Contagio y revolución: ¿qué podemos aprender de la ‘gripe española’ de 1918?

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Ciudadanos de Dublin (California), tomando precauciones para protegerse durante la ‘gripe española’ de 1918. Foto: Dublin Heritage Museum

 

Desde réplicas económicas hasta disturbios sociales, discriminación racial y desigualdad en el cuidado de la salud, Otto English predice que una pandemia transformará este siglo como otra transformó el siglo pasado

Una epidemia llega en medio de la agitación política mundial. Se pierden oportunidades y la escala de la crisis se malinterpreta. A medida que el virus se propaga algunos países lo gestionan mejor que otros. Las medidas de distanciamiento social se aplican y luego se ignoran. La tensión racial se derrama en violencia y se pierden y se hacen fortunas tanto económicas como políticas.

¿Suena familiar? Mientras navegamos por el doloroso derrotero del COVID-19, ¿qué podemos aprender de la pandemia de 1918-1920 y sus consecuencias sobre lo que sucederá después?

La segunda ola

En agosto de 1918, cuando la I Guerra Mundial aceleraba hacia su sangriento desenlace, un virus mortal atravesaba a los ejércitos aliados en el Frente Occidental. Esta fue la segunda ola de la erróneamente llamada “gripe española” que había ido y venido, casi imperceptiblemente, a principios de la primavera de ese mismo año.

Esta vez, no tuvo contemplaciones. Desde abril, el virus H1N1 había mutado en algo mucho más nocivo y, en las trincheras de Europa — donde las agotadas tropas tenían debilitado el sistema inmunológico y una aguda falta de saneamiento — encontró su caldo de cultivo perfecto. Pronto cayeron soldados ante el virus, cargado con toda la ferocidad asesina de una ametralladora.

La enfermedad apareció tan abruptamente y con tal salvajismo que, en la atmósfera supersticiosa de las trincheras, corrieron rumores de que se trataba de un arma química alemana secreta, confeccionada por cerebritos prusianos en sus laboratorios de Berlín.

A medida que aumentaba la tasa de infección, el Alto Mando Aliado se dio cuenta de que había que hacer algo y, por lo tanto, tomó la fatídica decisión de retirar a las tropas más enfermas de la línea del frente y mandarlas de regreso en tren. Esa elección indudablemente exacerbó la propagación de la enfermedad y, en cuestión de semanas, el virus arrasó Europa Occidental, incluso a través de las líneas enemigas.

Este desastre significó un desastre para el Ejército Imperial Alemán, y la gran cantidad de bajas adicionales que sufrió como consecuencia sin duda aceleró el final de la guerra. A principios de otoño, todo acabó y el 11 de noviembre de 1918 se declaró el Armisticio.

A medida que la enfermedad se expandía por el mundo a lo largo de 1918, muchos países tardaron en responder o apreciar la magnitud de la crisis. A las naciones neutrales les fue un poco mejor que a las beligerantes y por eso, al menos, reconocieron lo que estaba sucediendo. De esa forma España — que se apresuró a informar de la magnitud de la emergencia — fue culpada erróneamente de algo que no generó.

Aquellos lugares que actuaron de manera más rápida y agresiva se recuperaron mucho más rápidamente que aquellos que no lo hicieron, tanto económicamente como en términos de contención.

En muchos países, se introdujeron el distanciamiento social y otras medidas que nos son familiares en 2020. Pubs, teatros, escuelas e iglesias de Gran Bretaña estaban cerrados. Las bodas y funerales fueron cancelados. Los ataúdes, apilados. Se aconsejó a las personas que se quedaran en casa y se les dijo que usaran mascarillas de gasa si se aventuraban a salir; en Estados Unidos se llegó a imponer su uso como requisito legal para hacerlo.

A falta de memes y redes sociales, se escribió una rima estadounidense para enviar el mensaje: “Obey the laws and wear the gauze, protect your jaws from septic paws” [Obedece las leyes y usa la gasa, protege tu jeta de las pozas sépticas].

