La música británica debe aceptar la realidad: el rock clásico es mejor que la miseria actual

Crédito: Jon Rubin / Flickr (CC BY 2.0)

John Lennon sube en las listas de popularidad y Queen se asienta en la cima, pero ¿por qué la brillante juventud de hoy no está iluminando al mundo?

John Lennon podría llegar al número uno en las listas de popularidad musical de Reino Unido esta semana con Gimme Some Truth, una recopilación lanzada para lo que habría sido su 80 cumpleaños. Ojalá viviéramos en el mundo más amable que él alguna vez imaginó. Más bien, su Liverpool natal está sufriendo y el Cavern Club — del que surgieron los Beatles — ha tenido que recibir una subvención del Gobierno para sobrevivir.

Para muchos de nosotros, Lennon sigue siendo la estrella del rock por excelencia, con un talento y una personalidad que ayudó a que el rock ‘n’ roll pasara de ser una moda pop juvenil a una de las grandes formas de arte de nuestra era. Lennon fue un músico audaz cuyo trabajo abarcó un universo de posibilidades: nervioso, aventurero y experimental, pero arraigado en la melodía, la armonía, el canto y la emoción. Era un hombre ingenioso, amoroso, enojado e idealista, que se cuestionaba a sí mismo y se sabía profundamente imperfecto, y su búsqueda artística abarcó la enorme complejidad del ser humano.

Sin embargo, me pregunto qué pensaría Lennon de ser “el más popular de los más populares” — su grito de guerra para los Beatles, cuando eran jóvenes — casi 40 años después de su muerte. “No tengo ningún romanticismo sobre ninguna parte de mi pasado,” dijo en una de sus entrevistas finales, en 1980. “No creo en el ayer.” Ese, precisamente, no es un sentimiento que el público británico amante de la música parezca compartir.

El álbum número uno de estos días es de Queen, un set en directo con el cantante Adam Lambert ocupando el lugar del fallecido Freddie Mercury. Los campeones del britpop, Oasis, están en el número 3 con What’s The Story (Morning Glory), un álbum que salió hace 25 años. Los oldies [temas clásicos de más de veinte años] figuran en todas las listas, mientras los recopilatorios de Dire Straits, Iron Maiden, Tears for Fears y Suede — todos — están entre los diez primeros de la semana. De hecho, los álbumes más vendidos este año han sido los de aquellos intérpretes y bandas sensación del pop de vanguardia como Queen, Fleetwood Mac, Bob Marley, Abba y Oasis.

Mientras tanto, ni un solo álbum nuevo lanzado por un artista contemporáneo en 2020 ha sido platino en Reino Unido. Uno de ellos representa 300.000 ventas certificadas (y sí, eso incluye cifras de retransmisión como las del streaming, tabuladas como ‘unidades equivalentes de álbumes’). La estrella británica del dance-pop Dua Lipa logró alcanzar las 150.000 ventas (certificado de oro) de su último álbum, Future Nostalgia. Sin embargo, es claramente más nostalgia pasada de moda lo que queremos en este momento.

El auge de los clásicos de oro es parte de una tendencia mayor durante la pandemia. Al analizar los datos de casi 17 billones de canciones en Spotify en seis países europeos, el economista Timothy Yu-Cheong Yeung — de la Universidad de Lovaina, en Bruselas — ha encontrado un aumento en el “consumo de nostalgia”. Un ejemplo sería que el tema Mr Blue Sky de Electric Light Orchestra apareció en el Top 200 de Spotify todos los días en julio… 43 años después de su lanzamiento inicial.

Ahora bien, no hace falta ser un genio para descubrir las razones por las que las personas pueden recurrir al consuelo de las canciones familiares en momentos de estrés. La conclusión bastante académica de Yeung fue que las canciones antiguas “generan una utilidad positiva”, o, en otras palabras, nos hacen sentir mejor. Sin embargo, me gustaría presentar otra teoría, por controvertida que sea. ¿Qué pasa si las canciones antiguas son realmente mejores?

Es interesante mirar la lista de mitad de semana y ver qué álbumes compiten con Lennon por el primer puesto. Por un lado, está Edna, el debut de la rapera londinense Headie One, que es lo más contemporánea que se puede esperar de un artista musical. Trabaja en el controvertido género drill, que cuenta historias de la vida callejera en el norte de Londres ambientadas en ritmos electrónicos fracturados y entregados en una jerga densa, casi incomprensible para el oyente casual. Headie One tiene una base de fanáticos jóvenes devotos, pero opera en un género especializado que no es muy probable que se termine transmitiendo a una audiencia mayoritaria más amplia.

El otro contendiente es el veterano grupo de britpop Travis con su noveno álbum, prosaicamente titulado 10 Songs. Su estilo de cantar al son de la música nunca los ha convertido en favoritos de la crítica, pero han conservado un atractivo duradero al adherirse a las virtudes musicales establecidas desde hace mucho tiempo: melodía, armonía, canto y narración. Como comentó recientemente el líder de la banda y compositor Fran Healey: “Si uno nunca está a la moda, puede terminar siendo atemporal.”

La batalla entre Lennon, Headie One y Travis es casi una metáfora perfecta del estado de la música popular, atrapada entre una modernidad feroz que es innatamente autolimitante y un anhelo nostálgico por el canto de antaño.

John Lennon habría entendido el atractivo de ambos extremos y, de hecho, fue el artífice de un híbrido musical que los unió. Los Beatles surgieron de la electrizante descarga del rock ‘n’ roll pero Lennon y McCartney eran muy versados ​​en las canciones de su infancia, que incorporaban elementos de tonadillas, folk e incluso (quizás inconscientemente) la elegancia armónica de la música clásica en su arte.

Ellos llevaron el pop a nuevas y emocionantes cotas sin renunciar nunca a su palpitante corazón: canciones con significado y emoción, decoradas con melodías que todos pueden cantar.

Sospecho que esos valores son eternos, y eso justamente es lo que los artistas pop de hoy abandonan a su propio riesgo. El auge del hip hop y la electrónica, con toda la polinización cruzada de géneros de esta era digital, ha creado mucha música emocionante en un entorno muy volátil. Pero el pop contemporáneo se ha convertido en una carrera armamentista de novedad sónica, que lleva a una fijación con la gratificación instantánea a corto plazo. Las listas de singles — obsesionadas con gustar a los jóvenes — son cada vez más distintas de las listas de álbumes, donde tienden a destacar los artistas más duraderos.

Cuando el negocio de la música mira a su alrededor y se pregunta porqué no han surgido grandes estrellas nuevas en este año extraño, podría valer la pena considerar que Gran Bretaña solo ha producido dos superestrellas musicales mundiales indiscutibles en esta década: Adele y Ed Sheeran, artistas unidos en su apreciación de la forma clásica de escribir canciones.

Son los intérpretes como ellos, que hacen música más allá de los dominios de las tendencias de moda, los que serán los clásicos de oro del futuro. Cuando necesitemos canciones que todos podamos cantar juntos, no deberíamos tener que volver al pasado.


Artículo de Neil McCormick publicado en The Daily Telegraph el jueves, 15 de octubre de 2020
Traducido al español por Alejandro Tellería-Torres
Enlace al artículo original:
 https://www.telegraph.co.uk/music/news/british-music-should-face-facts-classic-rockers-better-todays/

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