Hay 19 tipos de sonrisa, pero solo 6 son de felicidad

Foto: Alexandre Dulaunoy / Flickr / CC BY 2.0

Nuestras sonrisas no son tan simples como parecen. Hay mil formas diferentes de sonreír, y algunas de ellas pueden ocultar sentimientos menos felices

Mientras revoloteaban sobre sus víctimas con los cuchillos preparados, Carney Landis les dio sus instrucciones. La decapitación estaba lista para empezar.

Era 1924 y este estudiante de posgrado particularmente sádico había atraído a una variedad de compañeros, profesores y pacientes de psicología — e incluso a un niño de 13 años — a una habitación en la Universidad de Minnesota.

Para que sus sujetos de estudio se sintieran cómodos Landis había reformado el lugar ocultando equipo de laboratorio, cubriendo ventanas con telas y colgando cuadros en las paredes.

Landis quería saber si ciertas experiencias, como el dolor o la conmoción, siempre provocaban las mismas expresiones faciales. Y estaba dispuesto a infligirlos a otros para descubrirlo. Sentó a sus sujetos en cómodas sillas, luego pintó líneas en sus rostros para poder ver mejor sus muecas.

En el transcurso de tres horas, fueron fotografiados repetidamente mientras eran sometidos a una serie de bromas extrañas y desagradables, como colocar fuegos artificiales debajo de sus asientos y electrocutarles las manos mientras palpaban en un cubo lleno de viscosas ranas. El clímax llegó cuando trajo una rata blanca viva en una bandeja, y les pidió que le cortaran la cabeza con un cuchillo de carnicero.

Los métodos de Landis eran ciertamente poco éticos, pero quizás la revelación más inquietante fue lo que descubrió. Incluso durante las tareas más violentas, la reacción más común no fue llorar o enfurecerse: fue sonreír. Escribió: “En lo que respecta a este experimento, no he encontrado otra expresión que la de una sonrisa, la cual estuvo presente en suficientes fotografías como para considerarla típica de cualquiera de las situaciones [a las que se expuso a los sujetos].”

¿Qué está pasando?

Avancemos rápidamente hasta 2017 y este simple reflejo nos encanta. Hoy en día se nos recuerda “sonreír” en todas partes, sea en impresos en los imanes de la nevera, anuncios, libros de autoayuda y, en ocasiones, extraños bien intencionados nos lanzan una sonrisa. Aquellos que sonríen a menudo son considerados más agradables, competentes, accesibles, amigables y atractivos.

Pero la verdad es mucho más siniestra. De 19 tipos diferentes de sonrisas, solo 6 ocurren cuando lo estamos pasando bien. El resto sucede cuando sentimos dolor, vergüenza, incomodidad, horror o incluso miseria. Una sonrisa puede significar desprecio, enfado o incredulidad, que estamos mintiendo, o que hemos perdido.

Si bien es cierto que las sonrisas genuinas y felices existen como recompensa cuando hemos hecho algo útil para nuestra supervivencia, las sonrisas de “no disfrute” se refieren menos a lo que se siente por dentro y más a lo que se quiere señalar a los demás. “Algunos evolucionan para indicar que son cooperativos y no amenazantes; otros han evolucionado para hacerle saber a la gente, sin agredirla, que ellos son superiores a nosotros en una interacción puntual,” dice Paula Niedenthal, psicóloga de la Universidad de Wisconsin-Madison.

Muchos son gestos corteses que demuestran que seguimos las reglas, pero también pueden ser una forma eficaz de manipular a los demás o distraerlos de nuestros verdaderos sentimientos. La mayoría de las veces, el símbolo universal de la felicidad se usa como una máscara.

La sonrisa de Duchenne

Los primeros pasos para descifrar esta polivalente expresión estuvieron a cargo de Duchenne de Boulogne, neurólogo francés del siglo XIX. Era hijo de un pirata filibustero y tenía la afición de electrocutar a sus pacientes; entre otras cosas, fue el padre fundador de la electroterapia. Duchenne estaba interesado en la mecánica de las expresiones faciales, y entre ellas la forma en que los músculos de la cara se contraen para producir una sonrisa. Decidió que la mejor manera de estudiarla era colocar electrodos en el rostro de una persona, y hacer que sus músculos se pusieran en acción.

El procedimiento era tan doloroso que inicialmente Duchenne solo pudo experimentar con cabezas de revolucionarios recién cortadas. Pero un día, por casualidad, conoció a un hombre de mediana edad con insensibilidad facial en un hospital de París: había encontrado a su conejillo de indias humano.