Algunos decidieron que preferirían arriesgarse con la enfermedad que tener que soportar la indignidad de los recubrimientos faciales. En San Francisco, en octubre de 1918, los libertarios establecieron una “liga anti-mascarillas” y comenzaron a protestar contra las medidas diseñadas para salvar sus vidas y detener la propagación.

Con millones contagiados, la enfermedad impactó todo.

Réplicas económicas y disturbios sociales

Las economías occidentales ya afectadas por el efecto devastador de la guerra comenzaron a tambalearse. En Estados Unidos muchas industrias, como la minería, la hostelería y el entretenimiento, simplemente se detuvieron. Hubo un cierto aumento salarial, pero esto terminó siendo un detalle significativamente menor comparado con el enorme coste económico y social de una pandemia que estaba causando muertes en todo el mundo.

Nadie fue inmune. En Gran Bretaña, el primer ministro David Lloyd-George fue víctima de la enfermedad durante un viaje a Manchester y fue hospitalizado. La severidad de su condición — que casi le costó la vida — fue silenciada por una prensa complaciente.

En Estados Unidos, un empresario nacido en Alemania llamado Frederick Trump contrajo el virus y murió. La fuerte póliza de seguro de vida de $4.000 sirvió posteriormente para sacar lustre a una fortuna familiar que un día terminaría en las manos de su nieto Donald.

La mortalidad fue mayor entre los pobres. Las comunidades minoritarias negras y étnicas en los Estados Unidos sufrieron tasas de mortalidad significativamente más altas que sus compatriotas blancos.

Desde 1900, muchos estadounidenses negros se habían mudado del sur para escapar de las leyes racistas de Jim Crow, pero ciudades como Nueva York seguían siendo segregacionistas e institucionalmente racistas. Incluso antes del golpe de la pandemia, los afroamericanos estaban acosados ​​por barreras de oportunidades, atención médica y educación aparentemente insuperables. La falta casi completa de recursos de sanidad pública disponibles significaba que aquellos que enfermaron tuvieron mucho más probabilidades de morir.

Así las cosas, la discriminación persistió. En Baltimore, los trabajadores de saneamiento blancos se negaban a cavar tumbas para las víctimas negras de la pandemia. 350.000 soldados afroamericanos habían luchado en la fuerza expedicionaria de los Estados Unidos en la I Guerra Mundial, para volver a una nación que había borrado su contribución de la prensa, libros de texto y cualquier muestra pública de gratitud. Simplemente se esperaba que los exmilitares negros volvieran a hacer fila y reconocieran su lugar en la sociedad. Sin embargo, a medida que su comunidad sufría desproporcionadamente, muchos soldados negros habían tenido suficiente y comenzaron a levantar sus voces de descontento.

Cuando la tercera ola pasó a principios del verano de julio de 1919 Eugene Williams, un chico de 17 años, decidió nadar en el lago Michigan con sus amigos. Remando una pequeña balsa, sin darse cuenta, se metió en el área “solo para blancos” del lugar, con lo cual un hombre blanco en la orilla comenzó a arrojarle piedras. El niño fue golpeado o entró en pánico, fue arrastrado por el agua y se ahogó.

A medida que los espectadores en la costa vecina intentaban que un policía arrestara al culpable, las cosas se intensificaron. En vez del arresto, uno de los que protestaron ante el oficial fue apresado por violación del orden y encerrado, mientras que el hombre blanco salió libre. La ira justificada se extendió por la comunidad negra y pronto la gente salió a las calles.

En el primer día de manifestaciones, 27 manifestantes fueron golpeados violentamente, siete apuñalados y cuatro recibieron disparos. En las siguientes semanas de violencia, cientos más fueron atacados y asesinados, siendo la gran mayoría de las víctimas hombres negros.

