Conversaciones sobre el Brexit: la brutal revancha que le espera a Reino Unido

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Miembros de la UE piden línea dura con Reino Unido en las conversaciones sobre la relación futura

por Jim Brunsden, Sam Fleming y Alan Beattie


 

Para Boris Johnson la parte difícil ya ha terminado.

El primer ministro británico dijo el lunes a la Confederación de la Industria Británica (CBI) que ganar en las elecciones generales del 12 de diciembre le permitirá «realizar el Brexit» y luego negociar rápidamente un acuerdo con la UE sobre la relación futura de ambas partes.

Tras señalar que Reino Unido se embarcaría en conversaciones comerciales desde un lugar de «alineación y armonía perfectas» después de abandonar la UE el 31 de enero, dijo a los líderes empresariales que no veía «absolutamente ninguna razón» por la que no se podría llegar a un acuerdo para fines del próximo año.

Es una línea a la que los conservadores se aferrarán en su campaña hasta el día de la votación, ya que advierten que una victoria del Partido Laborista de Jeremy Corbyn significaría más «vacilaciones» sobre el Brexit. Por su parte, Corbyn afirmó en la misma conferencia que el enfoque de los conservadores «nos sometería a años de negociaciones prolongadas y empantanadas» con Bruselas en un futuro acuerdo de relación. Dijo que su enfoque de celebrar un segundo referéndum brindaría claridad antes.

Sin embargo, a medida que los políticos discuten sobre quién está mejor ubicado para sacar a Reino Unido de su atolladero del Brexit, altos funcionarios en Bruselas creen que la población del Reino Unido enfrenta un ajuste de cuentas brutal para el que no está preparada.

Los funcionarios de la UE se han venido preparando para las negociaciones con Reino Unido sobre la relación posterior al Brexit durante más de dos años y, tras bambalinas, muchos estados miembros les están exhortando a tomar una línea muy dura.

‘Lo peor’

«Lo que vendrá será mucho más difícil y exigente que lo que hemos visto hasta ahora,» dice un alto diplomático de la UE. “No le deseo a nadie tener que negociar un acuerdo comercial con la UE. Es lo peor que le puede pasar, especialmente si su administración no tiene experiencia en la negociación de asuntos comerciales.»

Cuando se realice — si finalmente algún día se realiza — el Brexit, surgirán inmediatamente una gran variedad de preguntas. Las dos partes deberán hacer todo lo posible para salvaguardar una relación comercial por valor de £650 mil millones (€758 mil millones) en 2018, así como definir los términos de cooperación en todo, desde el transporte aéreo hasta la lucha contra el terrorismo.

Las conversaciones tendrán lugar de acuerdo a una programación muy estricta. El período de transición posterior al Brexit expirará para Reino Unido a fines de 2020 a menos que Gran Bretaña solicite una extensión a mediados del próximo año, algo que Johnson no desea hacer.

Tanto Johnson como Phil Hogan, el comisionado de comercio entrante de la UE, han enfatizado que las dos partes no están comenzando desde cero.

Hogan dijo a la televisión irlandesa RTÉ la semana pasada que Bruselas trataría de iniciar las negociaciones rápidamente, señalando que los 46 años de membresía en la UE de Reino Unido crearon un contexto único: uno en el que Gran Bretaña está integrada en el mercado europeo y en sintonía con sus reglas.

«Con un poco de buena voluntad de ambas partes podemos llegar a un acuerdo más rápido de lo que lo haríamos con cualquier otra negociación en todo el mundo, lo que llevaría tres o cuatro años», dijo.

Johnson dijo en su reunión de la CBI que las dos partes comenzarían las conversaciones «en un estado de gracia en lo que respecta a nuestros aranceles y nuestras cuotas».

«No hay ninguna otra negociación comercial que la UE haya emprendido alguna vez con un tercer país donde ese haya sido el caso,» dijo.

Otra ventaja es que Johnson y la UE ya acordaron una declaración política de 27 páginas que establece su visión compartida de la relación futura. Forma parte del acuerdo del Brexit que firmó con el bloque en octubre.

El núcleo de la relación sería un acuerdo de libre comercio que garantice el acceso libre de impuestos y de cuotas para los bienes, y que proporcione acceso al mercado para servicios al menos similares a los otorgados en los recientes acuerdos comerciales de la UE con Canadá y Japón. La declaración también cubre otras áreas clave de cooperación, como la energía nuclear y operaciones militares conjuntas.

Problemas muy delicados

Sin embargo, los diplomáticos de la UE advierten que llevar a cabo estos planes requerirá de negociaciones muy reñidas, y que la cuestión de hasta qué punto Reino Unido está preparado para cumplir con las normas de la UE será una de los temas altamente sensibles que deben resolverse.

