Prensa Británica de Mañana, HOY — THE GUARDIAN (Deportes) — SÁBADO, 27 DE ABRIL 2019

THE GUARDIAN (Deportes) — SÁBADO, 27 DE ABRIL 2019

«Ahora, cualquiera quiere irse a jugar al Liverpool. En mi época era otra cosa.»

—— Antes de la semifinal de la Liga de Campeones, el delantero del FC Barcelona habla sobre sus días en Anfield, la alegría de jugar junto a Messi y porqué no le importa que le llamen gordo ——

por Sid Lowe, en Barcelona

Es la mañana siguiente a la noche en que el Barça prácticamente ha ganado la Liga y Luis Suárez no ha dormido mucho pero sonríe de nuevo, acomodándose en un sofá con su mate en la mano. Últimamente ha estado ocupado: mirando vuelos, también billetes de avión, y también haciendo historia. Mientras camina a la luz del sol, le cuentan que el gol que anotó la noche anterior — el número 21 en la Liga esta temporada — no solo llevó a Barcelona a las puertas de un cuarto título en cinco años, sino que también lo convirtió en el tercer mayor goleador de la Liga de todos los tiempos, comparándosele con László Kubala, el húngaro cuya estatua se encuentra en las afueras del Camp Nou. Pero hay más que eso.

Aunque han pasado menos de 10 horas desde el pitazo final del partido con el Alavés en Mendizorrotza, y el FC Barcelona no pudo regresar a casa hasta las 3 de la mañana, Suárez llega a una nueva sesión de entrenamiento. Hay partidos para los cuales prepararse. Faltará un mes para la final de la Copa del Rey, pero el domingo hay que jugar el encuentro contra el Levante que debería confirmarlos como campeones y, después de eso, el primero de los dos partidos que definirán su temporada, los dos que son de Lucho: contra el Liverpool, por la semifinal de la Champions League. Son los partidos que llevarán a Suárez a Anfield, al lugar que, según él mismo, definió su carrera. Los partidos que llevarán de regreso a toda la familia Suárez.

«Mis hijos nunca van a los partidos de la Champions. A éste si quieren ir,» dice Suárez, agregando agua caliente a la yerba rioplatense. Los nombres de su esposa Sofía y de sus hijos Delfina (8), Benjamín (6), y el pequeño Lautaro están grabados en la bombilla del mate, y sus fotos en el termo. «Estaba hablando con Sofi sobre Anfield y me dijeron: ‘nosotros también vamos’. Todos iremos, excepto tal vez Lauti, que ayer ha cumplido seis meses. Benja era muy pequeño, pero nació en Liverpool y sabe que es su primer estadio; ha visto las fotos. Parte de la infancia de Delfi está ahí: donde comenzó a emocionarse con el fútbol ​fue ahí. Ella se acuerda de cómo cantar ‘You’ll Never Walk Alone’, así que imaginate lo que esto significa para ella.

«Va a ser un sentimiento extraño pero también encantador. He visto a Carra [Jamie Carragher] en Old Trafford y estaba emocionado. Jordan [Henderson] todavía está allí; algunos amigos suyos vinieron para el Clásico. Va a estar bueno ver al personal, como Ray [Haughan], que controlaba todo. Y he estado recibiendo mensajes de la señora del comedor [de Melwood]. Quiere ver a los niños: siempre cuidaba a Delfi, y se la llevaba a la cocina con ella. Va a estar bueno volver.»

Sin embargo en ese momento también habrá un partido por jugar, una batalla por pelear. «Me ves aquí y estoy tranquilo, relajado, pero cuando juego, soy totalmente diferente,» dice Suárez, sonriendo. Está en buena forma. Sabe que hay dos Suárez y, a veces, ambos pueden ser difíciles de conciliar. «Estoy muy agradecido pero estoy allí para jugar para el Barcelona, ​​sabiendo cuáles son nuestros objetivos. Una vez que estemos jugando, no habrá amistad, ni amigos, ninguno de esos bonitos recuerdos. Así soy como jugador. Todo el mundo lo sabe.»

