Cómo el FC Barcelona pudo gastar una fortuna… para empeorar

Entretelones de porqué el mejor y más rico club de fútbol mundial ha perdido la batalla por el talento

Nota del editor: esta historia fue a imprenta antes de conocerse la salida de Lionel Messi del FC Barcelona

Cuando comencé a escribir un libro sobre el FC Barcelona en 2019 pensé que iba a explicar el ascenso del club a la grandeza, y eso he hecho. Pero también he terminado por registrar su declive y caída.

Antes de la pandemia, el Barça se había convertido en el primer club deportivo en superar los $1.000 millones en ingresos anuales. Ahora su deuda bruta es de aproximadamente $1.400 millones — gran parte de ella a corto plazo.

La Liga española ha impedido que el club gaste más dinero que no tiene. El Barça ha enfrentado obstáculos para otorgar un nuevo contrato al mejor futbolista del mundo, Leo Messi — quien también es el mejor pagado del mundo — a pesar de que, según informes, acordó reducir su salario a la mitad. El club ha puesto a la mayoría de sus otros jugadores en una venta obligada, a la que se han sentido atraídos pocos compradores hasta ahora.

La pandemia dolió, pero fue sólo el tiro de gracia. Casi sin que nadie lo note, el club ha estado en caída libre desde una noche en Berlín, en junio de 2015, cuando ganó su cuarta final de la Champions League en 10 años. El club había logrado el dominio a bajo precio, gracias a una generación única de brillantes futbolistas de su propia cantera infantil y juvenil. Entonces, el Barça podía permitirse fichar a casi cualquiera en el fútbol. En cualquier negocio donde el talento es crucial, la decisión de gestión más importante es la contratación. Pero el Barcelona ha perdido la “guerra por el talento”. ¿Qué fue lo que salió mal?

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El proceso del Barça para comprar jugadores es inusualmente complicado. Hay corrientes enfrentadas al interior del club presionando cada una por diferentes fichajes, a menudo sin siquiera molestarse en informar al entrenador. Los candidatos a la presidencia del Barça lanzan alegremente los nombres de las estrellas que prometen comprar si son elegidos. El director deportivo del momento tenía sus propias opiniones — y Messi también.

El hombre que encabezó la desastrosa política de fichajes del Barcelona entre 2014 y 2020 se llama Josep Maria Bartomeu. Un tipo amable que dirige una empresa familiar que fabrica las ‘mangas’ — pasarelas metálicas que llevan a los pasajeros del avión a la terminal y viceversa. En enero de 2014, pasó de ser un oscuro vicepresidente más del Barça a presidente accidental cuando el titular, Sandro Rosell, dimitió. Bartomeu era considerado un simple funcionario interino. Sin embargo, en julio de 2015, un mes después de la victoria en Berlín, los miembros del club agradecidos respaldaron que encabezara el club con una aplastante victoria en las elecciones presidenciales del Barça.

El problema era que Bartomeu sabía poco o nada de fútbol, ni del negocio del fútbol. Su director deportivo, el mítico portero español Andoni Zubi Zubizarreta, había fichado a jugadores como Neymar y Luis Suárez, que se amalgamaron con Messi para formar la mítica línea de ataque llamada por sus iniciales MSN, la más efectiva del fútbol. Pero Bartomeu despidió a Zubi al poco tiempo, teniendo hasta cinco directores deportivos distintos en seis años.

Tras vender a Neymar en 2017, el Barça presuntamente rechazó a Kylian Mbappé para fichar a Ousmane Dembélé

El descenso del Barcelona empezó con la pérdida de Neymar. El brasileño era un extremo hipereficiente que se arrojaba a recibir cualquier balón que le lanzara Messi. Los goles esperados (xG) es una manera de medir cuántos goles es probable que marque un equipo en función de la calidad de sus oportunidades. En la temporada 2015/16, Solamente Neymar representaba 1.2 xG por partido, ligeramente por detrás del asombroso 1.4 xG de Messi. Pero un día Neymar quiso ser Messi, el principal jugador del equipo, y en 2017 se unió al Paris Saint-Germain (PSG) por una tarifa de transferencia de €220 millones, cifra récord mundial. El Barcelona nunca logró reemplazarlo.

