
THE OBSERVER — DOMINGO, 1 DE SEPTIEMBRE 2019
Cinco expertos evalúan una decisión política trascendental
Robert Saunders, historiador y comentarista político
La constitución británica es diferente a cualquier otra en el mundo. No puede encontrarse en una librería ni leerse en internet. No hay guía ni manual de instrucciones. Al contrario, es un conjunto delicado de leyes, prácticas e instituciones, construido a lo largo de los siglos y sostenido por un frágil tejido de costumbres, convenciones y acuerdos. Se basa en la confianza y en un compromiso común con sus reglas no escritas. Eso le ha permitido adaptarse y evolucionar, pero la deja peligrosamente vulnerable al abuso de poder.
Los predecesores de Boris Johnson a menudo han descuidado la constitución, pero ninguno ha mostrado tal desprecio por sus principios básicos. Reino Unido es una democracia parlamentaria, en la que «la voluntad del pueblo» fluye a través de nuestros representantes electos. Nuestro reclamo de ser gobernados democráticamente se basa en esta delgada base: que un gobierno debe tener la confianza de los parlamentarios elegidos. Al ejecutar la prerrogativa real de silenciar al Parlamento, Johnson ha golpeado los cimientos de nuestra democracia.
Johnson es quizás el primer Primer Ministro de la historia británica que no reconoce al Parlamento, o a una elección parlamentaria, como la fuente de su autoridad. Fue colocado en Downing Street por 90,000 activistas de su partido — no muchos más que el número de electores de una sola circunscripción — a quienes sedujo a través de su columna en The Daily Telegraph. Nombró a Dominic Cummings en el corazón del gobierno: un hombre que meses antes había sido despreciado por el Parlamento. En otro momento ese nombramiento le habría inhabilitado para el cargo. Hoy la medida es un programa de gobierno.
Cummings dice tener un mandato más alto que el Parlamento: «la voluntad del pueblo» expresada en el referéndum. Sin embargo, no ha dado instrucciones sobre los términos del Brexit, un hecho que Johnson ha explotado para rechazar un acuerdo de retirada anterior. Una vez que decidamos que alguien que no sea el Parlamento pueda interpretar el referéndum, que un líder heroico sepa con más certeza qué es lo que piensan los electores, transitaremos un camino muy peligroso.
A corto plazo, la prórroga puede tener éxito. Si Johnson continúa forzando el ‘no-deal’, a los parlamentarios les resultará más difícil detenerlo. Si consigue algún tipo de paquete de medidas de la UE, esto puede asustar a algunos para que lo respalden. Si todo lo demás falla, despejará el camino para una elección que enfrentará al pueblo contra el Parlamento.
Pero, ¿a qué precio? Al igual que los madereros que incendian la selva tropical brasileña, Johnson y el asesor Dominic Cummings han intercambiado ganancias a corto plazo por daños estructurales devastadores. Han establecido precedentes que otros seguirán y han quemado el frágil ecosistema de nuestra democracia. Alguna vez, los «conservadores» vieron como su responsabilidad proteger la Constitución. Cómo cambian los tiempos.
Peter Bone, parlamentario conservador pro-Brexit y asesor de la plataforma Leave Means Leave
Sí, hay un intento de golpe de estado, pero no por parte del gobierno. Es un grupo de ‘Remainers’ [europeístas] de línea dura que se niegan a aceptar la voluntad del pueblo británico.
Estos antidemócratas están tratando de quitar el poder al gobierno legítimo de Boris Johnson, y de instalar un denominado ‘gobierno de unidad nacional’ encabezado por Jeremy Corbyn, y repleto de súper Remainers, ¡sin un solo ‘Leaver’ [a favor del Brexit] a la vista!
La prórroga del Parlamento por parte de Boris Johnson es una restauración de la democracia parlamentaria que estaba pendiente hace mucho tiempo. El líder de la oposición de la Cámara de los Comunes y otros parlamentarios de la oposición han estado exigiendo esto durante meses. La sesión actual del Parlamento abarca tres años calendarios y es, con mucho, la más larga desde la guerra civil. Cada sesión del Parlamento normalmente dura un año. Comienza con el discurso de la Reina, donde el gobierno describe los proyectos de ley que quiere aprobar en los próximos 12 meses, y si no lo hace en ese momento, corre el riesgo de perderlos.
Luego, la oposición tiene varios días para debatir y examinar en detalle el programa del gobierno. Al final del debate, puede intentar enmendar el discurso de la Reina o derrotarlo. Si el discurso de la Reina es derrotado, inevitablemente conduce a una elección general. También restablece el calendario parlamentario, que, según las órdenes permanentes del Parlamento, otorga a los partidos de la oposición 20 días en los que eligen las mociones para debatir, 35 días cuando el comité parlamentario de control interno elige los temas a debatir y 13 días para que los parlamentarios puedan introducir legislación.