Este fue solo uno de los muchos incidentes en el notorio y frenético verano rojo de 1919 — tres meses en los que se vio al menos a 43 afroamericanos linchados y hasta mil personas asesinadas.

Fue solo cuando la violencia llegó a Washington, D.C. que el presidente Woodrow Wilson — recuperándose del virus — trató de “restablecer el orden”.

Desigualdades raciales y sanitarias

El desafortunado apartheid estadounidense no fue un fenómeno nuevo, por supuesto, y los disturbios no fueron reportados directamente debido a la pandemia. Pero las desigualdades en el cuidado de la salud y el saneamiento que el virus había dejado al descubierto, y el enorme número de muertes que sufrió la comunidad negra estadounidense como resultado, sin duda jugaron un papel en las manifestaciones y las represalias de violencia de los blancos en 1919. Esos eventos generaron directamente la formación del Movimiento de Derechos Civiles.

Sin embargo, no fue solo en Estados Unidos que el virus provocó un cambio social.

En la India — donde los gobernantes británicos habían fallado constantemente en la implementación de servicios básicos de salud pública o saneamiento adecuados — fallecieron al menos 15 millones de personas. A medida que aumentaban las muertes, el Teniente Gobernador ignoró el recuento de cadáveres y, en cambio, se jactó en su correspondencia oficial de que había “alcanzado doscientos disparos en lo que va de la temporada”.

India había perdido unos 75.000 soldados en la I Guerra Mundial y ahora sufría los peores excesos de la pandemia. Cuando se impuso la mano dura de la Ley Rowlatt para tratar de detener la creciente ola de disidencia, el hecho precipitó una agitación política masiva que terminó en la sangrienta masacre en Amritsar el 13 de abril de 1919, un hecho que indudablemente cambió el curso de la historia del país.

Para la primavera de 1920, ya habían pasado los peores estragos de la pandemia. Había matado a más del doble de personas que la Gran Guerra pero — como se había cobrado desproporcionadamente más vidas de pobres y desposeídos — fue rápidamente olvidada.

A diferencia de las luchas de guerra y revolución, no había ningún glamour en el virus. Los medios no estaban interesados, no se escribió poesía, no se hicieron películas, no se compusieron conciertos para violonchelo, no se colocaron vidrieras en capillas conmemorativas.

La niebla del final de la I Guerra Mundial y la confluencia de los hechos de la pandemia significaron que muchos de los que habían caído con la enfermedad fueran contados como víctimas de guerra, y la diferencia entre los dos hechos era borrosa.

Sin embargo, recordada o no, una vez que terminó, los efectos posteriores de la pandemia resonaron en todo el siglo pasado.

Los hedonistas Roaring Twenties — o ‘los locos años veinte’, caracterizados por un espíritu de vivir el momento porque no importa nada (para aquellos que podían permitírselo), fue ciertamente una reacción a la cabalgata de la muerte que había ocurrido en la década antes de la guerra y de la pandemia.

La pérdida de vidas casi inimaginable de ambos hechos traumatizó a una generación y provocó un clamor creciente por una mejor sanidad pública y, finalmente, la creación de sistemas universales de salud.

A pesar de esto, quizás el legado más duradero del virus fue el fuego que encendió.

En India, los británicos no habían podido proteger a la población y millones habían muerto. Su autoridad moral se había perdido, y con ello la supuesta justificación de su presencia en el país. En Estados Unidos, el Movimiento de Derechos Civiles se había despertado. En todo el mundo, gran parte del viejo orden se estaba desmoronando y se había instalado un nuevo fatalismo obsesionado con la muerte y la agonía.

Dando forma al siglo

Nuestro futuro inmediato no está escrito, pero una cosa es segura: estos meses darán forma a la próxima década, si no al siglo.

El COVID-19 se ha cobrado vidas, ha sacudido certezas, ha destruido economías y ha dejado a millones de personas sin empleo. Todo eso resonará en los próximos años.

