
THE GUARDIAN — SÁBADO, 27 DE OCTUBRE 2018
Varias empleadas de Sir Philip Green, según las cuales el magnate las habría acosado o acosado sexualmente, recibieron enormes pagos secretos de siete cifras para resolver sus reclamos, informa The Guardian.
Los enormes acuerdos fuera de juzgado formaron parte de una cultura generalizada de silencio en el grupo empresarial Arcadia propiedad de Green, dijo un experto, dentro del cual el multimillonario presuntamente acosaba al personal femenino ya que pocas se atrevían a denunciar, y donde la plana gerencial con frecuencia ignoraba su comportamiento.
The Guardian entiende que hay al menos siete casos por los cuales exmiembros del personal han recibido pagos importantes para resolver quejas de acoso sexual, intimidación o abuso racista contra Green. En varios de esos casos, las sumas involucradas alcanzaron siete cifras.
Los acuerdos, firmados por ambas partes, evitaron que los agraviados hicieran públicos sus reclamos. No se sabe si estos casos se encontraban entre los cinco que estuvieron sujetos al recurso de silencio de la prensa revelado a principios de esta semana.
Un incidente de presunto acoso que llevó a un pago sustancial llegó a ser desestimado por un alto cargo de Arcadia porque «no creyó que realmente hubiera algo malo», dijo una fuente conocedora del caso a The Guardian.
«No creo que esta persona creyera que Philip hacía algo malo, creo que simplemente lo vio así, así es como es.»
En ese caso y en otros donde el personal planteó quejas, [Philip decía] «para asegurarnos de que esto no llegue a la corte y de que nadie se entere, ¿cuántos ceros quieres al final de este cheque?»
La fuente dijo que el comportamiento de Green incluía:
– Entrar en reuniones y dar a las mujeres abrazos persistentes
– Preguntar a las mujeres en las reuniones si eran «chicas traviesas», y si «necesitaban que les diesen una nalgada»
– Tomar por detrás a mujeres en los pasillos para hacerlas asustar, antes de acariciarles los hombros para «tranquilizarlas»
– Llamar a mujeres de «dulzura», «cariño» o «amor», en lugar de por sus nombres
– Decir a mujeres que tenían sobrepeso y que deberían seguir una dieta
– Montar en furia agobiante abusando de personal masculino y femenino frente a sus colegas
Los altos ejecutivos de la empresa eran conscientes del comportamiento de Green, pero «no tenían ganas» de enfrentarse a él, según la fuente. Cuando conversaban sobre el tema entre colegas «[solo decían] ‘Bueno, él es de la vieja escuela, no se puede cambiar a esa generación’. Lo que hacía siempre fue minimizado.»
Green fue identificado el jueves en el Parlamento como el empresario al centro de una batalla legal con el periódico The Daily Telegraph, al que se le ha impedido publicar acusaciones contra él de acoso y abuso sexual y racial de exempleados, lo que ha calificado como un ‘escándalo tipo #MeToo británico’.
El Tribunal de Apelaciones había otorgado una orden provisional que impedía que el periódico publicara detalles del presunto acoso, porque los demandantes habían firmado acuerdos de no divulgación. Esta sentencia revocaba un descubrimiento anterior del tribunal superior, de que la divulgación era de interés público.
El jueves por la noche, Green emitió una declaración que decía: «En la medida en que se sugiere que he sido culpable de un comportamiento sexual o racista ilegal, niego de manera categórica y total estas acusaciones.»
«Arcadia y yo nos tomamos muy en serio las acusaciones y quejas de los empleados y, en caso de que se presente una, se investiga a fondo.»
La fuente describió una cultura dentro de la sede de Arcadia en Colegrave House, en el centro de Londres, por la que Green era «generalmente temido».
«Una cosa que él decía y hacía mucho era entrar en salas de reuniones sin previo aviso, porque esa es su vibra, y les preguntaba a las mujeres en la sala si se estaban ‘portando bien’, si eran niñas traviesas, y si necesitaban una palmada en el trasero. Esa era casi su manera estándar de presentarse en una habitación.»
Las mujeres presentes reaccionaban con ‘risa nerviosa’, pero rara vez se quejaban.
Green era también «muy físico» con las mujeres, según la fuente. «Había muchos abrazos con mujeres, particularmente con mujeres de cargos de mando. Yo los describiría como abrazos demasiado largos y prolongados.»