Cuando un club vende un jugador por 220 millones de euros, no dispone de 220 millones de euros para gastar en la realidad. Hay impuestos, comisiones de agentes y pagos a plazos. Aún así, todos los demás clubes de fútbol en 2017 sabían que Bartomeu tenía un fajo de dinero en el bolsillo trasero y la necesidad de un hombre-trofeo para poder dar la cara a los 150.000 ansiosos miembros del Barça, que se habían quedado sin Neymar.

Casi cualquier futbolista del mundo atenderá a una oferta del Barcelona. “A veces no se puede llegar a un acuerdo,” me dijo Rosell, “pero todos se sientan a la mesa”.

En 2017, el agente español Junior Minguella ofreció a la directiva del FC Barcelona al sensacional delantero francés de 18 años Kylian Mbappé. Pero Minguella ni siquiera recibió respuesta del Barça, hasta que finalmente llegó un mensaje de WhatsApp de un miembro de la directiva, Javier Bordas: “Ni los entrenadores ni el presi [Bartomeu] lo quieren”.

Bordas diría años después que el cuerpo técnico del Barça también había rechazado al joven noruego Erling Braut Haaland, porque no era considerado “un jugador amoldable al Barça”. Hoy, Mbappé y Haaland son los dos jóvenes más codiciados del fútbol.

“Messi está tomando las decisiones. Sabe que puede eliminar a cualquiera. No busca peleas, es un buen tipo. Pero sabe que tiene el poder.” — miembro del personal administrativo del Barça

En vez de ellos, el Barça apuntó a otro joven francés, Ousmane Dembélé, jugador del Borussia Dortmund. Tres semanas después de la partida de Neymar, Bartomeu y otro oficial del Barcelona volaron para negociar la transferencia de Dembélé con sus homólogos alemanes en Montecarlo, centro predilecto del negocio del fútbol.

Los dos aterrizaron con una firme resolución, según The New York Times: pagarían una tasa de transferencia de como máximo €80 millones. Ni un centavo más, o se marcharían. Antes de entrar a la habitación asignada, los dos hombres se abrazaron.

Pero en la habitación se llevaron una sorpresa. Aduciendo que no tenían tiempo para charlar porque tenían que tomar un avión, los alemanes les dijeron que no negociarían y que querían aproximadamente el doble de la suma presupuestada por el Barcelona para Dembélé. Bartomeu cedió. Después de todo, era presidente del club más rico del mundo y todavía era medio virgen en temas de fútbol. Se comprometió a pagar €105 millones de euros, más €42 millones en bonificaciones de rendimiento fácilmente obtenidas — más de lo que habría costado Mbappé.

Apenas seis meses después, el Barça pagó al Liverpool €160 millones por el brasileño Philippe Coutinho. La tarifa de transferencia de Neymar se había disparado y más. Una tasa de transferencia de más de €100 millones debía ser una garantía contra el fracaso, pero ni Dembélé ni Coutinho triunfaron en el Barça.

Algo de esto puede deberse a la ansiedad inherente a cada fichaje del club. El delantero inglés Gary Lineker, que llegó del Everton en 1986, me dijo: “En el momento en que me bajé del avión, había cientos de fotógrafos y prensa. Estaba allí con [el delantero galés] Mark Hughes. Acabábamos de firmar y nos dijeron ‘hoy vamos a entrenar, ahí es cuando te presentan al público’ y pensamos, bueno, ¿quién va a aparecer? Tal vez 30 personas, tal vez 40. Había alrededor de 60 mil personas allí, solo para animar a los nuevos jugadores y ver un poco de entrenamiento.”

Lineker coincidió en que Hughes — quien no triunfó en el Barcelona — ​​pudo haber sido uno de los jugadores de los que se dice que “se muere de nervios” en el Camp Nou. “Creo que Mark era un poco inmaduro, pero… ¡los niveles de expectativa que hay allí!”

No es de extrañar que el Barcelona enfrente un curioso obstáculo en el mercado de fichajes: muchos jugadores que pretende el club sienten que no son suficientemente buenos para el Barça. Estos hombres están experimentando el síndrome del impostor, posiblemente de manera justificada. Rosell dijo: “A veces viene un agente y dice: ‘No, no, no, no estamos listos.’ Esto es muy honesto. Me gustaba cuando me pasaba.” Bartomeu me habló de rechazos similares de “jugadores muy importantes que ahora juegan en otros clubes.”