Más que eso, el virus ha expuesto una crisis en la atención y la injusticia de las dificultades de los sistemas de salud que han sufrido un número desproporcionado de muertes en comunidades minoritarias negras y étnicas. En Gran Bretaña, Brasil y Estados Unidos, líderes populistas de mano dura han derribado el telón y se ha revelado su ineptitud. La muerte de George Floyd y las protestas de Black Lives Matter tendrán consecuencias en el largo plazo. El derribo de estatuas, el desafío a las ortodoxias y las demandas de igualdad y cambio se sienten como una revolución.

A diferencia de la “gripe española”, el COVID-19 no caerá en el olvido a corto plazo. No hay una Gran Guerra que la eclipse. Esta es una tragedia colectiva compartida y ninguno de nosotros ha quedado intacto. Ha demostrado que nuestra seguridad y salud nunca pueden darse por hechas, y que las promesas vacías de mequetrefes populistas no significan nada cuando una pandemia colapsa los cementerios.

Desafortunadamente, si el siglo XX nos ha enseñado algo, es que en el caldo de cultivo del miedo y la incertidumbre siempre habrán fuerzas malignas que buscarán aprovecharse y promover su propia agenda. A medida que avancemos hacia la luz, debemos esforzarnos por no repetir los errores del pasado.


 

Artículo original de Otto English

Publicado por Byline Times el viernes, 12 de junio de 2020

Traducción al español de Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artículo original (en inglés): https://bylinetimes.com/2020/06/12/infection-revolution-what-can-we-learn-from-the-1918-spanish-flu/

Diez años de cárcel por profanar monumentos de guerra

THE SUNDAY TELEGRAPH — DOMINGO, 14 DE JUNIO DE 2020

Parlamentarios exigen a ministros tomar medidas enérgicas luego de otro día de violentos incidentes por todo Reino Unido

Los manifestantes que profanen monumentos de guerra podrían enfrentar sentencias de prisión de hasta diez años, según planes que están considerando los ministros después de que el Cenotafio y una estatua de Winston Churchill fueran blindados en madera para protegerlos de protestas violentas.

Se entiende que Robert Buckland, el ministro de Justicia, la ministra del interior Priti Patel y la fiscal general Suella Braverman están discutiendo propuestas para facilitar los procesos legales a las personas que dañan monumentos a los caídos durante las guerras. Las medidas en discusión también podrían cubrir algunas de las estatuas que actualmente atacan los activistas.

Las conversaciones comenzaron después de que 125 parlamentarios conservadores respaldaran los planes para un nuevo proyecto de ley de profanación de monumentos de guerra, que será presentado en la Cámara de los Comunes el 23 de junio por dos legisladores, Jonathan Gullis, parlamentario por Stoke-on-Trent Norte y James Sunderland, exoficial del ejército.

Los ministros enfrentan a una creciente revuelta de los parlamentarios sobre su manejo de las protestas, que han dejado al Cenotafio pintarrajeado con grafitis, mientras que manifestantes derribaron una estatua en Bristol y apuntan a muchos otros monumentos en todo el país. En otro incidente la semana pasada, se descubrió que se arrojó pintura en dos monumentos en Lincolnshire.

El sábado, se lanzaron proyectiles contra la policía antidisturbios que intentaba alejar a los activistas de extrema derecha de Whitehall, luego de que su autoproclamada misión de proteger el Cenotafio y la estatua de Churchill se tradujera en horas de violencia.

Un hombre vinculado a un grupo de extrema derecha fue visto orinando junto al monumento al oficial de policía Keith Palmer, quien murió protegiendo al Parlamento de un ataque terrorista en 2017.

La ministra del interior Priti Patel condenó el incidente. “Hemos visto algunas escenas vergonzosas hoy, incluida la profanación del memorial del oficial Keith Palmer en el Parlamento, en Westminster Square, y francamente es vergonzoso; eso es absolutamente terrible y vergonzoso,” dijo.

