
THE DAILY TELEGRAPH — SÁBADO, 16 DE MARZO 2019
Los gigantes de la tecnología han sido advertidos anoche de que «ya es suficiente», después de que la masacre de 49 personas en dos mezquitas en Nueva Zelanda fuera transmitida en directo globalmente en el primer «ataque terrorista para redes sociales».
El ministro del interior Sajid Javid ha condenado el fracaso de las tecnológicas para impedir que el video de 17 minutos se compartiera durante más de 10 horas, después de que el asesino confeso y supremacista blanco Brenton Tarrant abriera fuego contra musulmanes durante la oración.
En respuesta a un tuit en el que Youtube afirmaba que estaba trabajando para eliminar las imágenes, Javid dijo que Youtube, Google, Facebook y Twitter «realmente necesitan hacer más para evitar que se promueva el extremismo violento en sus plataformas». Y añadió: «Háganse cargo de su responsabilidad. Ya es suficiente.»
El presidente del comité de cultura de la Cámara de los Comunes Damian Collins dijo que el hecho parecía ser «un ataque terrorista diseñado para las redes sociales» que demostraba porqué tenía que existir una «regulación legal de la distribución de contenido en línea a través de redes sociales».
Tarrant — de 28 años y natural de Grafton (Australia) — transmitió en directo su orgía de sangre en Facebook después de publicar enlaces a un “manifiesto” de 73 páginas y lleno de odio en 8chan, un sitio con millones de usuarios anónimos vinculado anteriormente al intercambio de pornografía infantil.
El video le mostraba entrando a la mezquita de Al Noor, en Christchurch (Nueva Zelanda), a las 13:30 en uniforme militar y matando a 41 feligreses. Siete personas fueron asesinadas a tiros dentro o cerca de la mezquita de Masjid y 48 resultaron heridas, mientras la víctima número 49 murió en el hospital. Tarrant fue arrestado junto con otros dos hombres y una mujer, y más tarde compareció ante el tribunal acusado de asesinato.
No solicitó la fianza y fue puesto bajo custodia hasta su próxima comparecencia ante el tribunal, programada para el 5 de abril.
Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, dijo en una conferencia de prensa anoche que Tarrant tenía un pequeño arsenal de armas semiautomáticas y una licencia de armas vigente. «Puedo decirles una cosa en este momento: nuestras leyes sobre armas cambiarán,» dijo.
Tarrant maximizó su impacto en las redes sociales al resaltar su ataque en 8chan media hora antes. Etiquetando a Pewdiepie, un «youtuber» británico con 89.5 millones de suscriptores, y a Candace Jones, comentarista conservadora estadounidense con 1.13 millones de seguidores en Twitter, el asesino se generó publicidad con los intentos que las personalidades hicieron para distanciarse de él. Su «manifiesto» — donde dice que «Fortnite me entrenó para ser un asesino» — fue diseñado de manera similar para estimular la reacción de los seguidores del juego.
Anoche también trascendió que, tres días antes del tiroteo, Tarrant publicó en su cuenta de Twitter fotos de sus armas pintarrajeadas con consignas de ultraderecha.
El asesino también parece haber esquivado las herramientas de inteligencia artificial utilizadas para bloquear contenidos perturbadores en Facebook y Youtube, que ayer tuvo problemas para responder en tiempo real. El video de Facebook con los asesinatos fue visualizado 23,000 veces en una hora, y solo fue retirado después de que lo vieran 239,924 personas.
Unas 10 horas después del ataque, las imágenes aún se compartían en Youtube.
Tom Watson, vicepresidente del Partido Laborista, dijo que la respuesta «no fue lo suficientemente buena» después de que Youtube, propiedad de Google, «revisara» una copia del vídeo antes de eliminarlo. Facebook dijo haber actuado rápidamente para eliminar las cuentas y el video de Tarrant, solamente después de ser alertada por la policía. Youtube dijo que estaba «trabajando de manera exhaustiva para eliminar imágenes violentas». Y un portavoz de Twitter dijo que tenía «procesos rigurosos y un equipo dedicado» para tales emergencias.
Theresa May dijo que el gobierno esperaba que las empresas de tecnología «actuaran más rápidamente para eliminar el contenido terrorista». Su portavoz dijo: «No debería haber espacios seguros para que los terroristas promuevan y compartan sus puntos de vista extremos y radicalicen a otros».
May envió las «más profundas condolencias de Reino Unido» a Nueva Zelanda, y agregó que atacar a personas en su lugar de culto era «despreciable».
En Estados Unidos, Donald Trump dijo que no creía que la masacre demostrara que el nacionalismo blanco era un problema creciente. «Realmente no lo creo. Pienso que es un pequeño grupo de personas,» dijo a periodistas en la Oficina Oval.
El ataque comenzó de manera rutinaria, con 300 personas asistiendo a las oraciones del viernes dentro de la mezquita Al Noor, ubicada cerca del Parque Hagley de la ciudad.
Farid Ahmed, que estaba entre la congregación, describiría el ambiente previo como «pacífico, tranquilo y silencioso. Como es cuando comienza el sermón, se puede escuchar una caída de alfiler” mientras los fieles se acomodaban para escuchar el sermón de su imam. Luego vendrían los ensordecedores chasquidos de disparos.
Segundos después, el pánico se extendía por la mezquita Al Noor de Christchurch cuando los que estaban dentro se dieron cuenta de lo que sucedía, tratando desesperadamente de huir o refugiarse de las balas.
Para cuando terminó la carnicería 41 personas yacían muertas, y siete más murieron en un centro islámico a pocas millas de distancia. La víctima número 49 murió en el hospital donde los otros 48 estaban siendo atendidos, muchos de ellos por heridas de bala.
Mientras los neozelandeses intentaban aceptar los terribles hechos que habían presenciado Jacinda Ardern, su primera ministra, lo describió como uno de los «días más oscuros» del país.

