Explicamos la semana dramática del Brexit

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El Parlamento intenta bloquear un Brexit sin acuerdo. Boris Johnson quería elecciones pero no las consiguió. Esto es lo que tienes que saber

El debate sobre el Brexit ha desencadenado otra semana salvaje en la política británica que comenzó con la rebelión del Parlamento contra el primer ministro Boris Johnson, continuó con Johnson tratando (sin éxito) de llamar a nuevas elecciones, y terminó con Johnson declarando que «preferiría estar muerto en una zanja» antes que retrasar el Brexit.

Ya sabes; una semana más en la política británica de estos días.

Porque de eso ha tratado realmente todo este drama: de política. Las payasadas de esta semana no han tenido tanto que ver con un debate sustantivo y real sobre el Brexit, como con los juegos de poder político que lo rodean.

Esto se debe a que Reino Unido se encuentra más o menos en la misma situación en la que estuvo el año pasado: el único acuerdo que existe para el Brexit es el que negoció la ex primera ministra Theresa May, y es muy impopular. El Parlamento lo ha rechazado repetidamente, junto con todas las otras opciones de Brexit. Lo único en lo que el Parlamento está de acuerdo es en que quiere evitar abandonar la UE sin un acuerdo.

Eso deja a la salida de la UE sin un plan en la fecha límite del 31 de octubre como la opción automática por defecto. Sin embargo, debido a que el Parlamento no quiere una salida sin acuerdo — ni las posibles consecuencias económicas que conlleva — y debido a que el Parlamento no se aclara sobre qué quiere en un plan del Brexit, los legisladores están tratando de tomarse más tiempo.

Todos, menos Boris Johnson.

Y eso es lo único que realmente ha cambiado: ahora hay un primer ministro (Johnson) en el número 10 de Downing Street que apostó toda su fortuna política a la promesa de ejecutar el «Brexit o muerte» antes del 31 de octubre.

Esto preparó el escenario para la polémica batalla que libró con el Parlamento esta semana.

Para aquellos de ustedes que tienen mejores cosas que hacer que seguir los chanchullos diarios de la política británica, aquí hay un resumen de lo que sucedió esta semana y cómo puede (o no) afectar el futuro del Brexit.

El detonante: la gran promesa de Boris

Antes de ver el Parlamento tenemos que hablar sobre Boris Johnson.

Johnson — quien asumió el cargo de primer ministro en julio — ha prometido que sacará a Reino Unido de la Unión Europea antes del 31 de octubre, con o sin un acuerdo vigente que describa los términos del divorcio.

El acuerdo que existe actualmente es el que la ex primera ministra Theresa May ya negoció con la UE. Johnson y sus ‘Brexiteers’ se oponen a este acuerdo porque creen que se usará para no dejar salir a Reino Unido de la UE, sin que pueda opinar sobre los procedimientos legales: un Brexit sin salir, digamos.

Esta banda se opone principalmente a una disposición denominada ‘cláusula de salvaguarda irlandesa’ o ‘backstop’, que garantiza que — sin importar la futura relación UE-Reino Unido — no habrá controles fronterizos ni infraestructura física en la frontera políticamente sensible entre Irlanda del Norte (parte de Reino Unido) y la República de Irlanda (un país que seguirá siendo parte de la UE).

La necesidad de esta cláusula tiene que ver con el conflicto en Irlanda del Norte — conocido en inglés como ‘The Troubles’ — que terminó formalmente en un acuerdo de paz en 1998. La frontera abierta fue una parte crucial de esa tregua.

La UE ha dicho que deshacerse del ‘backstop’ no es negociable, a menos que Reino Unido encuentre una alternativa legítima y viable. Reino Unido no ha encontrado ninguna alternativa legítima ni viable, con lo cual la UE no está renegociando nada. Esto significa que el único acuerdo que existe en este momento es el mismo acuerdo anterior.

Sin embargo Johnson ha dicho al Parlamento y al pueblo británico que puede obtener un mejor acuerdo si el Parlamento se aparta de su camino. Afirma que mientras la UE sepa que Reino Unido está desesperado por evitar un Brexit sin acuerdo, los Veintisiete no tendrán incentivos para ceder.

A pesar de ello, Johnson dice que una vez que la UE se dé cuenta de que Reino Unido se toma en serio la decisión de irse sin un posible acuerdo, la UE finalmente cederá y le dará a Reino Unido las concesiones que desea.

Hay algunos problemas con el argumento de Johnson. Primero, si bien tiene razón al evaluar que la UE definitivamente no quiere un Brexit sin acuerdo porque será perjudicial económicamente, la realidad es que aún será mucho peor para Reino Unido que la UE.