La Policía Metropolitana (Met) anunció que habían iniciado una investigación sobre el incidente.

En una carta a The Sunday Telegraph, media docena de parlamentarios del grupo legislativo Blue Collar Conservative dicen que el Gobierno “debe enviar una señal clara de que el Partido Conservador es el orgulloso partido de la ley y el orden … y que no se mantendrá sin hacer nada mientras nuestra democracia es desmantelada de esta manera”. El grupo — que incluye a Esther McVey, exministra de trabajo y pensiones — pide “sanciones específicas contra aquellos que desfiguran y dañan memoriales y monumentos de guerra”.

Por separado, escribiendo en este periódico, Ben Bradley, asesor del Gobierno y parlamentario por Mansfield, advierte: “Mis electores esperan que un Gobierno conservador sea firme defensor de nuestra cultura y nuestra herencia, y tome una postura tan firme sobre la ley y orden hoy como lo hizo en las elecciones. De lo contrario, no sería un Gobierno conservador en absoluto.”

Gullis y Sunderland se reunirán esta semana con Patel, Braverman y Buckland para discutir sus propuestas y tomar medidas enérgicas contra quienes atacan monumentos, problema que causa una inquietud particular entre los legisladores.

“En la actualidad no existe una ley específica para proteger estos importantes monumentos y, a menos que se hagan daños por valor de £5.000, es increíblemente difícil de enjuiciar,” dijo Gullis.

Una opción que los ministros consideran como una forma de abordar el problema es enmendar la Ley de Daños Criminales para hacer que los monumentos de guerra estén exentos del articulado legal por el que los daños menores a £5.000 deben ser tratados como delitos menores, y manejados por un tribunal de primera instancia.

La medida haría que los que destrocen esos monumentos enfrenten un juicio en la corte de la Corona, y una posible sentencia de prisión de hasta diez años.

Johnson dijo que “la violencia racista no tiene lugar en nuestras calles”, publicando este mensaje en Twitter:

“La delincuencia racista no tiene cabida en nuestras calles. Cualquiera que ataque a la policía será reprimido con toda la fuerza de la ley. Estas marchas y protestas han sido subvertidas por la violencia y violan las directrices actuales. El racismo no tiene lugar en Reino Unido y debemos trabajar juntos para que eso sea una realidad.”

Por su parte, Patel condenó la “agresión inaceptable” de activistas de extrema derecha que atacaron a la policía con palos y botellas durante la violencia prolongada y sostenida en Westminster.

Seis policías fueron atendidos por lesiones menores sufridas durante los enfrentamientos y al menos 27 personas fueron atendidas en total, con 11 personas — todos transeúntes — trasladadas al hospital.

Patel describió la violencia — que se produjo cuando los manifestantes de Black Lives Matter se reunieron, mayormente en protesta pacífica en otras partes del país — como “completamente inaceptable”.

El viernes, parlamentarios conservadores comenzaron a acusar en privado a la policía y a los ministros de “entregar” las calles después de que el Cenotafio y la estatua de Churchill fueran blindadas antes de las manifestaciones de hoy. La plataforma activista Black Lives Matter luego suspendió una marcha prevista en Hyde Park, ante la amenaza de que grupos de extrema derecha se interpusieran en su protesta.

Johnson advirtió en su mensaje de Twitter que derribar estatuas “sería mentir sobre nuestra historia, condenando el “intolerable secuestro” de protestas pacíficas por el asesinato de George Floyd en Minneapolis el 26 de mayo.

En su carta pública a este periódico McVey — junto a parlamentarios como Lee Anderson y Brendan Clark-Smith — declara: “Las recientes protestas han sido dominadas por criminales que están socavando la lucha muy digna contra el racismo al quemar banderas, destrozar sagrados monumentos de guerra y atacar a agentes de policía, y esto ha causado indignación en nuestros electorados recién ganados en las Midlands y el Norte de Inglaterra.”