La prórroga del Parlamento restablece claramente la democracia parlamentaria y es constitucionalmente estándar. Este no es un intento de evitar que el Parlamento bloquee un Brexit sin acuerdo. Si el Primer Ministro hubiera prorrogado el Parlamento hasta el 1 de noviembre, habría sido un ultraje constitucional, y yo habría sido el primero en denunciarlo.
Si Jeremy Corbyn quiere detener un Brexit sin acuerdo, tiene que seguir un curso de acción simple. Este martes tiene que convocar a una moción de censura al gobierno, y el miércoles intentar ganar esa votación. No lo hará porque sabe que no tiene los votos en la Cámara de los Comunes y, lo que es más importante, no tiene los votos en el país para ganar una elección general.
Mi mensaje a Jeremy Corbyn es simple: ¡te aguantas o te callas!
Margaret Beckett, parlamentaria laborista por Derby South
Sí. Es inteligente, como la reputación de los asesores del Primer Ministro. También es despiadado e incorrecto, adjetivos que también son parte de su reputación.
Los partidarios de la medida dicen que tener un receso o prórroga en otoño y un nuevo discurso de la Reina es «normal». El otoño de 2019 nos encuentra al borde del mayor cambio constitucional en más de 40 años. Sin embargo, un gobierno sin una mayoría activa, liderado por un Primer Ministro sin un mandato popular, busca el aplazamiento más largo en 70 años. Esto no es normal.
Para mí, esta es la manifestación más reciente y más peligrosa de un golpe de estado contra el que los parlamentarios han estado luchando desde 2016. Desde el principio, Theresa May buscó que los poderes sean devueltos y ejercidos por el ejecutivo, no por el Parlamento.
Los tribunales la obligaron a aceptar que los parlamentarios deberían tener voz en la decisión de activar el Artículo 50. Cuando se requirieron cambios legislativos detallados, se propusieron poderes radicales y sin restricciones para los ministros. Casi todas las solicitudes de publicaciones por libertad de información fueron bloqueadas y objetadas.
La sugerencia de que los parlamentarios deberían tener un voto «significativo» sobre sus propuestas fue fuertemente rechazada.
La reacción del gobierno a estas derrotas en los Comunes — que alguna vez fue motivo de preocupación o al menos vergüenza — se volvió bastante arrogante.
En los debates del día que correspondían a la oposición, el gobierno dejó de votar para defender sus políticas en raras ocasiones, generalmente cuando pensaban que podrían ganar.
La preocupación se expresó incluso en el Partido Conservador, por esta forma sin precedentes — pero ingeniosa — de hacer que la visión expresada de la Cámara de los Comunes sea nula o sin sentido en su efecto.
Durante casi tres años, el gobierno usó y abusó de sus considerables poderes para controlar lo que los parlamentarios podían debatir y cuándo, lo que a menudo obstaculiza o incluso impide que la Cámara de los Comunes exprese su opinión sobre el manejo del Brexit que hace el gobierno.
Cuando se conocieron las propuestas finales, el debate y la decisión sobre ellas se retrasaron semana tras semana y mes tras mes, culpando a quienes se temía que no apoyaran al gobierno. Luego, cuando el gobierno no pudo retrasarse más y se redujo a la mayor derrota en nuestra historia parlamentaria en su política emblemática, incluso esta derrota simplemente se ignoró, y el gobierno insistió de todos modos.
El Parlamento — cuya soberanía se suponía que estaba siendo restituida — ha sido constantemente dejado de lado, ignorado y ahora ha sido silenciado.
Por lo tanto sí es un golpe de estado, pero es solo el último paso en la destrucción progresiva de nuestra constitución no escrita, ya que las convenciones de larga data se ignoran y se descartan. Se están estableciendo precedentes peligrosos.
Michael Chessum, organizador nacional de la plataforma Another Europe Is Possible
Un Primer Ministro no elegido intenta evitar que el Parlamento se reúna porque podría estar en desacuerdo con él. Su objetivo es forzar el Brexit, con o sin acuerdo, en una fecha arbitraria a fines de octubre. Al hacerlo, espera aglutinar a una gran mayoría parlamentaria en una elección anticipada marcada por una campaña populista de derecha que demoniza a los extranjeros y a lo que él llama la élite política. Y se supone que él, siendo el vigésimo Primer Ministro británico de [la escuela de] Eton, no es parte de esta élite.
El objetivo a largo plazo del plan de Johnson es mucho más profundo. La Gran Bretaña del Brexit será un país sin ley, más cerca de la órbita de los Estados Unidos de Trump. Se vulnerarán los derechos de los trabajadores, las normas alimentarias y las protecciones ambientales. Los servicios públicos y el NHS, como lo dejó en claro el gobierno norteamericano, estarán en venta. Naturalmente, hay poco o ningún apoyo popular para esta agenda, y no hay mayoría en el Parlamento. Por lo tanto, Johnson no quiere permitir que ni el pueblo ni los parlamentarios voten hasta que sea demasiado tarde.