A principios de 2019, cuando el Barcelona se acercó al joven centrocampista del Ajax de Amsterdam Frenkie de Jong, aficionado del Barça desde la infancia, quedó desgarrado. Le preocupaba no llegar al equipo. Aceptar una oferta del Manchester City o del PSG se sintió más realista. Se quedaba despierto por la noche, preocupado por lo que podría resultar la decisión más importante de su vida profesional. Tranquilo cuando Bartomeu hizo el esfuerzo de visitarlo en Ámsterdam, De Jong finalmente decidió que tenía que correr el riesgo de fichar por el Barça, en lugar de pasar el resto de su vida preguntándose si podría haber llegado allí.

Barcelona pagó al Ajax una tasa de transferencia de €75 millones. Según el agente de fútbol Hasan Cetinkaya — que asesoró al club holandés — esto era casi el doble de lo que el Ajax esperaba obtener inicialmente. Cetinkaya dijo: “Había una tremenda presión sobre la dirección deportiva del Barcelona para que se hiciera el trato, y realmente querían protegerse. Los dirigentes deportivos del Barcelona se sintieron tan aliviados que el entonces director deportivo Pep Segura se echó a llorar en cuanto se redactaron los papeles.”

El Barça estaba acostumbrado a pagar de más. Mientras que la mayoría de los clubes apuntan a un tipo, digamos, un joven creador de juego que cuesta menos de €30 millones, el Barcelona hasta 2020 compraba por encima del mercado y podía permitirse apuntar a un ideal. En este caso, el Barça no quería un “tipo De Jong” sino al propio De Jong. Como ocurre a menudo al pujar por un jugador, no tenía otra alternativa en mente, y el club vendedor lo entendía. “Ya sabes que vas a pagar más que otro club,” dijo encogiéndose de hombros Rosell.

A principios del verano de 2019, Neymar le envió un mensaje a Messi para decirle que quería dejar el PSG. (La MSN seguía viva en el grupo de WhatsApp de ellos tres.) Messi vio la oportunidad de reparar el error del Barcelona de 2017 y respondió: “Te necesitamos para ganar la Champions League.” Llamó a Bartomeu y se lo hizo saber. Messi hizo campaña en los medios él mismo, para presionar al club.

Mira cómo me destrataron en el Barcelona al inicio de la temporada… y en eso el Aléti me abrió todas las puertas.” — Luis Suárez

Pero el Barça echó un vistazo al Neymar de 27 años — propenso a lesiones y amante de la buena vida — y decidió que no iba a pagar la tarifa inicial del PSG de aproximadamente €200 millones. A estas alturas el FC Barcelona se estaba quedando sin dinero: en parte por su racha de malas compras, y en parte porque los aumentos salariales que Jorge Messi, padre del astro argentino, seguía obteniendo para su hijo, el club se estaba desangrando.

Entre 2017 y 2021, Messi ganó un total de más de €555 millones, según extractos de su contrato de 30 páginas publicados en el diario El Mundo. Ni Messi ni ningún alto funcionario del FC Barcelona negaron la cifra. Uno de ellos me dijo que el salario de Messi se había triplicado entre 2014 y 2020. Pero agregó: “Messi no es el problema. El problema es el contagio al resto del equipo.” Siempre que Messi recibía un aumento, sus compañeros también querían uno. El salario de Messi finalmente hizo imposible que el Barcelona comprara al jugador que Messi quería.

En 2018 el Barça gastó demasiado en Philippe Coutinho, pero en 2019 se va cedido al Bayern de Múnich. El mismo año, compra a Antoine Griezmann y Frenkie de Jong. En 2020 Luis Suárez es vendido al Atlético de Madrid por solo €6 millones

El Barça pasó el verano de 2019 más o menos fingiendo públicamente que fichaba a Neymar, para finalmente retroceder y decirle a Messi: “Lo siento, lo intentamos todo pero no pudimos conseguirlo.” En cambio, el Barcelona pagó al Atlético de Madrid €120 millones por Antoine Griezmann, el francés de 28 años que había rechazado al club un año antes. Fue una tarifa récord para un futbolista mayor de 25 años. También enriqueció al Atlético, rival del Barcelona, ​​más allá del peculiar arreglo de que el Barça pagara millones al año a los madrileños por el ‘primer rechazo’ de sus jugadores.

