Violentas muertes de ancianos despiertan temores de asesino en serie suelto

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THE SUNDAY TIMES — DOMINGO, 23 DE AGOSTO DE 2020

Reporte confidencial identifica serie de violentos asesinatos que podrían ser obra de asesino en serie de parejas de ancianos vulnerables

Ese sábado a la hora de comer en la calle Gravel Lane de Wilmslow (Cheshire) era como cualquier otro. Los coches se aglomeraban frente a las tiendas, los niños jugaban a la pelota en el césped y, justo arriba de la calle, se podía ver la alta y amable figura de Howard Ainsworth aprovechando el clima primaveral para cortar su precioso césped.

Howard, jardinero jubilado de 79 años, adoraba a su esposa de 78 años Beatrice, simpática mujer bajita a quien todos llamaban Bea. Sin embargo, ese día Howard estaba un poco preocupado porque Bea había caído con un problema estomacal. Alrededor de las 2 de la tarde, su vecina Margaret Farror asomó la cabeza por encima de la cerca para preguntarle cómo se sentía Bea.

Esa fue la última vez que Howard y Bea fueron vistos con vida. Testificando ante la policía, Farror diría más tarde que Howard parecía perfectamente feliz y amigable mientras conversaba. No había nada en su comportamiento que sugiriera acciones indescriptibles unas horas después.

A la mañana siguiente, encontraron a Bea acostada boca arriba sobre la cama, tan solo vestida con su camisón y con un cuchillo en la frente. Le habían golpeado la cabeza varias veces con un martillo y una almohada le ocultaba la mitad del rostro. Howard yacía junto a ella en pijama, con la cabeza apoyada contra la cabecera y cubierta con una bolsa. La policía declaró que el caso era un suicidio por asesinato.

A pesar de lo extremo de la violencia, la investigación policial consideró como pieza clave de evidencia una nota de suicidio aparente y voluntariamente escrita por Howard, y el forense estuvo de acuerdo. El expediente del caso estaba cerrado, y la historia de la doble muerte en Gravel Lane debía haber terminado allí.

Pero tres años después hubo otro aparente suicidio por asesinato en Wilmslow. Había muchos puntos en común espeluznantes, además de la ubicación. Una estimada pareja de ancianos, Donald y Auriel Ward, fueron encontrados acostados en su cama bañados en sangre, vistiendo su ropa de dormir, en su casa en Lacey Grove.

Auriel había sido apaleada, apuñalada y asfixiada, y su cabeza estaba parcialmente cubierta con una almohada. Donald fue encontrado con un cuchillo clavado en su corazón. Después de una larga investigación policial, el forense descubrió que la mente de Donald debió de estar perturbada y que, como Howard, se había quitado la vida después de matar a la esposa que adoraba.

Las cuatro muertes de Wilmslow presentaban el mismo misterio. No se encontró ninguna razón para la severidad de la violencia, que no era característica de ninguno de los dos hombres y, hasta donde todos sabían, no había nada en sus relaciones de pareja — que se remontaban a décadas atrás — que sugiriera que sus vidas podrían terminar de una manera tan brutal.

La explicación oficial no tenía sentido para Christine Hurst — la oficial forense de Cheshire — quien revisó los archivos policiales sobre los casos en preparación para ambas investigaciones. Tal era su preocupación que puso los documentos del caso en un archivo conjunto caratulado “de especial interés”, y los guardó en su oficina de la comisaría de policía de Macclesfield — pasarían 17 años antes de que volvieran a aparecer.

¿Asesino en serie?

Hoy han surgido serias dudas sobre si ambos casos podrían haber sido dobles asesinatos, posiblemente por la misma persona. Además, se ha identificado otros tres suicidios por asesinato que involucran a parejas de ancianos en el noroeste, lo que aumenta la escalofriante posibilidad de que todavía pueda haber en las calles un asesino en serie. Este fin de semana, la policía de Cheshire ha iniciado una revisión del caso.

Los casos de Wilmslow siempre habían sentado incómodamente a Hurst, una de las oficiales forenses más experimentadas del país. Ha asesorado a comités parlamentarios y departamentos gubernamentales, y se le pidió que brindara pruebas sobre el papel de los oficiales forenses en la investigación del asesino en serie Harold Shipman en 2002.

Hurst ha hecho una descripción, en una declaración escrita, de cómo el caso Ainsworth “no sonaba bien” desde el momento en que el sobre que contenía las fotografías relacionadas con él llegó a su escritorio, en la primavera de 1996. Aunque estaba acostumbrada a ver imágenes perturbadoras debido a su trabajo, quedó “horrorizada por el nivel de violencia” que se había infligido a Bea.