El Parlamento no ha sido completamente cerrado. La prensa sigue libre. Pero no todos los golpes de estado tienen tanques de guerra y bloqueos de internet. Sí, tenemos nuestros derechos civiles, pero trate de decirle esto a los millones de inmigrantes que enfrentan un futuro de incertidumbre e incluso deportación — si el gobierno sigue adelante con el fin abrupto de la libre circulación. El poder ejecutivo está librando una guerra contra la legislatura, y podría ganar si no nos movilizamos para detenerla.
A este gobierno no lo va a persuadir la fuerza de la discusión. Debe ser forzado a revertir el curso. Con suerte, los partidos de oposición ganarán esta semana en los Comunes, pero como ciudadanos debemos entender que no podemos confiar en el proceso parlamentario o el poder judicial. La pequeña democracia que tenemos fue ganada con lucha, con sangre, con movimientos de masas que extendieron los límites del disenso legítimo. Si los movimientos de protesta no están dispuestos a irrumpir serán inofensivos.
La suspensión del Parlamento no es un acto inconformista de arrogancia. El enmudecimiento de la democracia, los ataques a los derechos, la absurda afirmación de representar al pueblo mientras se le niega poder son la esencia del proyecto del Brexit. El Brexit no es el final: es una herramienta para afianzar poderes y privilegios para dividir a los trabajadores, y para unir a los sociópatas que encabezaron la campaña para salir de Europa y ahora ocupan Downing Street. Este momento absurdo y peligroso es la conclusión natural del Brexit. Este es su verdadero significado.
Estamos presenciando el crecimiento de un gran movimiento en defensa de la democracia. A partir del lunes, protestaremos diariamente a las 5.30 p.m. en todo el país. Únase a nosotros en stopthecoup.org.uk.
Meg Russell, directora de la Unidad Constitucional del University College London
La prórroga del Parlamento de Boris Johnson ha provocado manifestaciones identificadas con el lema y hashtag #StopTheCoup. ¿Hay algo que justifique este ultraje?
No se equivoquen, una prórroga así es cualquier cosa menos normal. Sí, una prórroga breve (generalmente unos pocos días) ocurre rutinariamente entre una sesión parlamentaria anual y la siguiente. Pero esta prórroga de cinco semanas es la más larga desde 1930. También se ha desencadenado en medio de una crisis política que tiene una cuenta regresiva que termina el 31 de octubre. Inmediatamente después de un receso de verano de cinco semanas, durante el cual los parlamentarios no han podido analizar la política del gobierno para el Brexit. De hecho, Johnson se ha enfrentado a un solo día de escrutinio parlamentario desde que se convirtió en Primer Ministro. Si la prórroga continúa, eso se convertiría en el escrutinio de una semana durante casi tres meses. Para el 14 de octubre, cuando los parlamentarios regresarán, quedarían menos de tres semanas hasta la fecha límite del Brexit.
Downing Street insiste en que el Parlamento ya tenía que hacer su pausa durante semanas para dar tiempo a las conferencias de los partidos. Pero esto es falso, por dos razones. Primero, aún no se había decidido. Y en segundo lugar, eran los parlamentarios quienes tenían que decidirlo, y parecía cada vez más probable que no lo hicieran. La prórroga les niega esa elección. También ha arruinado en gran medida las posibilidades de una moción de censura. Sabíamos que los partidos de oposición estaban discutiendo esto, y que aún no había acordado quién sería su primer ministro alternativo. La Ley de parlamentos de duración determinada establece 14 días para designar un gobierno alternativo. Pero la prórroga esquiva esto, y dejaría solo 24 horas para organizarse después de tal votación.
Por lo tanto, las acciones de Johnson no tienen precedentes, y parecen haber sido diseñadas para vulnerar el deseo de los parlamentarios de analizar su gobierno o, incluso, de retirarlo del cargo. En una democracia parlamentaria, donde el gobierno es responsable ante el Parlamento y existe solo porque goza de su confianza, esto es profundamente problemático. De ahí los diversos casos judiciales aparecidos contra esta prórroga.
¿Esto equivale a un golpe constitucional? En resumen, es difícil definir qué es «inconstitucional» en un sistema con una constitución no escrita.
Quienes apoyan esta prórroga dicen que Johnson no ha violado el texto de la ley. Pero nuestra constitución se basa en convenciones y precedentes, no solo en la ley, y estos claramente se han roto. Una constitución «política» como la nuestra es algo frágil, que depende de que los actores clave respeten sus normas y tradiciones. Si no lo hacen, la vulneran gravemente.
Los precedentes peligrosos que se establecerían por esta prórroga son transferibles a todo el mundo. Los gobiernos no deben poder cerrar las legislaturas democráticas solo para esquivar el escrutinio que no les conviene. Esta es una toma de poder ejecutiva, y cuando los parlamentarios regresen el martes deberán rechazarla fuerte y claramente.
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Traducción al español realizada por Alejandro Tellería
Enlace al artículo original: https://www.theguardian.com/politics/2019/sep/01/britain-coup-parliament-suspend-prorogue-brexit
