al principio. A Riso “le encantó la estimulación intelectual” de la idea, afirmó un funcionario británico. “[Riso] estaba tratando de que funcionara.”

Con vehemencia

Entonces el equipo británico se preocupó. “De repente, el equipo de la UE pasaba mucho más tiempo debatiendo y la implicación se acabó.” Entre bastidores, el presidente francés Emmanuel Macron había intervenido para evitar que la comisión cediera. Riso dejó en claro que la cláusula de equivalencia — que otorga a la UE el derecho de afectar a Gran Bretaña con sanciones relámpago en cualquier área si se aparta de las reglas de la UE — no se va a deshacer. “Tenemos que hacer esto,” dijo.

Frost acusó a sus homólogos de crear un “bate de béisbol para alinearnos con la ley de la UE para siempre”.

Una cena en Bruselas entre Johnson y von der Leyen no resolvió nada. Johnson dijo que estaba preparado para reducir la demanda de Gran Bretaña de que las cuotas de pesca de la UE se reduzcan en un 45%. Al darse cuenta de que podría haber ido demasiado lejos, dijo: “Espero no haber tirado demasiado por la borda.” En eso, Frost intervino: “Es un poco tarde para eso, jefe.” Sin embargo, von der Leyen no se inmutó. “Se sentaron allí con los brazos cruzados,” dijo una fuente británica.

Frost — que ahora trata casi exclusivamente con Riso y no con un “muy gruñón” Barnier — continuó argumentando que los aranceles de represalia deberían ser proporcionales y que la cláusula de reequilibrio le daría a la UE tanta protección contra la posibilidad de que Reino Unido socave su mercado como a Gran Bretaña frente al castigo con aranceles.

Entonces, von der Leyen golpeó la mesa con el martillo de la pesca. Johnson vio algo que erosionaba la base misma de su voto de salida de la Unión. “No se trata de peces, sino de libertad,” dijo al respecto un asistente.

Trato hecho

Incluso después de que la UE arrojara por la borda su ‘martillo’ pesquero en la llamada después del almuerzo del miércoles, Frost permaneció en Bruselas revisando línea por línea lo que implicaría el plan de cuotas revisado para cada una de una docena de especies pesqueras. “La conclusión es que pescábamos la mitad de los peces en nuestras aguas. Al final del período de transición, serán las tres cuartas partes,” dijo una fuente del Número 10. “Después de eso, estaremos en negociaciones anuales.”

Frost ya había llegado a un último acuerdo sobre vehículos eléctricos — cuántas piezas de la UE y de fuera de Reino Unido se pueden tener en un coche — antes de que las regulaciones de las “normas de origen” impliquen la imposición de aranceles a esos vehículos. La UE no quería ninguna transición. Frost luchó y ganó un trato que le dará a las plantas de automóviles tiempo para adaptarse. Para empezar, se permitirá hasta el 60% de las piezas de fuera de Reino Unido y la UE, reduciéndose finalmente al 45%. “Si no hubiéramos entendido eso, las consecuencias para Nissan y Toyota realmente hubieran sido trágicas”, dijo una fuente del Número 10. “Hubieran hecho la negociación casi inviable.”

El miércoles por la noche Johnson — quien solo se había estado alimentando con hamburguesas para llevar de la cadena Five Guys — informó el Gabinete. Ningún ministro se sintió más aliviado por los acontecimientos que Gove, el ministro de la Oficina del Gabinete responsable de los preparativos del escenario sin acuerdo. Contactado por un miembro del equipo de Frost, Gove dijo simplemente: “¡Felicidades!”

Johnson durmió bien por la noche y se levantó a correr con su perro Dilyn, pero poco después empezó a perder la paciencia. Un alto cargo de la BBC había llamado a su oficina a pedirle que no anunciara el acuerdo mientras estuviera emitiéndose Kung Fu Panda — la gran película que la corporación estaba pasando en Nochebuena. Alrededor de las 12.30 pm, Johnson volvió a hablar con von der Leyen y le dijo: “Realmente necesitamos superar esto ahora. Tenemos que hacer que Frosty y su equipo lleguen a casa a tiempo para Navidad.” Una hora después, Frost mandó un mensaje de WhatsApp al primer ministro diciéndole: “Creo que hemos llegado.”

Johnson le llamó y dijo: “Ve y ciérralo.” Veinte minutos más tarde hubo una videollamada con von der Leyen. Johnson preguntó: “Entonces, ¿trato hecho, Ursula?” Ella respondió: “Sí, trato hecho”. El personal de Downing Street al fondo de la sala estalló en aplausos espontáneos.

Johnson luego le jugó una broma a Frost. Después de felicitarle por haber firmado un acuerdo que abarca delincuencia, seguridad social y algunos servicios como el comercio en tiempo récord, agregó: “Me temo que hay un problema con el vuelo de la RAF y creo que no vamos a poder traerte a casa.” Un ‘terrible silencio’ inundó la sala hasta que James Slack, director de comunicaciones de Johnson, dijo: “Primer ministro, creo que ya le hemos torturado bastante.”

A lo largo del proceso, Lewis había estado en contacto con euroescépticos de línea dura — como Sir Bill Cash — para asegurarles que la cláusula de reequilibrio permitiría que cualquier futuro candidato a primer ministro se comprometiera a cambiar la relación de Gran Bretaña con la UE. “Un político puede ser elegido con un mandato específico y decir: ‘Puedo cambiar el tratado’,” dijo un funcionario.

Downing Street espera ahora el veredicto de los partidarios del Brexit. Cummings, ahora exiliado del Número 10, envió un mensaje a un antiguo colega el jueves y le preguntó: “¿Es un buen negocio?” Al recibir de él una respuesta afirmativa, Cummings hizo algunas preguntas y concluyó: “Parece que [Johnson] lo logró.”

Otro brexiteer del Gobierno dijo: “Desde mi perspectiva, funciona. El argumento de Vote Leave era que se puede comerciar libremente con Europa sin tener que seguir las leyes de la UE. El acuerdo consigue esto. Es un triunfo de la filosofía que defendió Boris en 2016.”

En resumen, Johnson ha logrado el objetivo que se propuso. A diferencia de May, es probable que su trato sobreviva al contacto con su propio partido. Si el enfoque de Johnson en la soberanía fue el correcto para cumplir también con el aspecto económico es la cuestión sobre la que será juzgado en el futuro. De cualquier manera, este es el mundo de Johnson — el resto de nosotros simplemente vive en él.


Artículo de Tim Shipman, Editor de Política
Publicado en The Times el 
sábado, 26 de diciembre de 2020

Traducido al español por Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artículo original en inglés: https://www.thetimes.co.uk/edition/news/madman-johnson-gets-his-hollywood-ending-7tw70j8zj?

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