Tres años después, en noviembre de 1999, Hurst se encontraba en la morgue de Macclesfield cuando entró el cuerpo de Auriel Ward, y al instante le sorprendió lo similares que eran sus heridas a las que había visto en las fotografías de Bea. De hecho, cuando revisó las fotografías del incidente, se sorprendió al ver cuánto se parecía a la escena de Gravel Lane.

Hurst notó la semejanza en la forma en que los cuerpos estaban colocados en la cama; un cuchillo quedó sobresaliendo en ambos incidentes; se colocó una almohada en el mismo ángulo sobre los rostros de las dos víctimas; y sus camisones habían quedado levantados por encima de los muslos, exponiéndolos de una manera indigna. Ella planteó estas preocupaciones a sus colegas de la policía que estaban investigando el caso de Ward, pero su queja no condujo a nada.

Entonces, cuando se jubiló en 2017, Hurst buscó el archivo que había causado su especial interés para pasárselo a su nueva y brillante sucesora, Stephanie Davies, una destacada y brillante nueva funcionaria que había recibido una felicitación del alto mando de la policía dos años antes y tenía una serie de reconocimientos por investigaciones, escenas del crimen y ciencia forense. “Tenía la esperanza de que algún día estos dos casos fueran examinados nuevamente,” escribió Hurst.

Eso es exactamente lo que hizo Davies. La nueva oficial forense de Cheshire, que es funcionaria policial, se lanzó a la tarea de volver a examinar los expedientes del asesinato en su tiempo libre y tomó cursos para comprender mejor la ciencia médica legal.

Una extensa investigación en todo el país arrojó dos casos más que se habían considerado suicidios por asesinato, y se ajustaban al mismo patrón. Sorprendentemente, ambos se produjeron a solo media hora en coche dentro del área del Gran Manchester. En todos los casos, la anciana había sido apuñalada en el cuello y había sufrido un “traumatismo contundente” en la cabeza después de haber sido aparentemente atacada por su marido, que luego se había quitado la vida.

Davies contó con la ayuda de Steve Chancellor — uno de los investigadores forenses policiales de “casos sin resolver” más importantes de Estados Unidos — quien ha dado conferencias y escrito sobre cómo los delincuentes intentan desviar a los detectives en las escenas del crimen. Luego de revisar los archivos de los casos Ainsworth y Ward, el investigador dijo que se pasaron por alto o malinterpretaron pistas vitales.

No estuvo de acuerdo con ninguno de los resultados de las dos investigaciones policiales, y arguyó que era probable que se tratara de asesinatos dobles. “Que el mismo delincuente esté involucrado en ambos casos es una posibilidad muy real,” concluyó, aunque advirtió que no podía estar 100% seguro.

A Chancellor le pareció extraordinario que hubiera habido casos similares en el área de Manchester. “No estoy seguro de las probabilidades estadísticas, pero tienen que ser astronómicas para que cuatro suicidios por homicidio similares involucren a parejas ancianas, dentro de sus hogares, utilizando golpes contundentes y profundos, y/o asfixia como causa de muerte.”

Además, en los cuatro casos, no había antecedentes de violencia doméstica dentro del matrimonio y, lo que es más importante, en cada caso las presuntas acciones del marido se describieron como fuera de lugar. Yo sugeriría una mirada detallada en todo el país en busca de víctimas adicionales u otros casos similares.”

Armada con la experta opinión de Chancellor, Davies compiló un informe de 179 páginas sobre cinco suicidios por asesinato — incluido un caso adicional que había descubierto en Cumbria — que, cree ella, son sorprendentemente similares.

Entregó el informe a la policía de Cheshire el mes pasado y pidió a la Agencia Nacional contra el Crimen y a Interpol que revisen con urgencia los casos en Gran Bretaña y Europa para determinar si hay más asesinatos relacionados. La policía de Cheshire está examinando la nueva información del informe y se ha puesto en contacto con las fuerzas de Greater Manchester y Cumbria con respecto a los otros casos.

Una fuente mostró a The Sunday Times copia de su informe, pero Davies declinó hacer comentarios cuando se le preguntó al respecto la semana pasada.

En su informe, escribió: “Ciertamente no es nuestra intención desacreditar los hallazgos de los investigadores originales que trabajaron en estos casos hace 20 años. El conocimiento que tienen los investigadores en estos días sobre la ciencia forense, el análisis de patrones de manchas de sangre y la interpretación de la escena del crimen es más avanzado.”

Sin embargo, Davies dijo que decidió plantear los casos a la policía debido a “la preocupación de que haya un delincuente pendiente, que aún podría estar cometiendo delitos y que debe ser puesto a disposición de la justicia.”

