
DAILY TELEGRAPH — SÁBADO, 28 DE JULIO 2018
El arquitecto de la revolución británica de los medidores inteligentes ha admitido que retiró su propio dispositivo porque «apenas lo miraba».
Mike O’Brien, que se desempeñó como ministro de energía en el gobierno de Gordon Brown, ha hablado de fallos fundamentales en el proyecto de instalación de los medidores en cada hogar, avaluado en £11.000 millones.
Dijo que Ed Miliband — ministro de energía cuando se adoptó la política — estaba equivocado al creer de que los hogares controlarían constantemente su consumo de gas y electricidad, usando menos energía como resultado.
Otras cifras clave en la ejecución del proyecto dijeron que fue un error ceder a la presión que hacían las seis grandes firmas de energía para terminar encargándose del programa de instalación.
El resultado han sido medidores que terminan «atontados» y no funcionan cuando los consumidores cambian de proveedor de energía, tecnología que depende de señales de teléfonos móviles que no funciona en ‘puntos negros’, y proveedores que presionan a los clientes para que tengan los medidores instalados aunque no deseen adquirirlo.
Los ex ministros también dijeron que el programa fue acelerado por políticos y funcionarios desesperados por cumplir con los objetivos del cambio climático pero que, según un experto, «no podían distinguir entre una llave inglesa y una banana».
Los contadores de energía inteligentes fueron la iniciativa del último gobierno laborista en 2008, pero la política ha sido seguida por sucesivos gobiernos desde entonces. Están diseñados para mostrar a los propietarios en tiempo real cuánto les cuesta la energía que consumen, y transmitir las lecturas de los medidores electrónicamente.
Sin embargo, el programa para instalar 53 millones de dispositivos para 2020 está muy retrasado. Uno de cada 10 medidores no funciona, y los ministros han enfrentado llamados a detener su implementación hasta que una nueva generación de medidores esté lista más adelante este año.
El Príncipe de Gales describió las acciones tomadas contra un obispo pedófilo como «males monstruosos», según ha conocido ayer una investigación independiente sobre abuso sexual infantil.
Extractos de cartas publicadas por la investigación mostraron que el Príncipe también puso a Peter Ball, ex obispo de Gloucester, y su hermano Michael, en contacto con el personal administrativo del Ducado de Cornualles, quien les arregló una casa después de que Ball perdiera su trabajo.
Ball, ahora de 86 años, renunció a su puesto en 1993 después de recibir una advertencia por abusar de un joven.
La declaración del Príncipe, leída en la investigación de ayer, expresó «profunda pena personal», y agregó que el Príncipe había sido «engañado» por Ball.
Extractos demostraron además que en 1995 — dos años después de que Ball fuese amonestado — el Príncipe le escribió para decirle que se sentía «muchísimo los monstruosos errores que se han cometido» con él.
El típico verano británico ataca de nuevo: foto de una pareja y su bebé refugiándose de la lluvia bajo un paraguas en Chelsea, mientras el calor se transformaba en tormentas de verano ayer en Londres.
