Laboristas contra Laboristas

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METRO — LUNES, 16 DE DICIEMBRE DE 2019

Indignación por parlamentaria que llamó «estúpidos» a los votantes por el Brexit del norte

Los estudios post-electorales del Partido Laborista han desembocado en una encarnizada guerra civil ayer.

En medio del debate sobre quién debe suceder a Jeremy Corbyn a la cabeza del partido, un parlamentario ha denunciado acusaciones de que una parlamentaria no reelecta ha llamado de estúpidos a los electores del norte de Inglaterra.

Emily Thornberry (foto izquierda) estaría preparando acciones legales luego de que Caroline Flint (foto derecha) culpara a «ardientes Remainers [que apoyan la permanencia en la UE]» como ella y Sir Keir Starmer por los desastrosos resultados de su partido.

Flint — quien perdió su escaƱo a manos de los conservadores en la circunscripción pro-Brexit Don Valley (South Yorkshire) — dijo: Ā«No creo que nadie que haya contribuido a elaborar nuestras polĆ­ticas europeas en los Ćŗltimos aƱos sea creĆ­ble como lĆ­der, porque no creo que pueda recuperar esas circunscripciones electorales.Ā»

Ā«Keir Starmer nos llevó a una polĆ­tica que no escuchaba las voces de los laboristas pro-Brexit que pedĆ­an precaución, nos guió por el camino de un segundo referĆ©ndum, y me temo que Emily Thornberry tambiĆ©n lo hizo porque le dijo a uno de mis colegas, ‘me alegro de que mis electores no sean tan estĆŗpidos como los tuyos’,Ā» dijo Flint.

Sus comentarios llevaron al laborista Richard Burgon a aceptar que la posición del partido sobre la celebración de otro referéndum de la UE «fracasó».

Sin embargo Burgon — ministro de justicia de la oposición y parlamentario por Leeds East que sigue siendo aliado clave de Corbyn — atribuyó la derrota laborista a que las elecciones eran como Ā«las elecciones del BrexitĀ» y defendieron el manifiesto socialista del partido.

Sobre la posición laborista acerca del Brexit, sostuvo: ā€œCreo que fue correcto intentar unir al paĆ­s sobre esa base. ĀæFalló? Tenemos que estar abiertos a aceptar que falló. Fue un resultado electoral desastroso y por eso lo lamentamos realmente.ā€

También criticó a los periódicos The Sun y Daily Mail por haber llevado a cabo una «campaña de demolición» contra Corbyn. «Creo que el error mÔs grande que cometió el Partido Laborista fue quizÔs subestimar el deseo de que las personas que votaron por el Brexit querían salir de la Unión Europea,» agregó Burgon.

Respaldó a Rebecca Long-Bailey — ministra de comercio de la oposición — para suceder a Corbyn y dijo que estĆ” Ā«pensandoĀ» postularse como su sucesora.

Mientras tanto John McDonnell, el canciller de oposición saliente, pidió disculpas por su papel en la campaƱa. TambiĆ©n dijo que el próximo lĆ­der laborista deberĆ­a ser una mujer — lo que la convertirĆ­a en la primera en liderar el partido — y dijo que era Ā«probablemente el momento para un candidato no metropolitano,Ā» diciendo que Ā«necesitamos una voz del norteĀ».

El laborismo debe trasladar su sede al norte

El Partido Laborista deberĆ­a mudar su sede nacional de Londres para recuperar la confianza perdida, dice Lisa Nandy, potencial candidata al liderazgo.

Reconociendo que es un «camino muy difícil» recuperar a los votantes laboristas en las ciudades de todo el norte, la parlamentaria por Wigan y exmiembro del gabinete de oposición pidió que las estructuras de toma de decisiones del partido se muden de la capital, después de confirmar que estÔ «considerando seriamente» competir por el liderazgo.

«Nuestra sede laborista, en mi opinión, debería mudarse fuera de Londres. Nuestras oficinas regionales deberían estar facultadas para tomar decisiones reales; deberíamos trasladar nuestras conferencias del partido a pueblos y ciudades,» dijo.

