
Otrora visto como un territorio para reinventarse, ahora nuestra actitud hacia Estados Unidos estรก pasando de la envidia a la compasiรณn
En Amerika (1927), la primera novela de Franz Kafka, un adolescente de Europa del este es enviado a Estados Unidos debido a un escรกndalo, luego de haber ยซseducidoยป a la criada de la familia. (Mรกs tarde se descubre que ella, esperpento gigante, aterrador y kafkiano, fue la que le sedujo a รฉl.) En el puerto de Nueva York, el joven es recibido por un extraรฑo adinerado: su tรญo, que resulta ser un senador estadounidense. El capitรกn del barco le felicita: ยซAhora tienes una brillante carrera por delante.ยป
Kafka se burlaba del sueรฑo europeo de Amรฉrica, que habรญa contagiado a su propia familia. Su primo Otto โ que habรญa emigrado a Estados Unidos sin hablar inglรฉs โ terminรณ fundando la genialmente bautizada Kafka Export Company. Y como muchos europeos, yo tambiรฉn crecรญ soรฑando con Amรฉrica. La muerte lenta de ese sueรฑo ha alterado el imaginario europeo.
En 1980, cuando yo tenรญa 10 aรฑos, mi padre acadรฉmico se tomรณ un aรฑo sabรกtico de [la universidad de] Stanford, asรญ que nos mudamos a Palo Alto, en California, por un aรฑo. Palo Alto โ en aquellos dรญas pre-tecnolรณgicos y pre-multimillonarios โ era una encantadora ciudad universitaria donde un salario acadรฉmico nos consiguiรณ una gran casa de madera en una avenida flanqueada por รกrboles.
Una soleada maรฑana poco despuรฉs de nuestra llegada, vimos cรณmo se trasladaba una antigua casona en un camiรณn de plataforma hacia una ubicaciรณn mejor. Esto, pensรฉ, era Estados Unidos: si algo en tu vida es imperfecto, lo arreglas.
Incluso muchos antiamericanos querรญan formar parte de esto. El escritor P. J. OโRourke relata que un joven militante de Hezbolรก le detuvo a punta de pistola en el Lรญbano en 1984 ยซ[…] en uno de esos puntos de control, gritรกndome sobre Estados Unidos, el Gran Satanรกs, etcรฉteraโ. Cuando el muchacho terminรณ de gritar, le confesรณ a O’Rourke su ambiciรณn: estudiar odontologรญa en Dearborn, una ciudad del estado norteamericano de Mรญchigan.
En 1993, regresรฉ a los Estados Unidos para un esplรฉndido aรฑo en la universidad. Una noche, en una fiesta, me encontrรฉ con un britรกnico con acento londinense de clase trabajadora que habรญa encontrado su felicidad en Boston, una ciudad donde nadie querรญa encasillarle en una escala de clases. Estados Unidos era un lugar donde los europeos podรญan reinventarse. Comencรฉ a solicitar puestos de trabajo allรญ, pero mis planes descarrilaron cuando Financial Times me hizo una oferta. Decidรญ intentarlo, pensando que Estados Unidos siempre seguirรญa estando allรญ.
En 2004, me casรฉ con una estadounidense. A pesar de todas sus maravillosas cualidades, estoy seguro de que tambiรฉn le estaba transfiriendo mi amor por su paรญs. Cada vez que lo visitรกbamos, su abuelo me saludaba con un ยซยกBienvenido a Amรฉrica!ยป tal, que parecรญa que me estaba entregando personalmente toda la generosidad de su paรญs.
Al principio, mi esposa y yo asumimos que terminarรญamos viviendo en Estados Unidos. De vez en cuando me acosaba para que iniciara los trรกmites para conseguir una tarjeta de residencia. Poco a poco dejamos de tener esa conversaciรณn. La vida estadounidense estaba perdiendo atractivo. En 2009, conocรญ a un palestino en el Golfo, que โ volando en contradirecciรณn de la historia โ estaba enviando dinero a un familiar en California, que estaba en bancarrota por la crisis financiera.
Hoy en dรญa, el salario promedio por hora en Estados Unidos es aproximadamente el mismo que cuando me mudรฉ a Palo Alto. Veo a amigos estadounidenses pasarse la vida preocupรกndose por pagar atenciรณn mรฉdica, deudas universitarias, la educaciรณn universitaria de sus hijos y sus propias y esperadas jubilaciones. Me recuerdan al personaje de Amerika, que trabajaba haciendo recados de dรญa mientras estudiaba por la noche. Cuando le preguntan a quรฉ hora duerme, responde: ยซDormirรฉ cuando haya terminado mis estudios. Por ahora solo bebo cafรฉ negro.ยป
Las actitudes europeas hacia los estadounidenses estรกn pasando de la envidia a la compasiรณn. Esta primavera, aportantes irlandeses han recaudado millones de dรณlares para los nativos americanos Choctaw, devastados por el coronavirus. El regalo fue un agradecimiento: en 1847, los Choctaw habรญan enviado dinero a los irlandeses devastados por la hambruna de la patata.
La respuesta obvia a todo esto es que las personas que viven en nuestra antigua casa de Palo Alto โ que ahora vale $5,4 millones โ son mรกs ricas de lo que me puedo imaginar y trabajan para empresas que dan forma a mi existencia. Es cierto, aunque hay mรกs posibilidades de convertirse en multimillonario (si eso es lo que quieres) en Escandinavia que en Estados Unidos. Tambiรฉn es muy conocido que la movilidad social del norte de Europa es ahora mayor. Por otro lado, ahรญ estรกn los catastrรณficos incendios forestales de California โ que iluminaron los cielos de Palo Alto con su color naranja este verano.
Estados Unidos hoy me recuerda a Argentina. Cuando estuve en Buenos Aires en 2002 entrevistando a descendientes de italianos, espaรฑoles, britรกnicos y polacos durante otra crisis financiera, pensรฉ que sus abuelos se habรญan mudado al paรญs equivocado: en su lugar, debieron haber emigrado a Estados Unidos.
Un historiador argentino, sin embargo, me corrigiรณ: a principios del siglo pasado, esas personas tomaron la decisiรณn correcta. No sabรญan que lo mรกs valioso que dejarรญan atrรกs serรญan sus partidas de nacimiento europeas. En 2002, sus nietos formaban largas filas para obtener pasaportes en los consulados de Espaรฑa e Italia.
Del mismo modo, los pobres agricultores escandinavos que poblaron el medio oeste estadounidense tomaron una decisiรณn sensata. Pero sus familiares que se quedaron en casa terminaron viviendo mejor: Donald Trump quiere menos inmigrantes de ยซpaรญses de mierdaยป y mรกs ยซde lugares como Noruegaยป.
La pregunta es porquรฉ los noruegos querrรญan ir a Estados Unidos hoy, excepto como trabajadores humanitarios. Recรญprocamente, sospecho que muchos estadounidenses escandinavos, alemanes e irlandeses ahora estรกn buscando en el trastero la partida de nacimiento del abuelo.
Artรญculo de Simon Kuper
Publicado en Financial Times el jueves, 1 de octubre de 2020
Traducido al espaรฑol por Alejandro Tellerรญa-Torres
Enlace al artรญculo original en inglรฉs: https://www.ft.com/content/8ed8fca1-ce5f-4d41-bd0d-6c4622bdc987