“Es hora de que estos subversivos sean arrestados, procesados y castigados de acuerdo con la ley.”

Mientras tanto, Bim Afolami, parlamentario conservador por Harpenden, describió la campaña para derribar estatuas Topple The Racists [“Derribar a los racistas”] como “locura”.

“Hay que juzgar a las personas en gran medida según los estándares de su tiempo. La historia es mixta y desordenada, y tiene matices,” dijo.

“Dentro de 200 años, estoy bastante seguro de que las sociedades futuras considerarán las cosas que hacemos hoy — como conducir automóviles que contaminan la atmósfera — como completamente desmesuradas.”

Nusrat Ghani, exministro de transportes, agregó: “El racismo es una enfermedad de nuestra sociedad y causa un dolor individual inmenso, como sabemos muy bien aquellos que lo hemos experimentado.”

“Pero desfigurar estatuas y pintarrajear el Cenotafio no hace nada para apoyar a minorías negras y étnicas.”

“Demasiados de estos manifestantes están más interesados en hacer declaraciones y señalar virtudes que avanzar en soluciones prácticas que mejoren la vida de las personas de comunidades como aquella de donde vengo yo. Ojalá la energía de los manifestantes violentos se dirija a cambiar el racismo sistémico que niega la igualdad de acceso a oportunidades, seguridad y estabilidad.”

Ken Marsh, presidente de la Federación de Policía Metropolitana de Londres, hizo un llamado a poner a los manifestantes violentos tras las rejas. “Una facción de personas solo tenía una intención: ser violentos e ilegales. No vinieron aquí para proteger las estatuas, es solo desorden e ingobernabilidad.”

“Sugiero severas penas privativas de libertad en relación con asaltos a la policía y otros, daños criminales y orinar junto a monumentos a héroes,” dijo.

Agregó que “el hombre que orinó junto al memorial de Keith Palmer es asqueroso.”

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Escuelas primarias abrirán completamente con límite de 15 alumnos

Los ministros se prepara a anunciar que las escuelas primarias podrán aceptar niños de todos los grupos etarios si pueden mantener un límite de 15 alumnos en el tamaño de las clases, luego de una reacción negativa importante respecto a la reapertura de las aulas.

Se espera que el Gobierno establezca que las escuelas primarias pueden permitir que los alumnos de todas las edades regresen antes del verano, si tienen el espacio y la cantidad de maestros necesarios para mantener a los niños en grupos de menos de 16 alumnos.

La revelación se produce cuando un pronóstico ha anticipado que el cierre de escuelas podría costar a la economía alrededor de £22.000 millones, ya que también se supo que el canciller Rishi Sunak ha advertido a sus colegas que el cierre también impediría la movilidad social.

Por separado, Boris Johnson ha dicho que un programa planificado de “recuperación” para aquellos alumnos que han perdido clases tendría “una importancia enorme […] no solo para fines económicos, sino por justicia social.”

Se dice que al Primer Ministro le preocupa que a muchos alumnos les haya faltado apoyo en el hogar y acceso al aprendizaje a distancia.

Las escuelas secundarias pueden abrir desde el lunes para los Años 10 y 12, pero solo una cuarta parte de los alumnos podrán estar en el edificio en cualquier momento.

Las tiendas no esenciales también podrán volver a abrir a partir del lunes. A las escuelas primarias se les permitió volver a abrir a los alumnos de parvulario, Año 1 y Año 6 a partir del 1 de junio.

Los sindicatos docentes han advertido que permitir que más alumnos ingresen a muchas escuelas sería “logísticamente imposible”, sobre la base de que un límite de 15 alumnos en el tamaño de las clases necesitaría “duplicar el número de aulas y maestros” si todos los alumnos de primaria regresaran antes del verano, como indicaba el plan original de Johnson.

Sin embargo, las instituciones escolares de pago han estado presionando a los ministros para que les otorguen un mayor grado de autonomía sobre la cantidad de alumnos que pueden recibir en el aula antes de las vacaciones de verano.