En total, Duchenne descubrió 60 expresiones faciales — cada una con su propio grupo dedicado de músculos faciales — que describió en una espantosa serie de fotografías.

En la más famosa de ellas, el infortunado hombre tiene el rostro contorsionado en una amplia sonrisa desdentada. Parece ilusamente feliz, con las mejillas levantadas y patas de gallo alrededor de los ojos.

Desde entonces, este tipo de expresión es conocido como sonrisa “sentida” o “Duchenne”, y se asocia con sentimientos genuinos de placer y felicidad vertiginosa. La sonrisa es larga e intensa, aunque implica la contracción de solo dos músculos. Primero, el cigomático mayor — que reside en la mejilla — tira de las comisuras de la boca; luego el orbicularis oculi, que rodea el ojo, levanta las mejillas y da lugar a los característicos “ojos parpadeantes”.

Pero hay una particularidad: “En algunos lugares del mundo, las percepciones de sonrisa genuina no parecen depender en absoluto de la presencia de las patas de gallo,” dice Niedenthal.

Esto nos lleva a una pregunta que ha desconcertado a los científicos durante más de un siglo, desde Darwin hasta Freud: ¿son nuestras expresiones instintivas y universales, o dependen de la cultura en la que nacemos?

Sonrisas de miedo

Una pista proviene de nuestros primos más cercanos. De hecho, aunque la sonrisa sentida puede parecer la más natural hoy en día, algunos científicos piensan que puede haber evolucionado de una expresión con un significado muy diferente. “Cuando los chimpancés bonobo sienten miedo, muestran sus dientes y retraen sus labios para que sus encías queden expuestas,” indica Zanna Clay, primatóloga de la Universidad de Birmingham.

La ‘exhibición silenciosa de los dientes descubiertos’ se parece mucho a la sonrisa que suele aparecer en las tarjetas de cumpleaños, pero en los chimpancés es un gesto de sumisión, utilizado por individuos de bajo estatus para apaciguar a los miembros más dominantes del grupo. La científica menciona un popular vídeo de un chimpancé robando una piedra. “Se escapa con ella para luego estallar en una amplia y descarada sonrisa. Parece que se está riendo, pero probablemente esté nervioso,” dice Clay.

Además — aunque no solemos asociar la sonrisa entre humanos con el miedo — hay indicios tentadores de que la sonrisa de miedo puede haberse mantenido en el tiempo. En los bebés, una amplia sonrisa puede significar que están felices o angustiados, y estudios demuestran que los hombres tienden a sonreír más cuando se encuentran en un estatus superior.

Darwin creía que las expresiones faciales son instintivas, habiendo evolucionado originalmente para cumplir funciones prácticas. Por ejemplo, levantar las cejas con sorpresa aumenta el campo de visión, lo que puede haber ayudado a nuestros antepasados ​​a escapar de emboscadas de los depredadores. En los chimpancés, las sonrisas de miedo muestran los dientes fuertemente apretados, como para mostrar que no están a punto de morder.

Para demostrar su punto, Darwin improvisó un experimento en su casa de Downe, un pueblo tranquilo en las afueras de Londres. Eligió 11 de las fotografías de Duchenne — ambos se escribían regularmente — y pidió a 20 de sus invitados que adivinaran qué emoción representaban. Coincidieron unánimemente en la felicidad, el miedo, la tristeza y la sorpresa, entre otros, y Darwin concluyó que estas expresiones son universales.

Sonrisa miserable

Ahora sabemos que sonreír es instintivo, pero no solo cuando estamos felices. La “sonrisa miserable” es una expresión estoica de sonreír y aguantar, leve y asimétrica, que muestra profunda tristeza en la parte superior del rostro.

Desde el estudio clásico de Landis, los psicólogos han encontrado esta sonrisa reveladora en los rostros de quienes ven películas sangrientas (filmados con cámara oculta) y entre pacientes que sufren depresión. Es una forma socialmente aceptable de demostrar que se está triste o con dolor.

Durante décadas, los psicólogos creyeron que este paradójico hábito podía aprenderse, pero en 2009 un equipo de la Universidad Estatal de San Francisco descubrió asombrosas pruebas de que está programado en nuestro ADN.

Al analizar más de 4.800 fotografías de atletas compitiendo en las olimpíadas de Atenas, encontraron que los que perdían las finales — obteniendo solamente medallas de plata — tendían a producir estas sonrisas, incluso quienes habían sido ciegos de nacimiento.

