
THE TIMES — JUEVES, 6 DE SEPTIEMBRE 2018
May se venga de Rusia: la primera ministra está preparando una ciberguerra contra la red de espionaje de Putin, después de haber acusado a dos de sus agentes de llevar a cabo el ataque con gas nervioso de Salisbury.
Entregando una notificación de nuevas operaciones encubiertas contra los servicios de inteligencia militar rusa, la primera ministra dijo que se trataba de una amenaza a «todos nuestros aliados y para todos nuestros ciudadanos» y prometió hacer «lo que sea necesario para mantener seguro a nuestro pueblo».
En un comunicado de la Cámara de los Comunes ayer, May nombró a dos miembros de la inteligencia militar del Kremlin como los principales sospechosos en el envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal de 67 años, y su hija, Julia, de 34, con gas nervioso el 4 de marzo pasado.
La primera ministra capturó la atención de los parlamentarios al revelar que los servicios de seguridad e inteligencia de Reino Unido habían establecido que los acusados — que usaban los nombres Alexander Petrov y Ruslan Boshirov (foto) — eran agentes del GRU (agencia de inteligencia extranjera rusa).
May también ha señalado con el dedo al presidente Putin, dejando en claro que el ataque «no fue una operación aislada» y que «casi seguramente» fue aprobado a muy alto nivel dentro del estado ruso.
———————
Antes de marzo de este año, pocos fuera del mundillo del espionaje habían oído hablar de Sergei Skripal: un antiguo espía ruso que vive tranquilo en su anonimato de Salisbury, dando conferencias privadas de vez en cuando sobre inteligencia, bebiendo en los pubs locales — un excedente, una reliquia medio olvidada de la antigua Guerra Fría.
Y luego alguien trata de matarlo, desencadenando tormentas diplomáticas y una de las investigaciones criminales más extensas de los tiempos modernos.
Skripal — o Agente Enseguida, según su nombre clave en el MI6 — ha resultado ser una figura histórica mucho más importante que lo que se esperaba, incluso que lo que esperaba el propio Skripal.
El asesinato del exoficial de inteligencia ruso Alexander Litvinenko parecía ofrecer un precedente obvio de lo que había sucedido en Salisbury, pero este caso era diferente: Litvinenko había sido crítico abierto del régimen de Putin, e investigaba y exponía casos de corrupción; Skripal había mantenido un perfil muy bajo y, además de eso, estaba en Reino Unido como resultado de un intercambio de espías.