Claro que lo saben. En Liverpool esa pelea gustó y reconocerán la implacabilidad del hombre que empezó con ellos tan cerca del descenso y terminó sollozando bajo su camiseta en Selhurst Park hace cinco años. Suárez insiste en que si bien es cierto que se ha adaptado, y que la responsabilidad es diferente, no ha cambiado mucho. Lo que ha cambiado, él cree, es Liverpool, para mejor.

El escenario perfecto de Suárez ahora es otro de sus clubes anteriores, el Ajax, en la final de Champions (le dice «increíble» al equipo); la Copa del Rey, la Liga española y la Champions para el Barcelona, y un título de liga del Liverpool. «Ojalá», dice, «si Dios quiere». Esto es lo más cerca que han estado del título desde que él se fue, y sabe porqué son el único equipo para el que el éxito local tiene prioridad sobre Europa, 29 años después. Ha vivido eso: la emoción, la esperanza, la necesidad. Aunque solo vea un poco de su equipo en ellos, solo un poco. Y no únicamente porque solo queden Henderson, Simon Mignolet y Daniel Sturridge.

«Entiendo por lo que están pasando y no debe ser fácil, pero creo que con nosotros fue diferente porque era ‘ahora o nunca’, un hecho aislado. Cuando estaba allí era muy diferente. Estábamos al borde de la Premier League con un equipo que no era tan bueno. No gastaron tanto como lo están haciendo ahora. Cualquier jugador quiere ir al Liverpool ahora. En esa época era diferente. Si hubiéramos ganado la liga, creo que hubiera sido un logro aún mayor que si este equipo lo hiciera.»

“Los tres delanteros son muy rápidos, técnicamente dotados, hay mucho talento; son jugadores que marcan la diferencia y los resultados del Liverpool dependen de ellos. Son el tipo de jugadores con que te encantaría jugar, con el nivel que esperas para un club como el Liverpool, creado para ganar la Premier League y la Champions League. También saben cómo encarar los partidos. Tal vez no lo manejamos tan bien. Lo que sucedió con Stevie fue mala suerte, pero mira al Crystal Palace: ahora les dirías ‘no, jueguen con calma, estamos 3-0 arriba, el City tiene que ganar entre semana y el fin de semana’. Pero sentíamos la necesidad de marcar, seguíamos pensando que podíamos ser campeones por diferencia de goles. Ese era el error de ser ‘demasiado joven’.»

¿Podría este Liverpool aprender de eso, entonces? ¿De esos errores? «Tal vez, pero más de su propia experiencia: esta es la segunda temporada en la que son fuertes. El año pasado llegaron a la final de Champions.»

Esa noche en Selhurst Park, en 2014, la oportunidad prácticamente no existía y, temiendo que no hubiera otra, pronto también se iría Suárez. Tenía 27 años, era jugador del año de la Premier League pero su palmarés había aumentado sorprendentemente poco en su carrera: una liga holandesa, asegurada después de abandonar el Ajax, cuya medalla le llegó por correo; una copa holandesa, una liga uruguaya y la copa de la English League. En el Barcelona ha ganado tres títulos de liga, cuatro Copas del Rey y una Liga de Campeones, y aún podría tener otros tres trofeos para agregar. Ha marcado 176 goles.

Hay una pausa, y Suárez interrumpe: ¿Ciento setenta y seis? Cree que es más pero no está seguro. Incluye el de Old Trafford, para empezar. «Estaba entrando,» dice riendo. «No sé cómo pueden quitar eso, pero son solo estadísticas».

Sin embargo, son estadísticas serias. Antes le daba palizas al Norwich, ahora se las da al Real Madrid — ha marcado 11 goles en Clásicos — y en las últimas cuatro temporadas ha marcado más goles en la liga española incluso que Cristiano Ronaldo. Nadie en Europa tiene más, excepto Lionel Messi. Y en un momento en que las estadísticas construyen casos incontestables para algunos, rara vez las cifras mencionan a Suárez. ¿Por qué?

«Tal vez hay jugadores que son mejores con el marketing,» sugiere. Entonces, ¿deberías hacer más de eso? «No tengo un ego lo suficientemente grande como para darme la vuelta y decir «soy el mejor 9», «el Barça nunca tuvo un 9 como yo» o algo así. Los números están ahí. Sé que soy el único jugador que le ha quitado el Botín de Oro a Messi y a Cristiano en cinco años.»