También fue una oportunidad para apoyar a las familias de las víctimas, quienes podrían creer erróneamente que “sus padres / abuelos / tíos / hermanos han asesinado y degradado violentamente a sus esposas. Y finalmente, esto es para asegurar que la verdad salga a la luz para las mismas víctimas fallecidas.”

En su opinión, la interpretación de las escenas del asesinato en las investigaciones originales podría estar equivocada y, en cambio, las muertes podrían ser obra de un asesino en serie que no ha sido capturado.

Acto extraño e ilegal

Era la época del Britpop, y Oasis — la banda británica “más grande que los Beatles” — había vendido todo el aforo para tocar ante una multitud que abarrotaba el estadio Maine Road de Manchester, el último fin de semana de abril de 1996, cuando las vidas de Howard y Bea Ainsworth terminaron.

Farror, la vecina de la pareja, vio que sus cortinas aún estaban cerradas a las 11.30 de la mañana del domingo 28 de abril, y llamó a la policía después de intentos fallidos de contactarlos. El espectáculo espantoso que recibió al agente Neal Miller se describe con calma en su informe, pero esta no era una escena de crimen habitual.

“Pude ver que había un cuerpo masculino y uno femenino, ambos de setenta y tantos, acostados boca arriba en una cama doble,” escribió Miller. “El femenino estaba en el lado izquierdo más cercano a la puerta y el masculino más cerca de la ventana del lado derecho. La mujer tenía una almohada empapada de sangre sobre su rostro y el mango de madera de un cuchillo de cocina sobresalía de ella. […] El masculino estaba acostado a su derecha con una gran bolsa de plástico transparente sobre su cabeza.”

Una lectura inicial de la escena sugirió que Howard había matado a su esposa y luego se había quitado la vida. Como pista evidente, había dejado una nota de suicidio en una libreta amarilla colocada en el aparador junto al lugar donde yacían los cuerpos de la pareja. Se suponía que Howard la había escrito a las 3.30 de la madrugada de ese día.

Con escritura casi ilegible, el autor daba detalles de la reciente enfermedad de Bea por un virus y describió la visita al médico anteriormente. Bea había “empezado a delirar” y, por lo tanto, quien redactó la nota dijo: “Parece como sí [sic] nuestras vidas hubieran acabado, le he dado algunas pastillas para dormir y tendré que estrangularla.”

Este extraordinario salto de lógica en la nota no tenía sentido por varias razones, entre ellas el hecho de que el médico declararía más tarde a la policía que Bea sufrió de un problema estomacal simple, que debía haber mejorado tras unos días, y que no tenía ninguna enfermedad de larga duración. Howard también parecía gozar de buena salud, por lo que no había ninguna razón para que la pareja se quitase la vida. Pero la teoría del suicidio fue más plausible cuando la policía encontró documentos en la casa de la pareja que mostraban que se habían unido a la Sociedad Escocesa de Eutanasia Voluntaria seis años antes. Se había dejado un letrero de “No resucitar” en la parte superior de las escaleras y la puerta trasera se había dejado abierta, ambas medidas que eran parte del plan de eutanasia de la pareja.

La nota de suicidio finalizaba con un tierno y resignado reconocimiento de que “hemos tenido una buena vida juntos”. Pero era difícil conciliar la calidez de este sentimiento con la evidencia de violencia extrema que la policía había presenciado en el dormitorio.

Bea había sido golpeada varias veces en la cabeza con un martillo y es posible que ya estuviera muerta cuando la apuñalaron en la frente con tanta fuerza que el cuchillo le atravesó el cráneo y se partió por la punta. Se encontraron dos martillos arriba, uno de los cuales había sido lavado en el lavabo del baño como si alguien hubiera intentado destruir la evidencia de ADN.

Esto no fue un crimen de compasión, como había sugerido la nota de suicidio. Christopher Docker, el secretario ejecutivo de la sociedad escocesa de eutanasia, le diría a la policía: “Nos preocupa que ninguna de nuestras publicaciones incluya un acto tan extraño e ilegal, y estamos conmocionados por ello.”

No hubo respeto por la víctima: el cuchillo quedó incrustado en su cabeza y el dobladillo de su camisón fue levantado hasta la cadera mientras yacía sin vida en la cama. Chancellor, el experto estadounidense en la escena del crimen, cree que estos son hechos cruciales que socavan la teoría de que se trataba simplemente de eutanasia. “Simplemente no veo al señor Ainsworth actuando de una manera tan violenta contra su esposa,” opinó. “Incluso si decidió terminar con sus vidas como era su plan final, los medios que usó son inconsistentes con su creencia de larga data de terminar con sus vidas con dignidad cuando estuvieran listos.”