La sonrisa ‘apagada’

No, no es tan fácil. Lo que pasa es que la sonrisa genuina y feliz no siempre ha sido tan apreciada como lo es hoy. En la Europa del siglo XVII, mostrar las emociones abiertamente se consideraba muy inapropiado; era un hecho establecido que solo los pobres sonreían mostrando los dientes. La ‘revolución de la sonrisa’ finalmente comenzó más de un siglo después, en París, impulsada por los nobles franceses que se lo pasaban de maravilla en las recién inauguradas cafeterías, que volvieron a poner de moda a la sonrisa.

En muchas partes del mundo, este cambio en la etiqueta social nunca ocurrió. Un proverbio ruso común se traduce como “sonreír sin razón es signo de estupidez”, mientras que un folleto del gobierno sobre trabajar en Noruega advierte que uno habrá estado en el país demasiado tiempo si asume que un extraño que les sonríe es un borracho, un loco… o un estadounidense.

La sonrisa apagada es un intento de controlar una sonrisa automática de felicidad, y existe porque algunos músculos — como los que controlan la boca — son más fáciles de reprimir que otros. “Las mejillas se levantarán, pero tiramos de las comisuras de la boca hacia abajo o presionamos los labios para juntarlos, como quien dice ‘no debo sonreír’,” dice Zara Ambadar, psicóloga cognitiva de la Universidad de Pittsburgh.

Se cree que esto explica porqué en Japón — donde la etiqueta dicta que las emociones se reprimen en público — hay un mayor énfasis en sonreír con los ojos. Curiosamente, esta discrepancia se extiende incluso a la forma en que uno escribe con teclas la sonrisa: puede ser verticalmente, con una boca plana y ojos entrecerrados, a diferencia de los dos puntos como ojos y una curva como una sonrisa. Esto ^ _ ^ en lugar de esto 🙂 .

La necesidad de sonreír puede ser universal pero cuándo es aceptable, y cómo se interpreta, depende de las reglas culturales. Como de costumbre, Darwin dio en el clavo y señaló que, aunque las expresiones faciales han sido programadas por la evolución, “una vez adquiridas, tales movimientos pueden emplearse voluntaria y conscientemente como medio de comunicación”.

Sonrisa avergonzada

La “sonrisa avergonzada” es idéntica — aunque se distingue de la anterior fácilmente, si no por las mejillas enrojecidas, por la situación incómoda que generalmente la precede. Otro signo revelador es mover la cabeza hacia abajo y ligeramente hacia la izquierda.

Sonrisa calificativa

Desde el cajero que le ve a uno haciendo cola durante 10 minutos, para decirle al final dulcemente que ‘las devoluciones solo se hacen en la cuarta planta’, hasta la recepcionista que explica que la próxima cita disponible es dentro de un año, el ‘la sonrisa calificativa’ tiene como objetivo suavizar las malas noticias.

Comienza de forma abrupta levantando ligeramente el labio inferior, y ocasionalmente viene acompañada de una ligera inclinación de la cabeza hacia abajo y hacia los lados. Es quizás la más irritante de todas las sonrisas, ya que a menudo es una trampa para el receptor — quien se ve obligado a devolver la sonrisa.

Esta es muy parecida a otras tres sonrisas que tienen usos bastante diferentes: la sonrisa conformista, a menudo desplegada torpemente por el receptor de la sonrisa anterior para mostrar que no puede, pero que desearía montar un escándalo; la sonrisa de respuesta coordinada, que muestra acuerdo, y la sonrisa de respuesta del oyente, que suele venir acompañada de un murmullo ‘mm-hmm’ de aceptación y una tranquilizadora venia media con la cabeza, mostrando que uno todavía presta atención.

Sonrisa de desprecio

Otra expresión difícil de digerir es el rictus de absoluto desprecio. La sonrisa de desprecio indica una mezcla de desagrado y resentimiento, y es desconcertantemente similar a una sonrisa de verdadero deleite — excepto por las comisuras de los labios que parecen tensos.

En la cultura de Asia Oriental — que se centra menos en las necesidades del individuo — las emociones negativas a menudo se ocultan con una sonrisa para mantener la armonía social. “En Indonesia, de donde soy yo, la ira generalmente se considera socialmente inaceptable. En cambio, las personas tienden a sonreír mucho cuando están enojadas,” dice Ambadar.