En realidad fueron diez años y lo hizo dos veces. Solo cuatro jugadores han marcado más goles en competición que él en la historia del club y parece probable que para cuando se retire — no tiene ninguna prisa — solo un hombre esté delante de él: Messi.

«No es sólo lo que ves observándolo, lo veo jugando con él: yo empiezo a correr con la cabeza gacha y el balón aparece solo,» dice. Se detiene, se mira los pies con una pelota imaginaria entre ellos, y hace una mueca. «Y piensas: ‘¿Cómo la puso allí?’ ¿Cómo sabía que iba a terminar ahí?’ A veces estás ahí, esperando recibir y tienes a tres jugadores entre tú y él y piensas ‘no, no, me voy [a otro lado] porque, ¿cómo va a hacer pasar la pelota por ahí?’ Y la hace pasar, pero tú ya te has ido. El pase no ha salido bien, pero es mi culpa por no confiar en que [Messi] puede hacer eso. Y hay miles de pases así.»

La comprensión de Suárez con Messi los ha convertido en la pareja perfecta, en los mejores amigos incluso fuera del campo de juego: son vecinos, sus hijos van a la misma escuela, sus esposas hacen negocios juntas y la mayoría de los días van juntos a los entrenos. Cuando Suárez anotó un hat-trick contra el Madrid en octubre, Messi le cuidaba a los niños viendo el partido desde la primera fila. «Será difícil [cuando se retire], porque le da placer a la gente: vas a jugar de visitante y sus fanáticos allí le aplauden. Es espectacular,» dice Suárez. «Lo bueno para nosotros es que podemos vivir esto, y nos quedan muchos años para seguir disfrutando de las cosas que Leo puede hacer.»

Todo lo cual solo se suma a la sensación de que el éxito de Suárez fue de alguna manera inevitable, fácil. Pero si parece obvio ahora — y eso podría ayudar a explicar porqué a veces se da por hecho — no siempre fue así. Su primera temporada, la 2014-15, terminó con el Barcelona llevándose un triplete y Suárez anotando en la final de la copa europea, pero había comenzado entrenando solo a la fuerza, prohibido hasta ese octubre por haber mordido a Giorgio Chiellini durante el Mundial de Brasil. Algunos se preguntaron si encajaría en el equipo y en esos primeros meses él también se lo preguntó. Un cambio en enero modificó las cosas, pero no había ninguna garantía y la exigencia era enorme, algo sobre lo cual él buscó asesorar a su ex compañero de equipo Philippe Coutinho — aquel que respondió a los silbidos de la grada tapándose los oídos con los dedos luego de anotarle el tercer tanto al Manchester United.

«Los jugadores del Barcelona tienen que vivir con crítica constante: hay que tener fuerza mental interna para superar los malos momentos,» dice Suárez. Habla de sí mismo, pero lo aplica al otro ex jugador del Liverpool.

«Philippe es mi amigo, es joven y trato de aconsejarlo. En el Liverpool demostró ser el jugador que es. Fue duro para mí y le dije que para él sería lo mismo. Tienes que aceptar las críticas, pero lo más importante es que él esté cómodo, feliz, sus compañeros de equipo confían en él, el entrenador confía en él.»

«Los jugadores estamos expuestos. La cosa más pequeña que hagas, pequeña como lo que hizo Philippe, se hace más grande. El entrenador lo dijo: ‘Me sorprende que estés hablando del gesto y no del gran gol que marcó,’ un gol que le tendría que haber dado confianza. A veces hay que entenderlo. Si los seguidores quieren que un jugador se desempeñe, hay que estar de su lado, apoyarlo, porque un jugador que está en el campo — y me pasa a mí — no es tonto. Lo escucha cuando pierde una pelota y ahí está este «zzzzzhhhhhii», ese zumbido, ese murmullo lo escucha, y eso le afecta. Piensa: ‘Uy, los aficionados, uy, si pierdo otro balón’. No. Los culés tienen que apoyar a sus jugadores. Si quieren que ganemos la Champions y todo lo demás, tienen que estar con el jugador.»

