Brian May: ‘Casi me lanzo por el puente de Hammersmith — no podía más’

Crédito de imagen: Raph_PH / flickr (CC BY 2.0)

Guitarra de Queen habla sobre los momentos más difíciles de su vida y porqué resucita su primer álbum en solitario, así como el mal manejo de la pandemia del gobierno de Johnson, Eric Clapton y los anti-vacunas, y porqué Bezos y Branson acaban de realizar viajes inútiles y de derroche

Una experiencia cercana a la muerte hace que algunas personas se sientan más concentradas, serenas, bendecidas con nuevas perspectivas y agradecidas por cualquier segunda oportunidad. Sin embargo, el roce de Brian May con la muerte parece haber encendido un fuego: si va a quedarse en este plano terrenal, es hora de comenzar a exigir mejoras.

“Creo que hubiera sido imposible que alguien tomara peores decisiones que Boris [Johnson]”, dice el mítico guitarrista de Queen, un gigante amable metido en el selecto grupo de los músicos más exitosos de la historia — con unos 300 millones de álbumes vendidos y muchas de las tonadas más conocidas de la música popular a su nombre — y que ha vivido durante casi 50 años en la cúspide del presumido rock británico. Hablando en voz baja desde una pantalla artificial de Zoom con decorado de cortinas rojas, como un adivino en la clandestinidad comunicándose por internet, May se ve tranquilo y sereno como siempre pero su pecho, aún recuperándose de una cirugía cardíaca del año pasado, está latiendo con furia.

“En todo momento ha hecho demasiado poco y demasiado tarde,” dice. “Cientos, si no miles, de nuestros familiares han muerto por los malos consejos que dio y las malas decisiones que tomó Boris, junto a Hancock y otros más. Si hubiera tomado la precaución de cerrar las fronteras un año antes, no habríamos estado en la situación en la que estuvimos. Y el hecho de que esté dispuesto a intercambiar vidas abiertamente por ganancias económicas, me parece horrible… completamente inaceptable. Es como si Winston Churchill saliera a su jardín, viera los aviones y los cadáveres, y dijera: “¡Uy, están cayendo bombas!” ¡Las bombas están cayendo! ¿Nos escondemos? No, mejor pensemos en las consecuencias económicas de esconderse…”

En un discurso de apertura casi tántrico, May deja salir un año de frustraciones reprimidas. Ha criticado la incompetente respuesta del gobierno a la pandemia, a los medios de comunicación por “presionar al gobierno para que haga menos de lo que realmente estaba haciendo… estoy convencido de que eso cuesta vidas,” a Trump (“es más fácil proclamar mentiras que verdades en estos días”) y al pensamiento de masas en las redes sociales: “Tener un punto de vista y expresarlo se ha vuelto imposible. Si no se está de acuerdo con la visión de la manada, uno será vilipendiado y expulsado del grupo. Lo encuentro muy, muy poco saludable”. Antes de terminar de ventilar su enfado vuelve la mirada hacia su larga pesadilla con los cazadores de tejones, pero guarda sus púas más fulminantes para los terraplanistas y los negacionistas del viaje del hombre a la luna. “Realmente no quiero que la gente difunda información errónea, especialmente si mis hijos o mis nietos la reciben,” arguye. “¿Que filmaron todo [el alunizaje de 1969] en un estudio de Hollywood? Y una mierda.”

May se ha estado recuperando durante demasiado tiempo el año pasado como para dejar que sus preocupaciones lleguen hasta el punto de ebullición. En mayo pasado, después de un período de confinamiento dedicado a la jardinería, sufrió un ataque cardíaco que requirió cirugía urgente. “Fue muy extraño. Me senté y de repente tuve una opresión en el pecho y un poco de dolor y sentía raros los brazos. Me faltaba el aire un poco y pensé, ¿esto es un ataque al corazón? Es una sensación muy extraña. Tuve mucha suerte porque no fue un episodio lo suficientemente largo como para afectar mis órganos o mi cerebro de manera crítica. Al día siguiente estaba en Harefield [Hospital, en las afueras de Londres] para que me colocaran tres stents. Me sentí sometido a una intensa presión para someterme a un bypass múltiple; es muy bizarro estar acostado en tu cama preguntándote si te vas a morir mañana — como si alguien viniera a tratar de venderte enciclopedias.”