“La vida de la señora Ainsworth no terminó con dignidad. Terminó con violencia y quedó en una situación vergonzosa o degradante. Esto está tan fuera de lugar que no puedo estar de acuerdo con el hallazgo policial inicial.”

Además, Chancellor cree que la escena bien pudo haber sido preparada para parecer un suicidio. Se dejó una botella de sedantes en una cómoda en el dormitorio con dos vasos, como si hubieran sido utilizados como parte de un suicidio planeado. Pero los informes de toxicología no encontraron que la pareja hubiera tomado las píldoras, y sus médicos confirmaron que nunca les habían recetado este sedante en particular.

También había poca sangre en el pijama o las manos de Howard, lo que sorprendía dada la gravedad del ataque. Parecía que se había asfixiado con una bolsa en la cabeza, pero el patólogo notó magulladuras en los labios que “no se explicaban” por esta forma de muerte. Estas lesiones pueden producirse cuando alguien es asfixiado por la fuerza por un atacante, señaló Chancellor.

El cuerpo de Howard también se encontró en una posición inusual. Estaba acostado, con la mano izquierda encajada debajo de la espalda y la cabeza medio apoyada contra la cabecera. “En mi opinión, esto es consistente con que un criminal le colocara en la cama después de muerto,” dijo Chancellor. Las rodillas de Bea también tenían magulladuras recientes, lo que sugiere que pudo haber sido arrastrada por el suelo hasta la cama. Y, lo más misterioso de todo, la sangre había salpicado la bolsa que cubría la cabeza de Howard, señaló el informe. En las fotografías, las gotas parecían ser coherentes con el patrón de manchas en las sábanas causadas por las lesiones por impacto sufridas por Bea. Si esto fuera así, Howard no podría haber sido el asesino, pues ya tendría que haber estado muerto cuando ella encontró su violento final.

El sospechoso descartado

John Ainsworth, único hijo de la pareja, iba a heredar la casa de Gravel Lane. Una nota con su nombre y dirección había sido dejada en el dormitorio pero, curiosamente, la policía no le contactó en su casa en Derby hasta las 2 am del lunes.

“Probablemente a causa del shock, me fui directamente a la cama y me quedé dormido,” dijo en su declaración policial. Por la mañana, fue a la organización benéfica de rehabilitación de drogas donde trabajaba y le dieron el día libre cuando contó a su jefe lo sucedido.

Fue John quien describió a la policía la creencia de su padre en la eutanasia, un hecho confirmado por un vecino. “Mi padre me había dicho que tan pronto como el deterioro de la salud redujera su calidad de vida, entrarían en un pacto suicida. Mi madre estuvo presente cuando se habló de esto,” dijo a la policía.

Cuando localizamos el mes pasado a John, de 66 años, en su nuevo hogar en un camino rural remoto cerca del pueblo de Tanyfron (Wrexham), todavía estaba resentido por la forma en que la policía había manejado el caso. “Los policías eran unos putos imbéciles. Pensaban que yo lo había hecho. Me lo hicieron pasar mal esos cerdos de mierda en Cheshire,” dijo John, quien siempre ha negado cualquier participación en la muerte de sus padres.

Padre divorciado de dos hijos, John dijo que “los policías eran tan ignorantes que vigilaban mi casa,” pero que no había estado cerca de la escena del crimen en el momento en que murieron sus padres. “Había ido a buscar a mi exesposa y a mis hijos para llevarlos a Londres para ver a su madre moribunda,” dijo, “así que mi suegra me defendió, y esa fue mi coartada. […] Me absolvieron.”

John dijo que pasó el fin de semana en la casa de un amigo en Hackney, este de Londres, y que estaba conduciendo de regreso por la M40 cuando vio un ave de rapiña, un milano real, “exactamente en el momento en que mi padre estaba asesinando a mi madre.”

Cree que su padre sufrió una “forma muy rápida de demencia” justo antes del ataque. “Entiendo que mi papá se volvió loco y su predilección por la eutanasia y su depresión maníaca se apoderó de él,” dijo. Su padre era un hombre complicado, explicó, que había quedado traumatizado por luchar contra los japoneses en Birmania durante la Segunda Guerra Mundial.

La policía rápidamente descartó a John como sospechoso, y dos meses después le permitieron proporcionar algunas de las pruebas clave de la letra de su padre, que se utilizó para confirmar que Howard había sido el autor de la nota de suicidio y otros documentos encontrados en el escena.

John explicó que la casa había sido misteriosamente despejada de papeleo antes de la muerte de sus padres. “En los dos años antes de su muerte, destruyó casi toda la documentación de la familia. Hay muy poca evidencia documental de algo. […] Eso nunca lo he entendido.”

