
A casi cuatro décadas de ‘Mean Streets’, la incombustible pareja sigue incendiando la pantalla
¿Cómo llamar a un cuarteto de películas sobre violencia de pandillas, realizado por el mismo director y con el mismo protagonista, que logra un éxito de taquilla único, rico e incalculable para nuestros tiempos? ¿Jodida obra maestra? ¿Ciclo de Exprimido (como una lavadora, por eso de ir exprimiéndole el cuello a la gente)?
Martin Scorsese y Robert De Niro son responsables de muchas películas, pero hay algo profundamente especial en sus dramas de gángsters. Este canon cinematográfico ya abarca casi medio siglo, desde Mean Streets (1973) hasta The Irishman (2019), con Goodfellas (1990) y Casino (1995) completando la tetralogía (también da crédito a Nicholas Pileggi, autor original y codiseñador de escenarios de aquellas películas intermedias, cuya experiencia como reportero de policiales seguramente les aumentó la autenticidad).
No nos atrevemos a esperar una quinta obra maestra de la mafia. La edad combinada de De Niro y Scorsese es ahora de 152 años. Pero tampoco esperábamos al irlandés: la película, que pronto llegará a los admiradores que la pareja tiene en todas las partes del planeta, no muestra signos de cansancio en artesanía, pasión o tensión dramática.
Pasión. Eso es lo que en esencia son, estos concursos dinásticos-fraternos-letanísticos del bien y el mal, el amor y el odio, el compañerismo y el delito grave: la pasión está en movimiento. La música de Casino comienza y termina con la Pasión de San Mateo de Bach. Agregue la reinterpretación en El Irlandés de «Passion» de Peter Gabriel que apareció en La última tentación de Cristo. Agregue la antigua «Munasterio ‘e Santa-Chiara» de Mean Streets.
¿Por qué comenzamos con la música? Porque eso es lo que es este cine: música, incluso cuando no hay música. En medio de los baños de sangre visuales que abundan en el catálogo gansteril de Scorsese y De Niro es imposible olvidar que don Martin es, primero que nada, un católico con bagaje completo de temas de martirio y motivos de expiación de sangre y, después, un estilista impregnado de estética musical.
Su cámara rara vez se está quieta: se mueve al ritmo de un ballet de significados. Véanse aquellos virtuosos travellings que delinean un camino de pasos de baile para sus personajes a través de calles o cocinas, casinos iluminados o corredores de hotel. Véanse también sus secuencias de montaje: esos pasajes que combinan con su narrativa de concertina, sirviendo de fuelle al sonido de los super-hits que evocan con precisión un lugar, un tiempo, un estado de ánimo: del pop al rock, pasando por los clásicos religiosos.
Esos montajes pueden llenarse, simultánea y competitivamente, con narración de voz en off. Pero ese es otro idioma de Scorsese, que domina con tal ritmo y estilo que también puede llamarse música (tome en cuenta los malos thrillers de otros directores, ahogados en su uso prosaico de la voz en off).
Podríamos agregar The Departed y Gangs of New York a la gran obra de gángsters. Pero no tienen a De Niro, y esa es la diferencia. El equipo de Bob y Marty enciende otro fuego bajo la narración de la pantalla. DiCaprio, Damon y Day-Lewis son buena yesca. Pero De Niro comienza sus papeles con una intensidad crepitante, que luego mantiene sin quemarse nunca.

Es una ironía que siempre me haya encantado que en su primera película para Scorsese, Mean Streets, De Niro hiciera de Joe Pesci mientras Harvey Keitel actuaba de De Niro. El joven RDN adquiere en el papel de «Johnny Boy» el carácter volátil como la nitroglicerina, el demonio que responde con violencia a cada provocación, mientras que Keitel es el edecán del capo que arde suavemente en furia. Keitel interpreta una versión más joven del papel que su coprotagonista llegó a hacer suyo en Goodfellas, Casino y The Irishman. De Niro vio, por inteligencia o por instinto, que un protagonista en estado estacionario es más interesante, más multivalente, más «peligroso» en su amenaza incendiaria contenida, que el delincuente que va echando balazos a lo loco.