La ostentosa persecución de Neymar por parte del Barça no pareció haber engañado a Messi. Cuando se le preguntó si el club había hecho todo lo posible para conseguir al brasileño, respondió: “No lo sé. . . no todo es muy claro.” Cuando se le preguntó si era él quien dirigía el club, emitió su habitual negativa irritable: “Obviamente no dirijo las cosas, soy solo un jugador más.”

Un miembro del personal del club que ha trabajado con Messi desde antes de su debut con el primer equipo en 2004 no está de acuerdo. “Él está tomando las decisiones,” me dijo. “Él sabe que puede echar a cualquiera. No busca peleas, es un buen tipo. Pero sabe que tiene el poder.” Cuando Messi perdía una batalla, dijo el miembro del personal, no decía nada pero sí “tomaba nota”.

El hecho de no comprar a Neymar fue la mayor derrota de Messi dentro del Barça y se quedó en las notas mentales que tomó. No perdonó a Bartomeu. Messi no quería el poder para él mismo. Hubiera preferido que los directores y entrenadores se encargaran de todo, pero solo mientras compraran exactamente a los jugadores que él quería.

Los jugadores que llegan al Barcelona a menudo han sido estrellas en todos los equipos en los que han jugado desde los seis años. En el Barça, se convierten en aguateros al servicio de Messi. El bajón de estatus fue difícil para una superestrella veterana como Griezmann, especialmente cuando — por primera vez en su carrera — fue enviado al banquillo de suplentes. Rara vez alcanzó su mejor nivel en el Barça.

En total, el Barcelona gastó más de €1.000 millones en traspasos entre 2014 y 2019, más que cualquier otro club de fútbol, ​​pero como admitió el veterano defensa Gerard Piqué, “éramos un poquito peor cada vez”. En enero de 2020, cuando el Barça necesitó un delantero para sustituir al lesionado Suárez, el club solo compró con descuento. El director deportivo Eric Abidal se puso en contacto con los agentes de Cédric Bakambu, un delantero franco-congoleño en el Beijing Guoan.

Cuando Bakambu recibió la llamada telefónica con la que sueña todo futbolista, se subió a un avión rumbo a Hong Kong, desde donde podría tomar un vuelo a Barcelona. Se quedó despierto de la emoción durante las cuatro horas a Hong Kong. Cuando el avión aterrizó y volvía la señal en su teléfono, llegaba un mensaje de Abidal: el Barça había cambiado de opinión. En cambio, el club contrató a otro forastero, el danés Martin Braithwaite, que había fracasado en Middlesbrough en la liga inglesa.

Sin embargo, la compra más extraña de la era Bartomeu fue Matheus Fernandes. En enero de 2020, el Barça fichó al desconocido centrocampista suplente de 21 años del club brasileño Palmeiras. La tarifa de transferencia fue de €7 millones, más €3 millones en posibles complementos. Fernandes fue un fichaje casi secreto. El Barça nunca le hizo una presentación oficial. Tras una temporada cedido en el pequeño Valladolid, donde jugó apenas tres partidos, volvió al Camp Nou y le entregaron la camiseta “covid” número 19, que nadie más quería. La temporada pasada, “el fantasma brasileño” jugó 17 minutos en el primer equipo.

Nadie sabía porqué lo había comprado el Barça. El director deportivo del Palmeiras, Alexandre Mattos, explicó más tarde que de alguna manera había convencido a Abidal para que fuera a ver entrenar a los reservistas de su club. “En ese momento me llamaron loco: ‘¿Quieres vender un jugador del filial del Palmeiras, que no juega mucho, al Barcelona?’”. Y entonces uno se pregunta qué hizo Messi con Braithwaite y Fernandes.

Para el verano de 2020, el déficit de fichajes del Barça atormentaba a Bartomeu y a los miembros de su junta directiva. Según las reglas que rigen a los clubes de propiedad de socios españoles como el Barça, los directores tenían que pagar las pérdidas de sus propios bolsillos. La junta necesitaba registrar las ganancias con urgencia antes de que terminara el año financiero el 1 de julio. Y así se inventó una extraña transferencia de canje. La contraparte fue la Juventus, también ansiosa por mejorar sus libros. La Juve “vendió” al centrocampista bosnio Miralem Pjanic al Barça por una tarifa básica de €60 millones, mientras el FC Barcelona les vendía al mediocampista brasileño Arthur Melo por unos €72 millones.