Y aunque los Brexiteers han aceptado la idea de que una salida sin acuerdo es el enfoque de operar sin anestesia, no lo es en realidad. Una mejor analogía es que el proceso del Brexit es como tratar de quitarle el huevo a una tortilla: una separación integral es básicamente imposible. Es por eso que ahora escuchamos todas aquellas predicciones de escasez de alimentos y recesión si no hay un acuerdo en vigor: no es fácil hacer de cuenta que nunca existió un socio comercial y económico de décadas.

Es casi seguro que Reino Unido necesitará llegar a un acuerdo real con la UE después de un Brexit sin acuerdo (si fuera el caso), y podemos adivinar quién será el que pinche y el que corte en ese momento (no es Reino Unido).

Lo que nos lleva de vuelta al Parlamento británico.

La rebelión: el Parlamento intenta bloquear un Brexit sin acuerdo, Boris contraataca y pierde

Los miembros del Parlamento, a través de numerosas votaciones, han dejado en claro que no quieren hacer pasar al país por el estrés de un Brexit sin acuerdo. Quieren irse con un acuerdo, pero no con el que está disponible ahora.

Johnson era muy consciente de la impopularidad que el ‘no-deal’ causaba en el Parlamento. Por lo tanto, quería que a los parlamentarios les fuera lo más difícil posible frustrar su plan de salir el 31 de octubre a toda costa.

Pero la forma en que lo hizo fue controvertida. Anunció la suspensión temporal — lo que se llamó «prorrogar» — del Parlamento durante cinco semanas, comenzando el 9 de septiembre y hasta el 14 de octubre. Acuérdense, la fecha límite del Brexit es el 31 de octubre, por lo que el Parlamento tendría aproximadamente una semana en septiembre y un poco más de dos semanas en octubre.

La ‘prórroga’ no suele causar controversia. Se usa para marcar el final de una sesión parlamentaria y el comienzo de la otra, y a menudo es algo que sucede cuando un nuevo gobierno se hace cargo, dándole tiempo para establecer una nueva agenda.

Sin embargo Johnson suspendió al Parlamento durante cinco semanas, un lapso sin precedentes que más pareció un intento de reducir el tiempo que el Parlamento tenía para conspirar contra él y bloquear su Brexit sin acuerdo.

En respuesta, sus rivales del Partido Laborista y otros partidos opositores más pequeños regresaron de sus vacaciones de verano listos para reunirse de inmediato, y hacer algo lo más rápido posible. Y lo más importante: convencieron a un puñado de miembros del Partido Conservador para que rompieran con Johnson y «tomen el control de la orden del día».

Lo que eso significa es que los parlamentarios de la bancada — aquellos que no son parte del gobierno de Johnson — lograron establecer la agenda. Por lo general, es el gobierno (Johnson) quien controla lo que se hace en el Parlamento. Obviamente, su gobierno no iba a presentar un plan para detener un Brexit sin acuerdo, por lo que estos parlamentarios tuvieron que tomar el poder para poder hacerlo.

El Parlamento hizo esta maniobra con éxito el martes pasado, lo cual dio a la bancada la oportunidad de presentar el proyecto de ley del Brexit sin acuerdo y votarlo el miércoles. En respuesta, Johnson expulsó a los 21 conservadores fugitivos — es decir, el puñado de miembros que se le rebelaron — y básicamente los expulsó del partido por su deslealtad, lo cual también terminó con la mayoría gobiernista en el Parlamento.

Aún así no logró detener el plan parlamentario, y los legisladores hicieron avanzar con éxito el proyecto de ley para detener un Brexit sin acuerdo propinándole a Johnson un segundo mazazo como primer ministro en dos días.

Ha sido una primera semana de trabajo bastante terrible para el nuevo primer ministro.

Ah, y Johnson todavía siguió recibiendo golpe tras golpe.

¡Qué bueno! Entonces el Parlamento simplemente detuvo el Brexit sin acuerdo y esa es una gran noticia, ¿verdad?

No, no exactamente.

Entonces, ¿por qué acabas de decir que eso es lo que pasó?

Sí, lo sé. Ahora escucha con atención.

El proyecto de ley — conocido como Ley Benn en honor al parlamentario laborista Hilary Benn, quien lo presentó — requiere que el primer ministro busque una extensión de la Unión Europea si no tiene un nuevo acuerdo antes del 19 de octubre, o a menos que el Parlamento vote explícitamente por un ‘no-deal’. La extensión sugerida es de tres meses, lo que estira el nuevo plazo aproximadamente hasta el 31 de enero de 2020.