¿Cuál es el eje de este gran paquete de cuatro películas? Es el tema del amor trastornado; de lo que le sucede al amor cuando está frustrado, negado o corrompido. Todos quieren amar a todo el mundo. Ese es el núcleo y la esencia del mundo italiano-estadounidense de Scorsese. Pero el amor aquí camina sobre el límite de la cordura. Cuando se vuelve loco también se vuelve fanático, fisionable, partidista y obsesionado con la lealtad, y nace la mafia (o bueno, no solo la mafia. La Murphia, en El Irlandés. Kosher Nostra en las modulaciones judías de Casino). No se puede amar a todos, así que aquellos a quienes no se puede amar reciben odio.
La confianza es el credo y el criterio. Cuatro veces consecutivas, superando en número a las negativas de San Pedro, De Niro pregunta a Sharon Stone en Casino: «¿Puedo confiar en ti?» No puede. Sale el amor, entra el odio. Este último, en estas historias, incluye al amor, ya que el tributo final que los famigliari rinden a sus enemigos es abrazarlos hasta la muerte. Tome en cuenta las veces que la mortalidad se entrega con un abrazo. En The Irishman, De Niro se acerca la cabeza del Jimmy Hoffa de Pacino para llenársela de balas. Cuando Joe Pesci mata al personaje de «Anna Scott» en Casino, acunándole la cabeza sangrante mientras su cuerpo cae, inerte. Como si quisiera que la sangre lamiese y purificase el suelo.
Es un mundo de hombres. Las mujeres no son muy solicitadas. Son esposas o novias o madres. La empresa familiar, con «f» minúscula, es el papel femenino. La única excepción es la parte de Stone en Casino, que puede ser la mejor parte que se ha escrito para un personaje femenino en una película de gánsters. Es un curso acelerado que hace que una vida común se concentre, en aceleración de partículas, a través de un solo y trágico matrimonio. Scorsese retrata la deformación de un legado de amor. Del amor deshecho por el dinero, el crimen y la búsqueda del poder. Del amor deshecho porque busca expresarse, incluso sostenerse, a través del dinero, el crimen y la búsqueda del poder.
El mundo de los gánsters de Scorsese no es solo condenatorio y catártico. También es divertido: divertido-consternado. Son comedias negras como Volpone, de Ben Jonson. La gran escena seria-hilarante tiene que ser el amedrentamiento de Pesci a Ray Liotta en Goodfellas. «¿Crees que soy gracioso[o raro]?» Nuestro terror va al límite, asoma por el borde, tiene vértigo, piensa que va a morir. Entonces el pinchazo revienta el globo: está bromeando (elija el significado de ‘pinchazo’ que quiera). Casi todos son así en estas películas. Pero son unos hijoputas tan grandiosos o estruendosos, tan complejos o problemáticos que, en el mejor de los casos, no solo logra ser jonsoniano sino, directamente, shakespeareano.
Todavía no puedo creer, cuatro décadas después, que una vez fui a cenar con una pareja estadounidense que dirigía una cadena de cines en Londres y cuyo otro invitado era un cineasta italiano-estadounidense locuaz, de baja estatura y treintaitantos años — entonces desconocido — que tenía una sobredosis de asma. Debe haber sido en 1973 o 1974. Estuvo todo el tiempo colgado de su inhalador. Hablaba muy rápido. Sospeché que terminaría quemado de los nervios a los 40 años. Estaba hablando de una película que recién empezaba a planear con un joven actor, también apenas conocido, en la que un taxista psicótico deambula por Nueva York buscando corregir el mal en el mundo…
Ese fue mi primer encuentro con Martin Scorsese. Y todavía está aquí. También lo está De Niro. Y Taxi Driver se mantiene como un referente insuperable para una gran saga de gánsters en pantalla. Lo que demuestra que el mundo es tan impredecible, emocionante y milagrosamente desadaptado como estos dos hombres se han propuesto mostrar en sus películas sobre el crimen. A veces ese mundo simplemente tiene suerte. Y todos nos beneficiamos. Especialmente si nos gusta ir al cine.
Artículo de Nigel Andrews publicado en Financial Times el 1 de noviembre de 2019
Traducido por Alejandro Tellería
Enlace a la publicación original: https://www.ft.com/content/36a834ec-f97f-11e9-a354-36acbbb0d9b6