Michel Barnier — el negociador principal del Brexit por parte de la UE — ya ha dejado en claro que Bruselas se guiará en las conversaciones por un principio simple: cuanto más se proponga Reino Unido desviarse de las reglas de la UE en la búsqueda declarada de Johnson para impulsar la competitividad económica del país, más restringido será el acceso de Gran Bretaña al mercado único.

La UE argumenta que se le está pidiendo otorgar a Gran Bretaña un acceso al mercado de bienes que va más allá de cualquier otro acuerdo comercial que el bloque tenga con una economía importante, creando un claro riesgo de competencia desleal para las empresas europeas. Dicho acceso tendrá el precio de atenerse estrechamente a la legislación de la UE sobre los derechos de los trabajadores, las normas medioambientales, las ayudas estatales y otras normas.

Gran Bretaña, por el contrario, argumenta que un acuerdo de libre comercio es una relación económica fundamentalmente menos estricta que la pertenencia al mercado único y a la unión aduanera de la UE, y que sería hipócrita que Bruselas exigiera mucho más alineamiento que el que ha hecho en las negociaciones con otros países. Dominic Raab, ministro de exteriores de Reino Unido, dijo el domingo que el país «no se va a alinear con las normas de la UE».

Algunos de los países que se han mostrado más firmes acerca de la necesidad de un campo de juego regulatorio son — como Países Bajos y Dinamarca — los bastiones de la causa del libre comercio, y aliados cercanos de Reino Unido. «Los aliados de Gran Bretaña estarán sujetos a responder ante sus propios grupos de presión internos,» dice Peter Guilford, exfuncionario de comercio de la UE. «No estarán del lado de Gran Bretaña».

Diplomáticos de la UE subrayan que esto es solo una parte del terreno difícil que las futuras conversaciones de relaciones más amplias necesitarán navegar. Otro es el problema neurálgico del pescado.

En los 28 estados miembros de la UE, el sector pesquero emplea a solo 180,000 personas de acuerdo con Eurostat, una pequeña fracción de la fuerza laboral de 230 millones en toda la UE. Aún así, para Francia y media docena de otras naciones de la UE, la industria es el alma de las comunidades costeras, e insistirán en preservar su acceso a las aguas británicas. Podrían perfectamente bloquear las conversaciones comerciales más amplias si no logran un convenio a su gusto.

El tema es igualmente delicado para el Reino Unido, donde la eliminación de las aguas británicas de la Política Pesquera Común de la UE es aclamada como una de las ventajas del Brexit.

Otros puntos críticos potenciales van desde el veto de España sobre el lugar de Gibraltar en cualquier relación futura, hasta la cuestionada situación de la capacidad de la City londinense para ofrecer servicios financieros a empresas europeas.

La presión aumenta aún más por el apretado calendario. Sin un acuerdo listo el 1 de enero de 2021, Gran Bretaña se arriesga a una salida sin acuerdo con la repentina imposición de aranceles y barreras regulatorias en el comercio entre la UE y el Reino Unido, algo que los economistas advierten que tendría un efecto sísmico en la empresa británica. La ratificación de cualquier acuerdo por parte de la UE promete ser un proceso complejo y prolongado, aunque habrá margen para al menos la aplicación provisional de las partes centrales de un acuerdo comercial una vez que el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo lo hayan bendecido.

Los funcionarios de la UE ya están especulando acerca de que Reino Unido cambie su posición una vez que lidie con los hechos concretos de lo que significa abandonar el mercado único y la unión aduanera.

Cronograma de las conversaciones

31 de enero

Si Reino Unido abandona la UE el 31 de enero de 2020 con un acuerdo de salida, se espera que la Comisión Europea presente a principios de febrero un proyecto de mandato de negociación para el acuerdo de libre comercio.

La esperanza es que los gobiernos nacionales de los Veintisiete otorguen una aprobación rápida, permitiendo que las negociaciones comiencen tan pronto como sea posible — es decir, febrero. Reino Unido también necesitaría aprobar su mandato de negociación.

Junio

Cumbre UE-Reino Unido para hacer balance del progreso en las conversaciones sobre la relación futura.

1 de julio

Fecha límite para que Gran Bretaña solicite una extensión a su período de transición posterior al Brexit más allá de fines de 2020 (hasta fines de 2022). Johnson dijo este mes que no lo extenderá, y que «no ve absolutamente ninguna necesidad de hacerlo». Cualquier extensión requeriría una continuación de la contribución financiera de Reino Unido al presupuesto de la UE.

Finales de 2020

El período de transición de Gran Bretaña posterior al Brexit debe finalizar, lo que significa que para ese momento 1) tendrá un acuerdo de relación futura, o 2) se cerrará su acceso al bloque y comerciará con la UE en los términos básicos (TLC) de la Organización Mundial del Comercio.

Bajo un futuro acuerdo comercial, los importadores y exportadores enfrentarían nuevos trámites y controles aduaneros e industriales destinados a combatir todo, desde enfermedades animales hasta fraude tributario indirecto.