Como resultado, se ha convertido en un “adicto a la salud y al ejercicio”, y se somete a un entrenamiento de rehabilitación cardíaca: “Se ha convertido en un placer, porque realmente hace algo por la cabeza y también por el cuerpo.” En su tiempo de inactividad también reflexionó sobre su vida y su carrera, y cuando quiso escuchar el álbum con que debutó en solitario en 1992, Back to the Light, descubrió que el disco no estaba disponible en internet para poder agregarlo a las historias que durante el confinamiento publicaba por Instagram.

“Pensé que era hora de hacer algo al respecto,” dice, “porque estoy muy orgulloso de esos álbumes que hice al salir de la gran nave nodriza de Queen, en el momento en que Queen se desmoronaba porque Freddie [Mercury] se estaba muriendo. Fue un momento muy, muy difícil. Así que pensé: ‘Anda, vamos a publicarlos’.”

Aunque es un complemento apropiadamente dramático, grandilocuente y parecido al Queen de Innuendo, el álbum de 1991 de la banda, Back to the Light — relanzado esta semana como el primero de una exuberante serie de reediciones titulada Brian May Gold — fue un álbum profundamente personal para May, escrito posiblemente en el punto más débil de su vida. Después de dos décadas de abrumadora fama y éxito con Queen, perder a Mercury por el sida en 1991 agravó el dolor por la pérdida de su propio padre, por cáncer, ese mismo año. Y mientras su banda se venía abajo, sucedía lo mismo con su primer matrimonio.

“Si hubiera tomado la precaución de cerrar las fronteras un año antes, no habríamos estado en la situación en la que estuvimos.”

“Estaba sobre todo muy, muy deprimido y abatido, perdiendo demasiadas cosas de golpe,” dice sobre su forma de pensar mientras grababa el álbum. “Perder a Freddie, quizás perder el grupo, perder mi matrimonio [May se había separado de su primera esposa Christine Mullen en 1988], quizás perder a mis hijos, perder a mi padre, era un catálogo de pérdidas demasiado grande. Las cosas con mis hijos fueron las peores, y sentía que los estaba perdiendo. Los divorcios normalmente se vuelven muy complicados y con mucho resentimiento, y muchas veces luchaba para poder ver a mis hijos. Ese era para mí un lugar en el que no quería estar y no podía manejarlo… algo realmente se derrumbó en mi cerebro. No sabía qué era la depresión en esos días; Realmente no le había dado un nombre y nunca busqué ayuda profesional. Simplemente me revolcaba en aquel lodo, y traté de resolverlo a mi manera. Terminé queriéndome lanzar con el coche del puente de Hammersmith muchas veces. No podía más.”

Además de su nueva relación con la actriz de la telenovela británica EastEnders Anita Dobson — con quien se casó el año 2000 — fue la música lo que mantuvo a flote a May. Escribir Back to the Light “en la sala de billar que me había hecho en el campo” fue un proceso terapéutico, produciendo un récord impregnado de soledad, pérdida, dolor y confusión. Too Much Love Will Kill You — un sentimiento morbosamente irónico cuando Mercury lo cantó en una versión incluida en el álbum final de Queen de 1995, Made in Heaven — parecía un pedido de ayuda escrito en la cima del olimpo del rock: “Soy solo la sombra del hombre que solía ser / Y parece que no hay salida para mí.” A lo largo del disco May abordó sus demonios internos, desde las peleas y cacerolas voladoras del blues de ruptura Love Token hasta I’m Scared, donde suelta a gritos un torrente brutal de miedos e inseguridades sobre la muerte, el suicidio, el divorcio, el fracaso, el síndrome del impostor, su apariencia física y, sin que venga a cuento, del actor [famoso por sus papeles de villano en películas de Hollywood] Steven Berkoff.

“Me puse a hurgar en todo lo que había allí,” explica May, “tratando de limpiar toda la suciedad y todo el miedo mirándolo y riéndome un poco, pero realmente enfrentándolo. Estaba tratando de ser honesto, porque se me ocurrió que esa era la forma en que se comparten los sentimientos.”