Se mudó a la casa de sus padres durante unos años después de su muerte, y sabía que había habido muertes similares. Cuando nuestro reportero planteó la posibilidad de que hubiera un segundo caso relacionado en Wilmslow, dijo: “De hecho, hay un tercero.” Se refería a uno de los dos casos de Manchester.

“Leo los periódicos,” dijo. “En lo que a mí respecta, no existe un vínculo entre los tres. No se conocían. . . ¿El segundo era un imitador? Esa no es mi historia.”

Acto de compasión

Al final de una oscura calle bordeada de espesos arbustos de rododendros, la puerta de entrada estaba abierta a la imponente buhardilla de ladrillo rojo. El viernes 26 de noviembre de 1999, un vecino y su amigo se asomaron por la puerta abierta de la cocina para ver la mesa puesta para el desayuno a última hora de la tarde, pero nadie parecía estar en casa.

Fue difícil distinguir algo cuando los dos hombres subieron las escaleras y se aventuraron a entrar en el dormitorio principal con poca luz, hasta que encontraron el interruptor de la luz. Allí estaban los dueños de casa, los Ward, una pareja con 45 años de casados, acostados juntos en sábanas manchadas de sangre.

El marido y la mujer eran muy queridos en la próspera ciudad de Cheshire, conocida por sus famosos residentes como Sir Alex Ferguson, entonces entrenador del Manchester United. Mary Colborn-Roberts, peluquera que veía semanalmente a Auriel, de 68 años, recordó que su amiga “siempre vestía la ropa más bonita, generalmente ropa azul marino del M&S”. Describió a Donald, exquímico industrial de 73 años, como “el tipo que usa un sombrero de fieltro. Se quitaba el sombrero cuando pasabas por delante y sostenía la puerta para la gente. Un verdadero caballero.”

Apenas una semana antes, un albañil local llamado James Allen había estado terminando el nuevo camino de entrada a la casa de la pareja, cuando Donald apareció para darle charla. En su declaración policial, Allen recuerda que Auriel vio a Donald fuera y le trajo un abrigo para que no se resfriase. Más tarde, Auriel se reunió con los dos hombres en el camino de entrada, y Donald se quitó el abrigo y lo colocó suavemente sobre los hombros de su esposa.

Fue un pequeño acto de bondad entre una pareja aparentemente feliz, que sería difícil de conciliar con la versión oficial de los hechos que la policía creía que sucedieron alrededor del amanecer del martes 23 de noviembre. Se dice que el educado abuelo se volvió loco.

La vista que enfrentaron los investigadores policiales cuando los cuerpos fueron encontrados tres días después fue desgarradora. Un oficial todavía tiene recuerdos incómodos. “Puedo decir honestamente que nunca había visto nada como ese dormitorio. La violencia que se aplicó ahí fue extrema,” dijo. “Probablemente debería haberme retirado un tiempo para recibir asesoramiento y terapia. Pero en ese entonces no era realmente lo que se hacía. Simplemente sigues adelante.”

Auriel había sido apaleada en la cabeza, apuñalada en el cuello y asfixiada con una almohada. Donald tenía un gran corte en la garganta y un cuchillo atravesado por la caja torácica hasta el corazón. Ambos tenían heridas en las manos que inicialmente se pensó que habían sido sostenidas mientras se defendían de un atacante. Junto a la cama había pedazos rotos de una botella de agua caliente de cerámica, que parecía haber sido utilizada como arma tanto para golpear a Auriel en la cabeza como para apuñalarla con sus fragmentos rotos.

La policía inició una investigación por asesinato, pero el informe del patólogo al día siguiente arrojó dudas inmediatas sobre la idea de que hubiera un tercero involucrado. El informe encontró que Donald tenía cortes en las manos, la ingle, las muñecas y la parte superior del cuerpo. Si bien aceptó que algunas de estas lesiones podrían ser en defensa propia contra un atacante, el patólogo creía que habían sido autoinfligidas. Sin embargo, la evidencia no descartó un tercero como intruso.

Un detective retirado que trabajó en la investigación original dijo: “Fue tratado como una investigación de asesinato completa. Entrevistamos a posibles personas de interés que estaban en las cárceles y seguimos a personas que pudieron haber estado en la zona en ese momento.”

La investigación policial duró más de seis meses. El muestreo de ADN encontró que la sangre en la escena pertenecía a la pareja. Pero no está claro si se llevaron a cabo pruebas de ADN más amplias para encontrar otras pruebas de un intruso, y la policía concluyó que probablemente no hubo otro atacante involucrado. “Al final, el argumento más convincente que tuvimos fue que Donald mató a su esposa y se suicidó. ¿Es posible que haya estado involucrado un tercero? Si. Existe la posibilidad,” dijo el detective.