Los 27 líderes de la UE tendrían que aceptar por unanimidad tal extensión (podrían hacerlo, podrían no hacerlo, podrían fijar una fecha diferente, quién sabe) y el Parlamento también tendría que aprobar la extensión que Johnson o cualquier otro primer ministro presente a debate. La Ley Benn no puede detener un Brexit sin acuerdo pero por lo menos obliga al primer ministro, con rigor de ley, a regresar a la UE e intentar obtener una extensión.

Aunque la Ley Benn es todavía un proyecto de ley, se espera que se convierta en una antes de que se prorrogue oficialmente el Parlamento.

El problema es que Johnson dice que va a hacer caso omiso. No va a pedir una extensión, incluso si la ley dice que tiene que hacerlo.

Boris llama a esta demora un «sinsentido» y culpa al Parlamento de haber dañado su posición negociadora. No está claro qué pasaría si en realidad se negara a seguir adelante, pero la respuesta simple es que probablemente provocaría una crisis constitucional. Pero Reino Unido aún no ha llegado a ese punto.

Eso se debe a que Johnson está tratando de evitar que llegue allí con otra maniobra: las elecciones. Está diciendo «devolvámoslo a la gente». Ha pedido permiso al Parlamento para convocar nuevas elecciones, esencialmente devolviendo el poder a los votantes para decidir si quieren su versión del Brexit — salir asumiendo las consecuencias — o los continuos devaneos parlamentarios, lo que Johnson y sus partidarios afirman que en realidad son solamente intentos de detener el Brexit completamente.

Johnson ha solicitado que se celebren elecciones el 15 de octubre, unas dos semanas antes de la fecha límite del Brexit. Pero no pudo obtenerlos: necesitaba dos tercios de votos parlamentarios (alrededor de 434) para seguir con su plan, gracias a la Ley del Parlamento de Términos Fijos de 2011.

Y aquí es donde el Parlamento le dio un tercer mazazo. Dijo que no (bueno, los miembros se abstuvieron en su mayoría), pero el resultado final fue el mismo: no hubo elecciones. Al menos todavía no.

Entonces, ¿estás diciendo que todavía puede haber elecciones?

Habrá elecciones tarde o temprano. Y este es un asunto complicado por muchas razones.

Quizás el más importante sea el momento: nuevamente, Johnson quiere una elección el 15 de octubre, antes de la fecha límite del Brexit. Esto es más o menos lo más temprano posible; según la misma Ley del Parlamento de Términos Fijos, las elecciones no pueden ser antes de los 25 días hábiles posteriores a la disolución del Parlamento. No tiene que disolverse de inmediato, y puede pasar aún más tiempo, pero esas son las elecciones más rápidas que pueden suceder a través de la ruta que quiere tomar Johnson.

(Hay otra forma de llegar a las elecciones, que es a través de una moción de censura a Johnson; eso le daría al Parlamento 14 días para formar un nuevo gobierno. Si no puede, recién entonces las elecciones podrían realizarse 25 días después.)

Pero Johnson quiere elecciones lo antes posible, para deshacerse de cualquier parlamentario que le impida hacer posible su Brexit.

Johnson también está apostando al hecho de que Jeremy Corbyn — líder del opositor Partido Laborista y el hombre con más probabilidades de desafiar a Johnson por el premierato — tiene una popularidad muy baja en este momento. Pero muy baja. Los británicos prefieren apoyar un Brexit sin acuerdo antes que tener a Corbyn como primer ministro según una encuesta reciente; en otras palabras, antes preferirían arriesgarse a una recesión que elegirlo como mandatario.

Las razones para esto son complicadas. Corbyn es básicamente un socialista, y asusta a los laboristas más moderados y a los conservadores que no están muy entusiasmados con el Brexit ni quieren tampoco a Johnson, pero que sienten terror por un posible gobierno de Corbyn (quien también tiene otros problemas). Éste ha mantenido el apoyo de la base activa de su partido, y solo así es que ha logrado mantener el control.

Corbyn, y por efecto dominó el grupo que lo rodea, tampoco han manejado el Brexit particularmente bien. La estrategia de Corbyn era salir del paso, atacar a los conservadores donde pudiera, detener cualquier plan de Brexit sin acuerdo y llegar a las elecciones para obtener el poder y ser él quien negocie el Brexit.

Corbyn también está en contra de muchos de los votantes moderados de su partido. Siempre ha sido euroescéptico y en el fondo está a favor del Brexit. Y aunque definitivamente hay votantes laboristas que están de acuerdo con él en eso, el núcleo de su partido se opone al Brexit.

El cerco blindado de Corbyn creó una fuga de sus militantes hacia el Partido Liberal-Demócrata, mucho más pequeño. Son firmemente anti-Brexit y quieren celebrar un segundo referéndum. Han aumentado en popularidad debido a esta postura.