A falta de permiso del Gobierno, las escuelas privadas advirtieron que no podían asegurar la cobertura del seguro que necesitaban para reabrir.

Una fuente de Downing Street dijo: “El primer ministro es muy consciente de que el cierre de escuelas tendrá un impacto desproporcionado en todos los niños, y particularmente en los niños más desfavorecidos y vulnerables.”

“[El primer ministro] Aprecia las consecuencias de los meses fuera de la escuela, y este paquete se centrará en proporcionar un apoyo extendido para los niños.”

En un artículo para la página web de The Telegraph, el economista independiente Julian Jessop afirma que la producción nacional probablemente haya recibido un golpe de alrededor de £11.000 millones como resultado del cierre de las escuelas desde marzo, mientras que las ganancias perdidas de los padres podrían ascender a otros £11.000 millones.

“A largo plazo, cada niño afectado podría contribuir un 2% menos a la economía,” agregó.

La semana pasada, en un discurso ante el grupo de parlamentarios conservadores 1922 Committee, Sunak expresó su preocupación por el impacto de los cierres en la movilidad social, afirmando: “Creo que cada día que nuestros hijos no está en la escuela es una tragedia” […] Lo digo porque creo apasionadamente en el poder de la educación como la mejor herramienta que tenemos para brindar oportunidades para todos.”

Mientras tanto, un empresario y piloto de carreras que desafía la legalidad del confinamiento de Covid-19 ha acusado a Johnson de usar un “juego de palabras” para cerrar las escuelas.

Simon Dolan quiere forzar una revisión judicial de las medidas de emergencia del Gobierno que, según él, han impuesto “severas restricciones a la libertad personal”.

Dolan dice que su equipo legal recibió una respuesta de 58 páginas el viernes por la noche en la que los abogados del Gobierno le dijeron que “no tiene sentido decir que las escuelas estaban cerradas, porque permanecieron abiertas para los trabajadores clave y solo hubo una ‘solicitud’ de que las escuelas deberían cerrar sus puertas a otros alumnos.”

A pesar de ello, Dolan dijo: “El primer ministro y [Gavin] Williamson anunciaron el 18 de marzo que ‘las escuelas permanecerán cerradas hasta nuevo aviso’.”

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Pruebas en el lugar de trabajo podrían diagnosticar Covid-19 en 2 horas

Las pruebas de coronavirus se llevarán a cabo en lugares de trabajo en todo el país, según planes del Gobierno, para superar significativamente el objetivo de pruebas actual de 200.000 al día y ayudar a las empresas a reabrir.

Funcionarios de los ministerios de comercio y sanidad están en conversaciones con empresas sobre empleadores que realizan “pruebas a la fuerza laboral”, incluso con dispositivos que diagnostican Covid-19 dentro de las dos horas sin necesidad de enviar las muestras a un laboratorio.

Las propuestas forman parte de los planes del Gobierno para aumentar rápidamente las pruebas en todo el país, en un intento de expandir el programa de pruebas y rastreo del NHS y evitar un peligroso segundo pico de contagio. Los ministros también están discutiendo cómo las empresas también podrían realizar pruebas de anticuerpos que podrían dar lugar a que los empleados reciban “pasaportes de inmunidad” una vez que haya una evidencia más sólida sobre el vínculo entre los anticuerpos y la inmunidad contra el recontagio.

Los planes también incluyen la implementación de pruebas de saliva, el análisis de hasta 25 muestras a la vez en laboratorios utilizando un método ya adoptado en Alemania y China, y la introducción de pruebas de anticuerpos con punción digital para su uso en el hogar.

Los planes se revelaron en una sesión informativa del sector industrial la semana pasada, en la que altos funcionarios dijeron que se preparaban para lanzar una serie de nuevas pruebas para el otoño para ayudar a aumentar la capacidad de pruebas del país más allá del objetivo de 200.000 por día establecido por Boris Johnson el mes pasado.