Roger Taylor, Freddie Mercury y Brian May en Trident Studios, Soho (Londres), durante la grabación del álbum Sheer Heart Attack (1974). Crédito: Mick Rock (CC BY 2.0)

También hay mucha nostalgia y aislamiento en el álbum. ¿Estaba incómodo en el plácido albergue de la fama? “No me sentía incómodo pero supongo que me tomó un tiempo adaptarme, y protegí ferozmente lo que consideraba que era mi yo real. No quería convertirme en una estrella, no quería convertirme en una estrella de rock estándar y todavía no quiero. Una parte de mí está muy arraigada en la ciencia, la astronomía y la astrofísica [May combinó estudios avanzados de astrofísica con la música durante los primeros años de Queen, y finalmente completó su doctorado en 2007]. Una parte de mí está muy involucrada en el bienestar y los derechos de los animales. Tengo una gran pasión por la estereoscopía así que de ninguna manera voy a ser tu estrella de rock promedio, pero ser así me encanta.”

En cuyo caso, May debe haber sido una presencia incómoda en las famosas fiestas de exceso y lascivia por las que era conocida Queen. “Estaba un poco aquí y allá. Me divertía mucho y me gustaba ir de fiesta pero me había casado justo antes de que pasara todo aquello, así que constantemente trataba de quedarme en el molde y ser un marido decente. No fue fácil, y no me sumergí en todas esas cosas como probablemente lo hizo la mayoría de la gente. No disfruto la sensación de que la habitación me dé vueltas. Tampoco tomé drogas, pero eso se remonta ya a mucho tiempo atrás — es una especie de compromiso conmigo mismo. Quería mantenerme sereno; quería saber qué era lo real. Siempre me ha inspirado la música y quería que siguiera siendo así. No quería mirar atrás en unos años y ver todo hecho un revoltijo, sin saber qué cosa era música y qué cosa era drogas.”

La canción más conmovedora del disco es Nothing but blue, un tributo a Mercury escrito el día antes de su muerte. ¿May tuvo una premonición? “Sí. Sabíamos que estaba cerca y, sin embargo, lo negábamos entre nosotros mismos. Pensamos que no, Freddie no se puede marchar, esto no puede suceder, algo tiene que rescatar a Freddie, después de todo él es Freddie. ¿Cómo se le puede impedir que se aleje de nosotros? [El álbum] Trata de lo que en ese momento pensé que iba a sentir cuando él se fuera. Lo que realmente sentí es otra larga historia. Creo que tanto Roger como yo diremos que le lloramos demasiado durante mucho tiempo. Y por ese duelo excesivo terminamos casi negando la existencia de nuestro pasado. No hablábamos de Queen, y eso duró un buen tiempo.”

Lanzar un álbum en solitario se convirtió en una parte clave del proceso de recuperación de May. “Me consideraba un músico — pienso que antes me había resistido a creérmelo; pensaba que tal vez era un científico que estaba teniendo una pequeña aventura musical, pero en esa época pensaba: ‘En realidad, esto es lo que hago’. Y luego pienso: ‘Bueno, ya no tengo a Freddie ni tengo a Queen’, porque acordamos no volver a tocar más después de que Freddie se fuera, o después de que alguien se fuera. Entonces pensé: ‘Bueno, tengo que salir y hacerlo yo mismo. Esta es una puerta, tengo que pasar por ella. Seré el líder de mi banda, cantaré mis propias canciones — como si negara que Queen fue importante para mí.”

“Creo que Roger [Taylor] y yo lloramos [a Freddie Mercury] demasiado y durante mucho tiempo. Y por ese duelo excesivo terminamos casi negando la existencia de nuestro pasado.”

En los próximos años, May buscó ayuda profesional en la clínica Cottonwood de Arizona, donde se sometió a un programa de 12 pasos. “Fue entonces cuando descubrí realmente qué era la depresión y descubrí que había una forma de tratarla,” recuerda. “[Cottonwood] Era fundamentalmente una clínica de adicciones, pero allí la depresión se trata como si fuera un comportamiento adictivo. Pasé algunas semanas con varios adictos, muchos de los cuales se hicieron amigos para toda la vida. Cambió mi vida.”