En ese sentido, ¿es Anfield diferente? “Sí, muy diferente,” dice Suárez. “El fútbol inglés en general es una cultura diferente. Lo que tienes que hacer es aprender a vivir con eso.”

No es lo único que es diferente. «No creo que haya cambiado mi forma de jugar, pero tienes que adaptarte a lo que el equipo necesita, a lo que ciertos jugadores necesitan. Cuando vine aquí, sabía que tenía a Ney [Neymar] a un lado y a Leo en el otro y que tenía que hacer, digamos, el trabajo sucio. Tuve que correr, escaparme de mi marcador, y era una ventaja para ellos tenerme allí porque cuando estaba allí con dos defensas centrales, cuando hacía un movimiento hacia el espacio, uno no sabía qué hacer y el otro me seguía. Entonces, ellos [Messi y Neymar] se quedaban para el uno a uno. Y en el uno a uno son los mejores. Así es como funciona un equipo.»

Hay algo en ese análisis que quizás disimula la contribución de Suárez. Como si el trabajo sucio fuera solo eso: sucio, como si fueran otros los que tienen talento. Y hasta los goles son «solamente» goles. Incluso los elogios por su trabajo pueden sentirse un poco ambiguos, como si eso fuera todo lo que son, y como si cualquiera pudiera correr por todas partes. «Estamos en el Barça y no solo estás en el Barça para luchar, presionar, perseguir a los defensores, discutir, marcar goles de vez en cuando. También estás aquí por tu calidad,» dice.

Hay algo en su estilo que no atrae a los estetas sobre la forma de su cuerpo, lo cual significa que cuando juega mal los juicios parecen aún más condenatorios, más definitivos. El tiempo tampoco espera a nadie. Él ya tiene 32 años. Al comienzo de la temporada, algunos sugirieron que el Barça podría necesitar de un cambio. Suárez, que rara vez es el más rápido en comenzar, se mostró un poco lento, un poco… «gordo», dice, y luego se ríe de nuevo. “Todo… me río de todo ello, me río. Te tiran todo. Vas a un par de partidos y es: ‘ah, es una mala racha’… esa es la exigencia de jugar en el Barcelona.»

En el último par de meses, en un excelente estado de forma, nadie cuestiona más a Suárez, pero todavía hay una cosa y es la cosa para este equipo: en Europa, la carrera es mala. Suárez podría estar contando el gol en Old Trafford pero la UEFA no; si tuviera que anotar en su regreso a Anfield, sería su primer gol como visitante desde septiembre de 2015. «La gente habla, destaca el hecho de que no he marcado en tres o cuatro años. Pero no pierdo el sueño por eso. No estoy nada preocupado.»

Él sabe que la Champions ha dolido, sin embargo. Fuera de los cuartos de final por tres años consecutivos, el Barça ha visto ganar al Real Madrid en su ausencia, lo que hace que su dominancia doméstica se vea disminuida.

Si el Liverpool quiere mas la Premier, al Barça le interesa Europa: ha sido un gran avance llegar tan lejos pero no es suficiente. Al comienzo de esta temporada, Messi anunció, desde el lanzamiento de la temporada en el Camp Nou y con el micrófono en la mano, que la prioridad de este año era clara: esa «aquella encantadora y deseada copa».

Si alguien sabía que iba a llegar era Suárez, ¿no? «No.» ¿Y qué pensabas? Hablando de eso de tener presión encima. Suárez se echa a reír de nuevo. «Hacíamos bromas: ‘¡tú lo dijiste, entonces depende de ti hacerlo!'»

«Nos sorprendió, pero si el capitán quiere tanto ganar la copa, ¿nosotros por qué no? Era un mensaje claro. No es una obligación pero queremos ganarla. No es fácil, eso es seguro. Es muy difícil, muy difícil. Así son las ligas.»

«A veces las personas no aprecian las ligas que ha ganado el Barça. Parece que fuera fácil, nadie piensa mucho en eso. Pero luego vas y pierdes ante el Alavés o el Valladolid: ‘buah, ¡qué desastre que son!’ Tienes que apreciar todos los títulos que ganas. Tienes que ganar esos partidos, como el de anoche.»

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