Laboristas y ‘Lib-Dems’ probablemente tendrán que luchar por los mismos votos en cualquier elección. Podrían trabajar juntos pero eso les significaría ceder en muchas cosas, lo cual es difícil en unas elecciones donde todos buscan ganar todo el poder. Pero eso no resuelve el problema del mismo Corbyn por lo que, incluso con una alianza, no queda claro si podrían derrotar a los conservadores, según encuestas recientes.

Después de que la moción para celebrar nuevas elecciones fuera rechazada el miércoles, Johnson afirmó que la razón por la cual Corbyn votó en contra de la medida «fue porque cree que no va a ganar».

Harold Clarke, experto en encuestas y profesor de política de la Universidad de Texas en Dallas, está de acuerdo con la evaluación de Johnson. «Tienen buenas razones para estar asustados,» me dijo respecto al Partido Laborista. «Ellos pueden hacer los mismos cálculos que hago yo.»

¿Entonces los laboristas no quieren elecciones?

Bueno, no del todo. Solo quieren ser muy estratégicos sobre cuándo exigirlas. Los laboristas han dicho que no quieren tener elecciones hasta que este proyecto de ley del Brexit sin acuerdo se convierta oficialmente en ley, obligando dentro de lo posible a Johnson a ir a pedir una extensión que no quiere.

Pero este tampoco es un plan infalible. (Por un lado, si Johnson gana una mayoría absoluta en las nuevas elecciones, siempre podría derogar la ley.) Lo que muchos opositores al Brexit quieren que haga el Partido Laborista es esperar hasta que Johnson — que ya no tendría mayoría en el Parlamento ni un nuevo plan para el Brexit — tenga que pedir a la UE dicha extensión. Esto pospondría un colapso peligroso y obligaría a Johnson a romper la promesa central de su cargo de primer ministro: sacar al Reino Unido de la UE el 31 de octubre, Brexit o muerte.

Ese Johnson sería un rival mucho menos poderoso con el cual enfrentarse, y los conservadores podrían recibir un fuerte ataque del peleón Partido del Brexit, que, bueno, ya te imaginarás lo que quiere.

Bueno, ¿y qué va a pasar ahora con el Brexit?

Nadie lo sabe realmente. Está bastante claro que el próximo proceso electoral (se espera que Johnson intente pedirlo nuevamente el lunes, aunque el Partido Laborista ya ha indicado que otra vez se negará a respaldar la moción) será lo más cercano a un segundo referéndum que tendrán los electores: tu candidato será en sí una expresión de si quieres salir o quedarte en la UE.

Los votantes pro-salida (de la UE) y pro-permanencia (en la UE) no se dividen equitativamente entre las líneas tradicionales de los partidos Conservador y Laborista. Esto ha creado algunas asociaciones extrañas y ha elevado a diferentes partidos — el nuevo Partido del Brexit, los Liberal-Demócratas — erosionando el liderazgo o comenzando a alterar el carácter habitual de los dos partidos principales.

Reino Unido todavía está dividido — casi en partes iguales — entre los partidarios de la salida y la permanencia. Esto significa que ni siquiera una elección ofrece necesariamente más claridad sobre lo que el país debería hacer sobre el Brexit, pero podría ser la mejor oportunidad.

Una última cosa: el hermano de Boris. ¿Qué pasa con él?

Jo Johnson anunció el jueves que renunciaba al Parlamento y al gobierno (era ministro de universidades) porque estaba dividido entre la lealtad familiar y el «interés nacional».

En otras palabras, ama a su hermano Boris pero no puede apoyar su plan para el Brexit.

No es el único miembro conservador que ha desertado o renunciado esta semana, pero su renuncia definitivamente es llamativa porque, bueno, son hermanos. También le ha cedido al Partido Laborista y a todos los oponentes de Johnson un flanco de ataque bastante vulnerable: ni tu propio hermano confía en ti para dirigir este país.

Para ser justos, los Johnson siempre han sido honestos sobre sus desacuerdos políticos: la hermana de Johnson, Rachel, postuló como candidata contra el Brexit en las elecciones parlamentarias europeas a principios de este año. Pero han tenido el cuidado de separar su oposición al Brexit (o al menos los desacuerdos sobre el tema) de su afecto por Boris.

La renuncia del menor de los Johnson ha complicado un poco ese equilibrio. Como si se pudiera complicar aún más.

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Artículo original de Jen Kirby

Publicado en Vox el 6 de septiembre de 2019

Enlace al artículo original: https://www.vox.com/2019/9/6/20851302/brexit-boris-johnson-parliament-elections-corbyn-explained

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