A través del tratamiento, May redescubrió su espiritualidad y se fortaleció con la Oración de la Serenidad, el famoso texto escrito en 1951, más conocido en la forma: Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia. “Esa es la poesía más potente del mundo para mí — cubre casi todo lo que puede derribarte.”

Así, May comenzó a sentirse más cómodo para aceptar su legado. “La verdad es que no puedo desentenderme de ello. Siempre habrá algo de Queen dentro de mí,” admite ahora. “Yo ayudé a construirlo, yo fui uno de los cuatro arquitectos. En cierto sentido, todavía sigo en Queen.” Parecía natural, entonces, que y el batería Roger Taylor (el bajista John Deacon no quiso integrar la reunión) volvieran a recorrer el siempre popular repertorio de Queen, primero con el cantante de Free y de Bad Company Paul Rodgers entre 2004 y 2009, y luego con Adam Lambert, finalista del concurso de talentos estadounidense American Idol.

“Muchas personas me llamaban o me enviaban correos electrónicos diciendo: ‘Tienes que escuchar a este chico, tienes que volver a juntar a Queen, tiene que ser tu cantante’,” cuenta May. “Luego, el programa nos pidió tocar con los dos finalistas, Adam y el otro chico. Creo que hicimos We Are The Champions, y la química fue evidente.”

“Adam tiene básicamente todo: una voz extraordinaria, un rango increíble, es un intérprete natural, tiene un estilo adecuado y — lo que parece ser un requisito para ser cantante principal de Queen — un gran sentido del humor. Nunca ha intentado reemplazar a Freddie y nunca ha intentado imitar a Freddie. Simplemente interpreta las canciones de la forma en que las siente, con lo cual Queen no es una pieza de museo sino un ente orgánico que todavía está vivo. Todavía tenemos a Freddie en cierto sentido, tenemos pequeños puntos en el setlist donde aparece Freddie … es un buen equilibrio. Incluso hay un punto en el que Adam puede interactuar con Freddie de una manera extraña.”

May afirma que la gira más reciente de Queen + Adam Lambert — truncada por la covid — fue la más grande y exitosa que jamás haya hecho, y ciertamente el valor de mercado de la banda se niega a menguar. Incluso después de pasar los 25 millones de copias para convertirse en el álbum más vendido de todos los tiempos en Reino Unido, su recopilación de Grandes Éxitos de 1981 competía el mes pasado contra Olivia Rodrigo por el puesto número 1 en las listas británicas, mientras que informes recientes dan cuenta de que Queen gana £100.000 al día por su biopic de 2018 Bohemian Rhapsody. Y a May, ¿le preocupa este dinerillo en monedas sueltas?

“No tienen las cifras correctas,” sonríe. “Bohemian Rhapsody ganó US$1.000 millones pero solo una pequeña, una ínfima fracción de eso nos llega a nosotros. Así es como funciona la industria cinematográfica. Ganamos algo de dinero, pero no una cantidad enorme. Gran parte de mi dinero se destina a salvar animales, así soy; voy tratando de hacer algo bueno en el mundo … soy consciente de que no soy muy bueno con el dinero, nunca lo fui, pero por otro lado el dinero nunca fue tampoco lo principal. Yo era sumamente feliz viviendo en mi bedsit [monoambiente] y comiendo mi fish & chips de bacalao en una bolsa de papel.”

Como astrofísico con un patrimonio neto que alcanzaría las nueve cifras, uno puede pensar que May estaría orgulloso de tener un billete para la misión de Elon Musk a Marte, y ansioso por unirse a la carrera espacial de los multimillonarios. Y uno no estaría en lo cierto. “Me encanta la exploración espacial,” dice. “Soy miembro del equipo de New Horizons que envió un objeto del tamaño de un piano de cola a volar por Plutón, e interactúo con muchas de las misiones de la NASA. Cuando se trata de un tipo muy rico que viaja al espacio — bueno, no al espacio realmente, solo a unas 60 millas de altura — me pregunto: ‘¿Para qué lo hace? ¿Está abriendo camino?’ En realidad no, porque el hombre ya ha estado en la luna. ¿Es un tipo de vanidad, y si lo fuera, podría haberse gastado mejor ese dinero en otro propósito? Vi una caricatura en la que alguien decía: “Tenemos dos multimillonarios compitiendo para ver cuál de ellos llega primero al espacio. En vez de eso, ¿no sería mejor que compitieran por ver quién resuelve más rápido el hambre en el mundo?”