Pero hubo una serie de hechos que hicieron que los detectives se sintieran incómodos. Donald no tenía antecedentes conocidos de violencia y, sin embargo, el ataque a su esposa, si fue un asesinato, fue exagerado. Una revisión del caso por parte de la hoy desaparecida Facultad Nacional del Crimen (NCF) encontró que el ataque fue “expresivo” — lo que significa que se aplicó un nivel de violencia más allá del necesario para matarla, posiblemente por rabia extrema.

Entonces, la historia oficial es la siguiente: después de golpear a su esposa con la botella de agua caliente de cerámica y apuñalarla con los fragmentos rotos, se dice que Donald bajó las escaleras y recogió un cuchillo de cocina para atacarla más. Las dos arterias principales de su cuello fueron cortadas.

Su cuerpo se quedó con su camisón enganchado hasta la altura de la cadera, antes de que se doblara una manta sobre ella y se dejara una almohada parcialmente sobre su rostro.

Una de las pruebas clave que convencieron a la policía de que Donald llevó a cabo el ataque fue que su sangre se encontró en el cajón de los cuchillos de la cocina, así como en el interruptor de la luz y la llave de la puerta trasera. El equipo forense creía que la sangre había goteado directamente de uno de los cortes profundos en su mano derecha, que podrían haber sido heridas de defensa o, según la teoría policial, cortes por usar los fragmentos de cerámica como arma.

El informe de la NCF encontró que el descubrimiento de la sangre en la planta baja era una prueba convincente, pero reconoció que no excluía todos los escenarios posibles, como un “intento extremadamente hábil de ‘escenificar’ el crimen” para que pareciera que no hubo terceros involucrados.

Uno de los aspectos del caso que siguió confundiéndolos fue la forma en que murió Donald. Tenía tres puñaladas en el área de la ingle y cortes en la muñeca, pero parecía que le faltaba sangre. Sin embargo, se había derramado mucha sangre en su almohada desde el profundo corte en la parte delantera de su cuello, que le había cortado la vena yugular.

El informe de NCF agregó: “Tenemos preocupaciones y necesitamos explicaciones sobre el patrón de sangre en el rostro del señor Ward. La posición en la que se descubrió el cuerpo no coincide con este patrón de sangre. En nuestra opinión, el patrón de sangre debe haber aparecido cuando el rostro del señor Ward estuvo en contacto con un objeto muy manchado de sangre, y el señor Ward o el objeto se movió. ¿Cómo?”

Lo más desconcertante de todo es que Donald sufrió una hemorragia severa por el corte en la garganta, suficiente para terminar con su vida, y sin embargo, se cree que siguió lastimándose a sí mismo. ¿Habría tenido entonces la fuerza para clavar un cuchillo en su propio corazón?

Chancellor valoró esto como poco probable, especialmente porque no hubo marcas de vacilación, que normalmente se ven cuando alguien reúne el coraje para autoinfligirse un golpe final tan devastador a sí mismo. “Las lesiones en el cuello son tan graves que no puedo imaginar que luego se apuñalara tan profundamente,” señaló.

En el informe del NCF se expresaron dudas similares. “¿Es factible que alguien pueda autoinfligirse la lesión en el cuello del señor Ward y aún así poder apuñalarse a sí mismo en el corazón después? Hay que tener en cuenta que se cree que es diestro y tiene lesiones en la mano derecha.”

El golpe final causó solo una hemorragia leve, lo que sugiere que su corazón ya se había detenido. ¿Pudo esta herida haber sido obra de otra persona después de la muerte de Donald?

La pareja no dejó una nota de suicidio. A pesar de la nube que se proyectaba sobre el papel de Donald en las muertes, la familia de la pareja celebró un memorial conjunto, creyendo que todavía deberían estar juntos, como siempre lo habían estado. La familia es reacia a hablar sobre el incidente y dicen que han tratado de lograr “cerrar” el asunto en los últimos 20 años, a pesar de que les cuesta aceptar que Donald haya sido capaz de cometer tal crimen.

Sin embargo Colborn-Roberts, la amiga de Auriel, recordó: “Fui a su funeral. Recuerdo que uno de los hijos me dijo que nunca creyeron que su padre pudiera haberlo hecho. Tampoco pienso que nadie de su familia creyera eso. Dijo: ‘Papá era químico. Conocía todas las sustancias químicas bajo el sol que podrían haberlos matado a ambos pacíficamente. No creo que haya elegido ese camino.”


Williamson estaba en la playa durante fiasco de los exámenes

Gavin Williamson canceló una reunión crucial para irse de vacaciones la semana anterior al fiasco de los exámenes preprofesionales A-Levels, lo que generó nuevas preguntas sobre el futuro del conflictuado ministro de educación.