Esta es la Gran BretaƱa de Boris Johnson

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CrƩdito: Arno Mikkor / EU2017EE / Creative Commons Attribution 2.0 Generic Licence

Su impacto en el corto plazo ha sido revolucionario, y su rotunda victoria significa que puede rehacer el paĆ­s

La Gran Bretaña que ha surgido hoy es diferente de la que había antes, luego de haberse borrado su antiguo mapa político, de que volcara su modelo económico, de dejar todas sus perspectivas inciertas; incluso su propia unidad aún estÔ en duda. La Gran Bretaña que construyó Tony Blair ya no existe, herida fatalmente por el referéndum del Brexit de David Cameron y ahora disuelta por la marea provincial de apoyo de los conservadores de Boris Johnson.

Para comprender la escala de lo que sucedió hay que recordar que, hace menos de cuatro años, Johnson todavía era alcalde de Londres y no se había decidido a respaldar a la salida o a la permanencia en el referéndum. Cameron era primer ministro, con la primera mayoría conservadora en mÔs de 20 años, y la economía de Gran Bretaña se encontraba entre las mÔs dinÔmicas de Europa. Una encuesta realizada el día antes de que Johnson anunciara que apoyaba el Brexit mostraba que la preferencia por permanecer en la UE estaba 15 puntos porcentuales por encima de la salida.

Con la votación para el Brexit, Reino Unido entró en un período de drama político continuo. Johnson ayudó a precipitar una crisis, se benefició de ella y luego convocó las elecciones del jueves 12 de diciembre para ponerle fin. En su triunfo, no solo mató a la Gran Bretaña de Blair, sino también al conservadurismo de Cameron.

En los seis meses desde que Johnson reemplazó en el cargo a Theresa May, su impacto ha sido revolucionario. Se deshizo del ala mÔs liberal del Partido Conservador, radicalizó el acuerdo de divorcio de Gran Bretaña con la Unión Europea, y ganó un fuerte mandato del público para llevarlo a cabo. Al hacerlo, ha eliminado las posibilidades de la oposición de bloquear el Brexit y ha puesto al país en camino hacia un futuro no solo fuera de la UE, sino también uno que restablezca su orden regulatorio, legal y económico.

Es, en esencia, una notable historia de cambio político provocada por votantes y políticos, y por un político en particular. Quienes trabajaron en la campaña Vote Leave de 2016 creen que, sin el apoyo de Johnson, el Brexit no habría sucedido. Y sin el Brexit, Johnson habría sido completamente incapaz de luchar contra la campaña que hizo, abriéndose paso en Ôreas que no han votado por los conservadores por generaciones pero que cambiaron su voto, aunque con escepticismo, para «realizar el Brexit». Y sin embargo, si bien esta es una historia con un personaje principal, también se trata de las profundas corrientes estructurales y demogrÔficas que trabajan debajo de la superficie, erosionando el corazón histórico del Partido Laborista y arrastrando a Johnson a la victoria gracias a una nueva coalición de votantes, transformando a los conservadores en un partido que da mÔs prioridad a la soberanía nacional y al control de la inmigración antes que al crecimiento económico, que tuvo la suerte de enfrentar a un Partido Laborista mÔs alejado de sus bases que nunca.

Para comprender la interacción entre el triunfo de Johnson y las fuerzas que él contribuyó a desatar en el referéndum del Brexit, fui a hablar con expertos de alto rango de la campaña conservadora y de la laborista, con ministros del gabinete, con el propio Johnson, con candidatos a las elecciones, con activistas del partido, con encuestadores y con amigos del primer ministro.

RegresĆ© al pueblo del noreste de Inglaterra donde crecĆ­Ā para empezar a contar esta historia. Fue aquĆ­ en Sedgefield — era parlamentario por esta circunscripción — dondeĀ Tony BlairĀ comenzó su carrera polĆ­tica, donde su mĆ”quina laborista tenĆ­a el control total. Es decir, hasta anoche.

Cuando mis padres se mudaron a Sedgefield, en 1987, Blair era solo otro miembro del parlamento. Margaret Thatcher era primera ministra, recién llegada de una segunda victoria electoral. Incluso entonces, en el clímax de los poderes de Thatcher, Sedgefield y el noreste mÔs amplio permanecieron tan orgullosamente independientes de esa tendencia que la marea conservadora no los pudo alcanzar. Siempre fue difícil imaginar algo mÔs. En mi vida temprana, Blair era una figura siempre presente. Mis padres eran activistas laboristas; me llevaban a las reuniones laboristas cuando hablaba; una vez él me hizo un té en pijama. Aunque sus visitas fueron mÔs esporÔdicas a medida que surgió en la conciencia nacional, la operación política de Blair aquí abarcaba todos los aspectos.