Para Sam Lowe — investigador principal del Centro para la Reforma Europea — «muchas empresas se darán cuenta entonces que la adaptación a un nuevo tratado de libre comercio (TLC) es igual de problemática como si Reino Unido hubiera salido de la UE sin un acuerdo».

Los acuerdos comerciales también suelen ofrecer poco en términos de acceso al mercado de servicios — la columna vertebral de la economía de Reino Unido.

Los diplomáticos de la UE ya están preocupados de que las conversaciones puedan prolongarse indefinidamente, ya que Reino Unido optará gradualmente por vínculos económicos más estrechos que los que puede proporcionar un acuerdo comercial convencional. La política del Partido Laborista es negociar una relación en este sentido, con una unión aduanera y una «relación cercana» con el mercado único.

Marietje Schaake — ex miembro del comité de comercio internacional del Parlamento Europeo — dice: «Reino Unido está bajo presión porque se le acaba el tiempo, pero más debido a las increíbles promesas que se han hecho sobre los beneficios que se materializarán.»

«La realidad es que habrán años de negociación y decisiones difíciles».

Tres áreas de preocupación

1. Un «reglamento light» para Reino Unido

Existe una profunda inquietud en París, Berlín y otras capitales de la UE sobre el curso económico que podría tomar Gran Bretaña después del Brexit — el temor de que pueda convertirse un «Singapur en el Támesis» de regulación muy permisiva. La idea es ampliamente rechazada por el gabinete británico, pero aún así causa preocupación en Bruselas.

Esto ocurriría justo cuando la UE esté yendo en la dirección opuesta: intensificando sus regulaciones ambientales e imponiendo costes crecientes a sus negocios en la misma medida.

Además de exigir que Gran Bretaña continúe respetando las normas clave de la UE tal y como estén al final de su período de transición posterior al Brexit, Bruselas también querrá un sistema que garantice una resolución rápida y potente de cualquier disputa que surja en esta área, una vez que el acuerdo comercial esté en vigencia.

Por su parte, Gran Bretaña notará que ambas partes han acordado que las obligaciones de igualdad de condiciones deben ser «proporcionales» con el «alcance y profundidad» de la futura relación económica, y que Reino Unido está buscando un acuerdo estándar de libre comercio — pero sin pertenecer en toda regla al mercado único.

2. Servicios financieros

Expertos financieros temen que no se esté considerando demasiado a su industria en los planes de Reino Unido, ya que la City de Londres se prepara para perder los derechos de ‘pasaporte financiero’ que conlleva su pertenencia al mercado único — y con ello el derecho a ofrecer servicios en toda la UE.

Si bien los acuerdos de libre comercio de la UE incluyen capítulos sobre servicios financieros, en la práctica hacen poco para abrir mercados. En cambio, la UE opera un sistema de «equivalencia» en el que juzga si otros países tienen regulaciones tan buenas como las suyas, y otorga un mejor acceso al mercado sobre esa base.

Para Reino Unido, se supone que estas evaluaciones de equivalencia se completarán a mediados del próximo año. En principio, Gran Bretaña debería tener pocos obstáculos para la calificación. Pero el temor en la City también es que la equivalencia proporcione una base demasiado frágil para el acceso británico futuro al mercado de la UE, ya que es otorgado unilateralmente por la Comisión Europea y es revocable a corto plazo.

3. Pesca

Para Francia, España, Dinamarca y otros estados costeros, el acceso de sus pescadores a las aguas de Reino Unido es una prioridad. Los diplomáticos de la UE dijeron a Financial Times que, aunque las negociaciones pesqueras fueron técnicamente separadas de las conversaciones sobre un acuerdo de libre comercio, París y otras capitales ejercerán una presión constante para lograr un acuerdo sobre los derechos pesqueros.

«No se trata solo de los franceses: hay siete u ocho estados miembros muy interesados ​​en esto,» dice un alto funcionario de la UE. «Tienen que impulsarlo, ya que para la UE es el momento justo de hacer uso de él.»

Ambas partes dicen que quieren un acuerdo que cubra el acceso recíproco a las aguas, y el derecho de cada país de vender productos pesqueros en los mercados de los otros. Su objetivo es tener un acuerdo así antes del 1 de julio de 2020.

La pregunta es cuánto acceso está dispuesto a garantizar y permitir Reino Unido, dado que está decidido después del Brexit a reafirmar su soberanía sobre sus aguas territoriales. «Seremos un estado costero independiente, tendremos control total sobre él,» ha dicho el ministro de exteriores Dominic Raab.

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Publicado en Financial Times el 20 de noviembre de 2019

Enlace al artículo original: https://www.ft.com/content/fc85d94e-0a28-11ea-b2d6-9bf4d1957a67

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