Tres funcionarios dicen que Williamson estuvo durante la semana que comenzó el 3 de agosto en la ciudad costera de Scarborough, donde tiene familia — cuando el caos de los exámenes ya comenzaba a desarrollarse en Escocia.

Durante ese tiempo no programó una reunión regular con líderes escolares para discutir el regreso de los niños a la escuela en septiembre — lo que Boris Johnson ha descrito como “prioridad nacional”.

Las vacaciones de Williamson terminaron días antes de que miles de adolescentes perdieran plazas universitarias porque el 13 de agosto se les dieron resultados incorrectos de sus A-Levels.

Su ausencia puede ayudar a explicar porqué el ministro de educación afirmó más tarde que no tenía conocimiento sobre los fallos en el algoritmo, los cuales llevaron a la degradación de los resultados.

Una fuente importante de Whitehall dijo que era “sorprendente” que el ministro de educación estuviera “desaparecido en acción” cuando él y el regulador académico Ofqual habían sido advertidos — al menos un mes antes — de los fallos en el sistema de moderación.

Fuentes gubernamentales de alto nivel dicen que Williamson entraba a las reuniones por Zoom con Johnson y otros ministros mientras estaba fuera. “Estaba trabajando, siendo justos con él,” dijo un funcionario de alto nivel. Sin embargo, un parlamentario conservador principal dijo: “Está bien irse de vacaciones siempre que se haya hecho los deberes primero. Tus colegas entienden si te atropella un autobús que viene a la vuelta de la esquina y te sorprende. Williamson fue atropellado por un autobús que todos veían venir a kilómetros de distancia.”

Con la fecha límite de septiembre para reabrir las escuelas, los directores médicos de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte y todos sus adjuntos publican hoy una carta abierta a los padres de familia explicando porqué los niños deben regresar a las aulas. En ella, dicen que:

● Las posibilidades de que los niños mueran a causa del Covid-19 son “excepcionalmente pequeñas” y las posibilidades de que necesiten permanecer en el hospital son “menos de una décima parte” de la tasa de la población general;
● La tasa de mortalidad para las personas de entre 5 y 14 años se estima en 14 por millón, “más baja que para la mayoría de las infecciones de gripe estacional”;
● La asistencia a la escuela es “muy importante” para los niños, y se enfrentan a la “certeza de sufrir un daño a largo plazo” a su “salud física y mental” si no van a la escuela;
● Existe “evidencia clara” de que la gran mayoría de niños y adolescentes que contraen Covid-19 “tienen síntomas leves o no tienen síntomas”;
● Los niños de escuela primaria tienen una “tasa de infección significativamente menor que los adultos” y la transmisión de niños a adultos es “relativamente rara” en comparación con la transmisión de adultos;
● Los maestros “no tienen un mayor riesgo de muerte” en comparación con otros trabajadores.

Los médicos concluyen que mantener las escuelas abiertas podría empujar el número de reproducción de contagios — conocida como tasa R — por encima de 1, un punto en el que la enfermedad se propaga rápidamente y que implicará “opciones sociales” para imponer otras restricciones.

En una entrevista transmitida hoy, Chris Whitty, director médico de Inglaterra, dijo que eso podría significar cerrar pubs y restaurantes si fueran la causa del aumento de contagios: “Si fueran tiendas en un área en particular, tendríamos que mirar tiendas; si es la hostelería, tendríamos que mirar la hostelería.”

La carta es un desafío a los sindicatos docentes, que continúan insistiendo en que no todas las escuelas serán seguras ante el Covid. Algunos directores proponen un sistema de rotaciones, en el que los alumnos estudian por internet desde casa la mitad del tiempo para permitir el distanciamiento social.

El fiasco de los exámenes ha provocado un juego de echarse la culpa. Las fuentes dicen que el primer ministro británico dijo a Sir Mark Sedwill, su ministro del Gabinete, que se deshaga de Jonathan Slater — asesor principal ejecutivo del ministerio de educación — hace dos semanas. Se espera que Slater reciba un finiquito de seis cifras.

Fuentes de alto nivel condenaron una “falta de control” en el ministerio y expresaron su preocupación de que solo uno de cada 100 empleados trabaje en las oficinas de Westminster en un momento de crisis. Susan Acland-Hood, directora ejecutiva del Servicio de Cortes y Tribunales, ha sido adscrita al Ministerio de Educación durante seis semanas para impulsar el equipo.