“No soy muy bueno con el dinero, nunca lo fui, pero tampoco fue nunca lo principal para mí. Yo era muy feliz en una habitación pequeña monoambiente, comiendo fish & chips de bacalao en una bolsa de papel.”

“Es como si te dispararan como un proyectil y no tuvieras tu propio peso durante un tiempo. No es muy diferente al cometa vómito que se usa para entrenar a los astronautas. No creo que yo quiera hacerlo. Si alguien me ofreciera un billete para sentarme en la Estación Espacial Internacional y mirar hacia la tierra durante un par de semanas, probablemente diría que sí, porque ese es el espacio real: qué cosa tan increíble. Me gustaría encontrar una ventana que mire hacia afuera, y simplemente contemplar el universo desde esa situación. Creo que somos increíblemente desconsiderados entre seres humanos, y vamos a perder mucho porque no cuidamos del planeta, no nos cuidamos unos a otros y no cuidamos a las otras especies con las que se supone que compartimos el planeta.” ¿Alguna vez vio al profesor Brian Cox [renombrado cosmólogo y presentador de televisión, antes músico de rock] dando el salto de músico a científico célebre pensando: ‘Eso debería hacerlo yo’? May se ríe. “[Cox] Es un tipo increíble, increíble, he trabajado con él. Mi banda tuvo más éxito que la suya, pero él es mucho mejor científico que yo.”

Por supuesto, ahora todo el mundo es físico nuclear graduado por internet. May sacude la cabeza ante la mención de que los músicos Ian Brown y Eric Clapton se niegan a tocar en espectáculos que tengan restricciones de covid, cuestionando la seguridad de las vacunas. “Me encanta Eric Clapton, es mi héroe, pero tiene puntos de vista muy diferentes a los míos en muchos sentidos. Es una persona que piensa que está bien disparar a animales por diversión, así que tenemos nuestros desacuerdos, pero nunca dejaría de respetar al hombre. Los anti-vax [antivacunas], lo siento, creo que están muy chiflados. Existe mucha evidencia que demuestra que la vacunación ayuda. En general, han sido muy seguras. Siempre habrá algún efecto secundario en cualquier medicamento que se tome, pero ir por ahí diciendo que las vacunas son un complot para asesinar, lo siento, para mí eso es estar muy chiflado.”

Las revelaciones del confinamiento de May han sido mucho más personales que virológicas. Se siente mucho más saludable que antes de su ataque cardíaco, pero poco ha cambiado con respecto al hombre que hizo Back to the Light [en castellano, ‘Regreso a la luz’]: una estrella de rock fuera de lo común y hundida, pero decidida a no acabar así.

“Fui de visita a 1992, me sumergí en lo que había hecho y descubrí que seguía siendo la misma persona,” confiesa. “Algunos de los problemas siempre están dentro de uno, y no siempre desaparecen. Tus sueños, tus expectativas, tus pasiones permanecen en gran parte constantes en tu vida. Es por eso que todavía me identifico tanto con este álbum. Pensé: ‘Este álbum todavía habla por mi corazón. No quiero cambiarle ni una nota; me gustaría publicarlo porque quisiera que la gente sepa cómo me siento.’ Especialmente ahora, en que todos estamos buscando volver a la luz de alguna manera, y salir de este tiempo horrible por el que todos los humanos hemos pasado en los últimos años.”

Puede que no esté conectado en zoom desde una ventana de la Estación Espacial Internacional, pero la nueva perspectiva de Brian May no podría ser más amplia. La luz está ahí, si la humanidad alguna vez decide disfrutar de ella.

La reedición remasterizada de “Back to the Light” ya está a la venta



Artículo de Mark Beaumont
Publicado/actualizado en The Independent el sábado, 7 de agosto de 2021

Traducido al español por Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artículo original en inglés: https://www.independent.co.uk/arts-entertainment/music/features/brian-may-interview-queen-b1896040.html

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