
THE INDEPENDENT — SÁBADO, 23 DE JUNIO 2018
La presión para hacer leyes más estrictas en torno a la pornografía de venganza aumenta sobre el gobierno, lo que podría resultar en penas de prisión de más de dos años para los culpables más graves, y en la inclusión de su nombre en el registro de delincuentes sexuales.
La parlamentaria conservadora Maria Miller busca enmendar el nuevo proyecto de ley del llamado ‘upskirting’ para cubrir también el intercambio no consensual de imágenes y vídeos explícitos en línea, así como otros crímenes basados en imágenes que «hacen de las vidas de las mujeres un infierno.»
La pornografía de venganza se convirtió en un delito en 2015 y conlleva una sentencia de hasta dos años de prisión, pero la ex ministra del gabinete quiere convertirla en una ofensa sexual específica que ofrezca anonimato a las víctimas y sentencias más largas.
El tema aparece en los titulares al conocerse que Zara McDermott, ex consultora de gobierno, y Laura Anderson, azafata de vuelo, supuestamente han sido víctimas de la divulgación de sus imágenes y vídeos íntimos mientras aparecían en Love Island, el popular ‘reality’ de televisión.
Miller — quien preside el Comité de Mujeres y Igualdad — dijo que esa ley tenía que cambiar, ya que muchas personas consideraban que la venganza pornográfica era «estúpida o vengativa» en lugar de tener una motivación sexual.
«Las víctimas sienten como si hubieran sido violadas. Después de todo, es un acto sexual sin permiso, y esa es la definición de violación.»
La parlamentaria también condenó los ataques pornográficos de venganza contra las mujeres de Love Island, y dijo que «el abuso de imágenes íntimas puede afectar a todos y convertirlo en un delito sexual — con las consecuencias que conlleva — ayudaría a demostrar que no es aceptable y que las víctimas, en su mayoría mujeres , no tienen la culpa.»
La blogger estadounidense Lena Chen, una de las primeras víctimas conocidas del porno de venganza, ha hablado sobre cómo el acoso y el abuso la obligaron a cambiar su identidad porque «todavía sentía que me estaban siguiendo, y por eso me mudé y cambié mi nombre, por lo que el acoso no me pudo seguir.»
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