Sonrisa de placer-enfado

Schadenfreude — palabra traducida del alemán aproximadamente como “alegría maliciosa” — es la emoción de descubrir que el otro ha caído en desgracia.

Por razones obvias, es mejor que esta emoción deliciosamente maliciosa se oculte a ojos de los demás. Pero no siempre es fácil. “Si uno está solo y no se siente observado, por lo general expresa sentimientos de schadenfreude con las llamadas risas de Duchenne y sonrisas de Duchenne,” dice Jennifer Hofmann, psicóloga de la Universidad de Zúrich.

Cuando sabemos que alguien está mirando, lo mejor que podemos hacer es colocar una expresión de enojo en la parte superior — lo que resulta en una sonrisa fija y espeluznante, que se ha convertido en elemento básico para los villanos de las películas de terror.

Esta expresión combinada es solo una de varias sonrisas con una fórmula similar, como agradable-desprecio, agradable-miedo y agradable-tristeza.

Sonrisa falsa

Gracias a Duchenne, se acepta ampliamente que una sonrisa falsa puede detectarse fácilmente con solo mirar a los ojos; él creía que el músculo del ojo solo se contrae cuando realmente nos reímos en serio. No obstante, ahora se sabe que la mayoría de las personas, alrededor del 71%, pueden contraer voluntariamente la parte interna del orbicular de los ojos.

“No hay nada intrínsecamente genuino en las sonrisas de Duchenne, y la evidencia muestra que son fáciles de falsificar,” dice Alan Fridlund, psicólogo de la Universidad de California – Santa Bárbara. “La mayoría de nosotros tenemos mucha práctica. Dado que las sonrisas suelen acompañar a los saludos, estamos acostumbrados a mentir cortésmente sobre nuestros verdaderos sentimientos, diciendo que estamos bien incluso cuando no lo estamos, a través de estas expresiones fijas en nuestros rostros.”

Y desde congraciarse con la sala de un tribunal, hasta llevarse bien con los antipáticos padres de la pareja, e incluso para conseguir un mejor trabajo, hay muchas buenas razones para hacerlo. Las sonrisas son tan, pero tan atractivas para todos, que un estudio de 2013 encontró que simplemente fingir una en el espejo de una tienda hace que sea más probable que uno termine por comprar lo que se está probando.

De hecho — cuando se les juzga únicamente por sus expresiones faciales — las personas son juzgadas como más sinceras aún cuando están mintiendo. Como dijo una vez el humorista estadounidense Kin Hubbard: “Si no has visto a tu esposa sonreírle a un policía de tráfico, nunca has visto su sonrisa más bonita.”

¿Cómo saber si una sonrisa es auténtica?

Cuando nos encontramos con un rostro en la vida cotidiana, nuestro cerebro compara instantáneamente su geometría con miles de otras que hemos conocido, para ver con qué expresión encaja. A continuación, pensamos en el contexto: ¿esperamos una sonrisa? Finalmente, imitar automáticamente sus gestos faciales nos permite probar cómo nos sentimos con la persona.

Niedenthal advierte que no se debe poner demasiado énfasis en el contexto. “Es importante no asumir que una sonrisa que ves en una situación que no te haría sonreír es falsa. ¡Para esa persona, puede ser genuina en determinada cultura o situación!”

Tranquilo, que hay otros signos reveladores. Cuando se usan deliberadamente, las sonrisas pueden ser demasiado cortas o largas, o pueden ocurrir demasiado antes o demasiado después de la frase que deberían acompañar. Una sonrisa convincente es más que entrecerrar los ojos y mostrar un piano de dientes brillantes.

Sonrisa coqueta

Ninguna lista estaría completa sin una referencia a la sonrisa más famosa de todas, la de Mona Lisa. A pesar de todo su misterio, categorizar esta vana sonrisa es fácil. Los psicólogos saben desde hace décadas que la obra maestra de Leonardo da Vinci captura un acto de flirteo; su musa sentada despliega una sonrisa radiante mientras mira a la distancia, luego se arriesga a mirar de reojo, y sonríe “avergonzada” antes de voltear y mirar rápidamente hacia otro lado.

Por eso, la próxima vez que alguien te diga que “sonrías”, recuerda: tú decides cuál es la sonrisa que eliges.



Artículo de Zaria Gorvett
Publicado en BBC Future el 
lunes, 10 de abril de 2017

Traducido al español por Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artículo original en inglés: https://www.bbc.com/future/article/20170407-why-all-smiles-are-not-the-same

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