Estas sumas nunca se pagaron realmente: fueron inventados con fines contables. Según las reglas de contabilidad, cada club podía registrar su atractivo precio de venta como ingresos inmediatos. Los pagos teóricos se distribuirían a lo largo de los años de los contratos de los jugadores. Solo €12 millones en dinero real acabarían cambiando de manos — la diferencia entre los precios ficticios de los dos jugadores pagados por la Juve al Barça. Lo que importaba era que el intercambio ayudaba a ambos gigantes a limpiar sus libros.

Fue un buen negocio para la directiva de Bartomeu, pero no para el Barça: la envejecida escuadra adquirió a un jugador de 30 años en Pjanic, que pronto se hizo estable en el banquillo de suplentes. En agosto pasado, tras una goleada 8-2 del Bayern de Múnich en la Champions League, la crisis financiera del Barça se agudizó. El club necesitaba deshacerse de los jugadores mayores pagados en exceso para los que había poca demanda. Suárez, de 33 años, fue informado en una llamada telefónica de un minuto que sus servicios ya no eran necesarios. Fichó por el Atlético… pero el Barcelona siguió pagando una parte de su salario.

Bartomeu merece el crédito de haber traído de Las Palmas ese verano a Pedri, de 17 años, por una tarifa inicial de solo €5 millones. El chico se ha convertido en una sensación. Brilló con España en la Eurocopa de este verano y debe jugar la final olímpica masculina de fútbol del sábado contra Brasil [N del trad.: La jugó]. Sin embargo, ese éxito no alcanza a cubrir todos los fracasos de Bartomeu.

En 2016 Messi gana su quinto Balón de Oro; tres años después, el Barça gana la Liga. Pero para 2021, el club enfrenta obstáculos para darle a Messi un nuevo contrato, a pesar de que, según los informes, acordó reducir su salario a la mitad.

El Barcelona terminó la temporada pasada tercero en la liga española, su peor actuación desde 2008. El Atlético de Madrid ganó el título, en gran parte gracias al regalo con lacito que el Barça les hizo y que se llama Luis Suárez: el uruguayo marcó 21 goles en Liga, y fue el delantero que le faltó al Barcelona toda la temporada. Después de anotar el gol de la victoria en el último partido, se sentó en el campo llorando de felicidad mientras telefoneaba a su familia. “La forma en que me mostraron desprecio en Barcelona al comienzo de la temporada…” había dicho antes. “Y entonces el Atlético me abrió todas las puertas.”

Esta temporada puede ser aún peor para el Barça. La Liga ha estado indicando que solo permitirá que el club gaste entre €160 y 200 millones en coste de jugadores este año — menos de un tercio de la cantidad de hace tres años. Barcelona no se limita a pagar salarios inasequibles. También sigue amortizando transferencias fallidas de años atrás. El club ha pasado de comprar con descuento a fichar únicamente a jugadores sin contrato que no tienen ningún tipo de comisión por traspaso. Incluso así, La Liga solo los registrará para jugar y volverá a registrar a Messi si el Barça puede primero recortar su gasto salarial [N. del trad.: No pudo].

El Barça se ha deshecho de algunos reservistas pagados relativamente mal, lo que no hace mella en la masa salarial. Fernandes recibió un correo electrónico informándole de que se rescindía su contrato, y se rumora que está emprendiendo acciones legales por despido improcedente. Al Barça le encantaría vender algunos jugadores caros, pero Dembélé está lesionado y Coutinho se recupera de una lesión.

El club puede terminar teniendo que vender a sus jugadores jóvenes más preciados, Pedri y De Jong. Los grandes clubes rivales son despiadados. Messi podría optar por irse [N. del trad.: Ya firmó por el PSG]. El Barça necesitaba bajar la mira desde hace tiempo, me decía otro alto funcionario del club, y “no intentar ganar todos los años la Liga o la Champions”. A veces he sentido que estaba escribiendo un libro sobre Roma en el año 400 dC, con los bárbaros ya dentro.

Simon Kuper es columnista de Financial Times. Este es un extracto editado de su libro “Barça: La historia interna del club de fútbol más grande del mundo”, que publica el sello Short Books el 12 de agosto



Artículo de Simon Kuper
Publicado/actualizado en Financial Times el jueves, 5 de agosto de 2021

Traducido al español por Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artículo original en inglés: https://www.ft.com/content/c2c8565a-e282-481c-8897-0530b0c81bce

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