En un artículo para el sitio web de The Sunday Times, Williamson admite que el caos causado por la pandemia ha sido “una carga especialmente pesada para los hombros de los jóvenes. Reconozco particularmente el nivel de angustia y preocupación que el enfoque de proporcionar los resultados de los exámenes este año ha causado a algunos estudiantes. […] Hay muy fuertes sentimientos sobre esto.”

La divulgación de detalles sobre las vacaciones de Williamson contribuirá a la opinión de que su puesto está en peligro si las escuelas no regresan todas y a tiempo.

Williamson — padre de dos hijos — creció en Scarborough, el balneario familiar favorito de North Yorkshire. Su madre aún vive allí.

Kate Green, la ministra de educación de la oposición, dijo: “A pesar de haber recibido advertencias hace semanas sobre problemas en el sistema de calificaciones, Gavin Williamson tomó un descanso para sus vacaciones solo unos días antes de la fecha de entrega de los resultados, en lugar de quedarse en su escritorio haciendo todo lo posible por apoyar a los jóvenes.”

“Su repetida incompetencia significa que ha defraudado a cientos de miles de familias en todo el país, y minado la confianza de los padres en el Gobierno mientras familias y maestros se preparan para la reapertura de las escuelas el próximo mes.”

En los próximos días, las universidades intentarán ubicar a 15.000 de los 60.000 estudiantes cuyas calificaciones subieron como resultado del fiasco de los A-Levels. Muchos de ellos, entre los que se encuentra una gran cantidad de estudiantes de medicina, tendrán que posponer su ingreso hasta el próximo año porque los cursos están ya llenos.

Los directores de sexto año dicen que se han visto inundados por miles de alumnos más a los que se ha otorgado las mejores calificaciones del GCSE, y están teniendo que tratar de persuadir a algunos para que pasen a cursos de A-Levels menos populares.

Una universidad en Hampshire espera un grupo anual de 4.000, en comparación con los 3.000 del año pasado, y está convirtiendo oficinas en aulas para hacer espacio.

Los adolescentes que presentaron los exámenes BTec para obtener calificaciones profesionales todavía esperan sus resultados, porque ahora deben volver a calificarse de acuerdo con los A-Levels y GCSE.

El Ministerio de Educación declinó hacer comentarios sobre la agenda de Williamson.


John Lewis ya no conoce a su propio eslogan

La marca de grandes almacenes John Lewis va a deshacerse de su promesa de precios bajos Never knowingly undersold [“no conocemos a nadie que venda a menos”] para forjar una sociedad con el gigante rival de internet Amazon y entregar comida de su marca Waitrose.

El comercio minorista es difícil, pero nadie ha tenido un comienzo más difícil en el negocio que Dame Sharon White, la nueva consejera delegada de John Lewis y Waitrose. Después de que fuera nombrada directora de la sociedad el año pasado, sus dos ejecutivos más importantes, Paula Nickolds y Rob Collins — directores de John Lewis y Waitrose — renunciaron. Las ganancias anuales cayeron un 25% a £123 millones, dejando el sagrado — y famoso — bono que recibe su personal a su nivel más bajo en más de medio siglo: 2 por ciento.

Luego llegó el Covid-19, lo que obligó a White a anunciar el cierre de ocho de las cincuenta tiendas de John Lewis, incluyendo a su ‘buque insignia’ de £35 millones en la planta alta de la estación de Birmingham New Street — que el exjefe de John Lewis y ahora alcalde de West Midlands, Andy Street, abrió recientemente.


Desabróchense los cinturones: hemos aterrizado temprano gracias al bloqueo

Durante años, los aviones que volaban sobre la casa de Jon Proudlove en Cheshire lo hacían siguiendo estrictamente sus rutas, como manteniéndose en los carriles de una autopista. Si miraba al este hacia los Peninos volaban hacia el norte, y si miraba al oeste hacia Merseyside volaban hacia el sur.

Pero esto cambió durante la pandemia: Proudlove notó que los aviones estaban aprovechando los cielos vacíos para volar como los cuervos — tomando el camino más corto hacia su destino.

Proudlove, destacado funcionario de la firma de control de tráfico aéreo NATS, había detectado un fenómeno que ha reducido a 30 millas la duración promedio de los vuelos en Gran Bretaña y Europa. Los ahorros suman unas 30.000 millas diarias — lo que equivale a casi 30 vuelos de Londres a Málaga.

El cambio llevó a NATS a analizar las rutas populares más de cerca. Encontró que los vuelos en el viaje de 357 millas de Edimburgo a Gatwick son 34.5 millas más cortos que antes de la pandemia, ahorrando 304 kg o 12% de combustible. La ruta Frankfurt-Heathrow de 410 millas se había recortado a solo 380, mientras que las 482 millas de Bruselas a Dublín se habían recortado entre 70 y 80 millas.

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