Y siguió asĆ­ despuĆ©s de la partida de Blair: en 2017, los siete distritos electorales en el condado de Durham, donde se encuentra Sedgefield, votaron a los laboristas, como lo habĆ­an hecho durante los Ćŗltimos 25 aƱos. Esta parte del paĆ­s — abrumadoramente blanca, en gran medida de clase trabajadora, mĆ”s pobre que el promedio y ahora mĆ”s vieja que el promedio — era el nĆŗcleo del partido, con votantes que lo habĆ­an seguido durante generaciones atados por la cultura, la polĆ­tica y la economĆ­a. Incluso cuando el Partido Laborista se transformó con Blair, volviĆ©ndose mĆ”s económicamente centrista y menos izquierdista, le apoyaron.

Ese mundo ahora casi ha desaparecido. Escaño tras escaño en el noreste, los laboristas fueron barridos del poder. En antiguas aldeas mineras, ciudades industriales, valles rurales y finalmente en el reducto de Blair, Sedgefield. Temprano en la mañana del viernes, el resultado fue confirmado: por primera vez desde 1931, la circunscripción que sirvió como trampolín al poder de Blair había votado a los conservadores.

El resultado fue anunciado en el centro cĆ­vico Spennymoor, donde yo iba a nadar de niƱo. Phil Wilson, el parlamentario que reemplazó a Blair en 2007, estaba parado fuera de una sala de deportes utilizada por el club local de tae-kwon-do, rodeado de equipos de cĆ”maras de prensa. Liberado por la magnitud de la derrota del partido, con la voz quebrada por la emoción, dejó que sus verdaderos sentimientos se derramaran. El partido habĆ­a perdido el contacto con sus votantes, su visión del mundo parecĆ­a antipatriótica, sus promesas económicas increĆ­bles, su cultura interna intolerante, desagradable, vengativa. Pero sobre todo su lĆ­der, Jeremy Corbyn, era simplemente inadmisible para un nĆŗmero demasiado grande de electores. Por cada uno que decĆ­a a Wilson que no podĆ­a apoyar al laborismo porque no apoyaba el Brexit, habĆ­a cuatro o cinco que seƱalaban a Corbyn, dijo. Ā«Una y otra vez,Ā» me dijo un activista laborista que trabajaba para Wilson, Ā«nos decĆ­an: ‘estoy votando por Boris’.Ā»

Boris, no los conservadores.

Johnson no puede reclamar la responsabilidad exclusiva de este cambio; ha tardado mucho en llegar. Durante mƔs de una dƩcada, las mayorƭas electorales del laborismo aquƭ se redujeron, como parte de una tendencia demogrƔfica mƔs amplia que se vio con mayor dureza en el referƩndum del Brexit de 2016.

Con el tiempo, el voto laborista se ha vuelto mÔs metropolitano, mÔs rico, mÔs diverso, mÔs joven y mÔs educado, mÔs en línea con la permanencia en Europa. El voto conservador se ha vuelto mÔs pobre, mÔs blanco, mÔs viejo, menos educado y mÔs provincial, como el Brexit. Este cambio fue acelerado por el referéndum de la UE, que reflejó estas líneas divisorias emergentes, reemplazando las lealtades de clase que se habían mantenido en gran medida desde la Segunda Guerra Mundial.

El cambio demogrĆ”fico del voto de cada partido significó que grandes Ć”reas del paĆ­s estuvieran en juego en esta elección. Mientras que la clase trabajadora en el condado de Durham — que votó por el Brexit — se ha vuelto menos laborista, la próspera Inglaterra metropolitana — que votó por la permanencia — ha ido en la otra dirección. En Lewisham Deptford, la circunscripción del sureste de Londres donde ahora vivo, por poner un ejemplo, el voto laborista ha aumentado en las Ćŗltimas dĆ©cadas. Anoche, los laboristas se aferraron a Ć©l con mĆ”s del 70 por ciento de los votos.