Hoy, el ministro de sanidad Matt Hancock confirmará el impulso de las pruebas en el lugar de trabajo en un artículo para The Sunday Telegraph: “Soy un gran defensor del ingenio de las empresas de la nación. Queremos que las empresas sean parte de la solución para que nuestro país se recupere.”

“Entonces, a medida que tomemos estos pasos cuidadosos para que nuestra economía vuelva a funcionar, continuaremos trabajando estrechamente con las empresas para que puedan mantener a su personal y al público lo más seguros posible, incluida la forma en que podrían ejecutar sus propios programas de pruebas, si así lo desean.”

En la sesión informativa de la semana pasada, Lindsey Hughes, subdirectora de NHS Inglaterra, dijo que las pruebas en “punto de atención” — dos de las cuales ya se están utilizando en el servicio de salud — brindaron una “oportunidad realmente emocionante” para ayudar a las empresas a reabrir y proteger a sus empleados del Covid-19.

Una de las pruebas — el dispositivo Samba II — ha reducido el tiempo promedio para obtener un resultado mejor que el de las 26 horas actuales, el cual está en uso en Addenbrooke’s, un hospital universitario de Cambridge. Puede producir resultados en tan solo 90 minutos, usando muestras de nariz y garganta de pacientes.

Hughes dijo que las pruebas de punto de atención permitieron un “triaje rápido” en hospitales y también permitirían pruebas rápidas en consultorios de GP, dentistas, residencias, prisiones y posiblemente en aeropuertos y puertos.

“Estamos realmente interesados en permitir que los empleadores participen en el programa de pruebas. Sabemos que varias empresas están estudiando sus propios enfoques para reabrir sus negocios y proteger a su fuerza laboral. Las pruebas de punto de atención son realmente una emocionante oportunidad para permitirles hacer eso y adoptar un enfoque descentralizado,” agregó.

“Para empezar, el BEIS [Ministerio de Comercio, Energía y Estrategia Industrial] y DHSC [Ministerio de Sanidad y Asistencia Social] están comenzando a colaborar con los empleadores, como parte del ‘programa de trabajo más seguro’ del BEIS”.

En abril, Amazon anunció que estaba construyendo su propio laboratorio para evaluar al personal utilizando el hisopado tradicional. Altos funcionarios de la empresa también dijeron que ahora estaban “bastante seguros” de que las pruebas de saliva estaban “al menos a la par”, si no eran más sensibles, que el hisopado de nariz y garganta utilizado actualmente para determinar si alguien está infectado con coronavirus.

Las pruebas — que implican escupir en un tubo esputo, una mezcla de saliva y mucosidad — se proporcionarán inicialmente a aquellos que prefieran este proceso a usar un hisopo.

“Pero si vemos que desde el punto de vista logístico, esta nueva prueba es mucho más fácil de hacer, entonces podremos comenzar a pasar del muestreo de hisopos a más muestras de saliva,” dijo un alto funcionario a representantes de la industria. Las pruebas de saliva también se consideran ventajosas en medio de una escasez global de los materiales necesarios para llevar a cabo pruebas de hisopado.

Los planes del Gobierno para aumentar el nivel actual de pruebas también incluyen “agrupar” muestras en laboratorios, lo que significa que, por ejemplo, 25 muestras podrían combinarse y procesarse como una sola prueba. Si la prueba es negativa, las 25 muestras podrían “descartarse”, y si es positiva, cada una sería examinada individualmente.

Las autoridades creen que el método podría usarse a medida que la prevalencia de Covid-19 disminuye en Reino Unido, ya que la semana pasada se inició un proceso de validación de cuatro semanas. Una presentación publicada por el Gobierno decía: “La agrupación de muestras se está aplicando internacionalmente en las pruebas de Covid-19, notablemente en Alemania, China, Singapur, Malasia e Israel.”