«Entraba en salas de reuniones donde no necesitaba estar; simplemente entraba, saludaba a la gente y abrazaba a todas las mujeres en la sala. No ponía las manos en lugares inapropiados, solo en sus espaldas, pero los tocamientos eran bastante largos, no solo un abrazo del tipo ‘hola, cómo estás'». Los hombres en la habitación eran recibidos solo con un apretón de manos.
El informante también presenció varias ocasiones en las que Green “venía sigilosamente por detrás de las mujeres que caminaban por el pasillo en la oficina y les gritaba ‘¡Boo!’ o algo que las hiciera asustar, y luego para ‘calmarlas’ les ponía las manos en los hombros. Y las frotaba con un tipo raro de masaje.”
También había «una regla no oficial entre las mujeres de no subirse en el ascensor con él», dijo la fuente.
A una mujer que le pidió que la llamara por su nombre en una reunión de trabajo, y no como «dulzura» o «cariño», Green le dijo que «se callara la boca». La fuente dijo haber presenciado un incidente en el que Green hizo un comentario sobre el peso de una mujer diciendo que «debe ser lesbiana porque ningún hombre se casaría con ella», y otro en el que preguntó a una mujer asiática si «se había comido demasiadas samosas».
«Hacía muchos comentarios sobre mujeres con sobrepeso», agregó la fuente. «Muchas de ellas no tenían sobrepeso, pero simplemente no se ajustaban a sus estándares.»
Green y su esposa, Tina, quien controla el imperio familiar, tienen un valor estimado de £2 mil millones, en gran parte ganados después de su compra de BHS el año 2000 y el Grupo Arcadia, propietario de Topshop, Topman y Burton, dos años después.
El empresario fue nombrado caballero en 2006 por Tony Blair por «servicios al comercio minorista», y en 2010 David Cameron lo nombró asesor para revisar las adquisiciones del sector público. Sin embargo, su reputación se desplomó en 2015 después de vender BHS, de la cual había obtenido cientos de millones de libras en dividendos, por £1 a un exempresario en bancarrota. Más tarde, la empresa colapsó con la pérdida de 11,000 empleos y un déficit de pensiones de más de £500 millones.
Después de llamados de alto nivel para que se le retirara el título de caballero, Green aceptó pagar £363 millones en planes de pensiones.
La fuente dijo: “La cultura en Arcadia gira en gran medida, o totalmente, alrededor de Philip. Entrará a una sala de reuniones, o se sentará con la gente y les preguntará qué están haciendo, ellos intentarán explicarle y él los interrumpe, los llama de estúpidos, dice que pierde su tiempo con ellos, que lo que están haciendo no tiene sentido. Y todo eso a vista y paciencia de otras personas, porque te humilla en público.»
«Intenta justificarse diciendo que se preocupa por Arcadia y sus empleados, pero en realidad creo que simplemente usa su poder para hacer que la gente se sienta como una mierda.»
La fuente dijo que los empleados, particularmente las empleadas, no se atrevían a hablar, y que los gerentes no estaban por la labor de desafiar a Green. «Particularmente, si eres una persona bastante joven, y si es tu primer trabajo, no creo que te sientas cómoda al decir algo malo sobre el dueño de la empresa.»
Del mismo modo, «si estás trabajando para Arcadia y Philip es tu jefe, no creo que haya ningún apetito de decirle de repente, ‘Philip, creemos que realmente has hecho algo malo aquí».
Según las acusaciones en una biografía no oficial publicada a principios de este año, Green dijo una vez a una compradora en una de sus tiendas: «Eres total y jodidamente inútil. Debería tirarte por la ventana, pero estás tan gorda que probablemente rebotarías hasta aquí de nuevo».
El libro ‘Damaged Goods’ [doble sentido, que significa ‘mercancía dañada’ y también ‘persona trastornada’], del periodista del Sunday Times Oliver Shah, también informó que un alto ejecutivo negro había renunciado después de una pelea con Green. Wesley Taylor, director de marca de Burton, alegó que Green había usado lenguaje racialmente abusivo en su contra en varias ocasiones, y amenazó con llevarlo a un tribunal de trabajo. El asunto fue resuelto extrajudicialmente. Green negó haber hecho comentarios racistas.
La biografía también indica que el hombre de negocios a menudo hacía llorar a personal femenino, y que «le encantaba maltratar» al personal superior.