Johnson, entonces, no solo heredó un cambio que ha estado desarmando lentamente el mapa político de Gran Bretaña durante décadas, sino que lo hizo en el mismo momento en que el acelerador aplicado por el referéndum de la UE le indicó que finalmente podría pintar docenas de asientos laboristas del color azul de los conservadores.

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Con salpicaduras de barro en su traje, con la corbata sobre su prominente estómago, Johnson entrecierra los ojos ante mi pregunta. Yo estaba con Ć©l cuando hacĆ­a campaƱa en Salisbury — la ciudad a 90 millas de Londres que se hizo famosa por el intento de asesinato de un espĆ­a ruso y su hija en 2018. Le preguntĆ© quĆ© hacĆ­a para relajarse. RiĆ©ndose, Johnson respondió: «¿QuĆ© voy a hacer, aparte de unas cuantas ecuaciones cuadrĆ”ticas y leer filosofĆ­a pre-socrĆ”tica?Ā» «¿Entonces no estĆ”s agotado?Ā» le preguntĆ©, presionĆ”ndolo para que me dijera algo, cualquier cosa, que pudiera revelar un poco del hombre detrĆ”s del personaje. Riendo de nuevo, dijo: Ā«Soy como un resorte de acero. Estoy tan en forma como el perro de un carnicero. Soy como … Ā”como un resorte en espiral listo para saltar!Ā»

Nuestro intercambio de palabras no tenƭa mayor sentido mƔs que el de un divertimento ligero para Johnson y sus ayudantes, quienes se rieron junto con Ʃl. Las respuestas formaron parte del papel de erudito e intelectual que ha perfeccionado desde la escuela. Pero sƭ mostraron algo mƔs profundo sobre su campaƱa y tambiƩn una instantƔnea de Johnson, el hombre.

Esto, después de todo, era un clÔsico de Johnson, que es dar la apariencia de una jovialidad caótica y libre que no dice nada que le distraiga de su guión de campaña. Si hubiera ofrecido una visión genuina de cómo se relaja, habría arriesgado salir en titulares mediÔticos a crear en la conciencia nacional una imagen que no podría controlar. Cameron, quien se despertaba antes del amanecer todos los días para revisar sus documentos oficiales, cultivó una reputación de chillaxing que era a la vez injusta y reveladora. En el caso de Johnson, todos en Gran Bretaña le conocen o al menos conocen el personaje que ha creado, pero muy pocos parecen entenderlo de verdad.

Desde que se convirtió en primer ministro, Johnson ha llevado a cabo una campaƱa centrada, incluso aburrida, para convertir a la minorĆ­a que heredó en su propia mayorĆ­a. Esto revela mĆ”s al verdadero Johnson. Debajo del pelo rubio desordenado y la ropa, los documentos sobre filosofĆ­a griega y las interminables multas de estacionamiento, hay un hombre obsesionado con su propio ascenso que ha ganado todos los concursos de popularidad en que ha participado — desde la escuela, pasando por la universidad y la polĆ­tica — hasta este momento, la Ćŗnica carrera que realmente le ha importado. Es un hombre que exuda caos, pero que ha demostrado una y otra vez que estĆ” preparado para mostrar una enorme disciplina, reunir expertos a su alrededor, capacitarlos y escuchar sus consejos. Se eriza e ignora a cualquier persona con autoridad real sobre Ć©l, sea un lĆ­der de su partido o el editor de un periódico (antes era periodista) pero, cuando Ć©l es la autoridad, no duda en pedir ayuda. En palabras de un excolega que trabajó estrechamente con Ć©l, Ā«es un jugador de equipo terrible, pero es un buen capitĆ”n de equipoĀ».

Las últimas siete semanas son la culminación del trabajo de toda su vida para convertirse en primer ministro y ganar una elección general. Johnson realizó una campaña de una disciplina comparable a la que intentó su predecesora, May, y fue rechazada en 2017. May se pegó al guión que le daban, decir que solo ella ofrecía el liderazgo «fuerte y estable» requerido para llevar a cabo el Brexit; de manera similar, Johnson insistió en que solo una mayoría conservadora bajo su liderazgo podría «lograr el Brexit». Al igual que May, Johnson también prometió a los votantes el fin de la austeridad de los años de Cameron. Johnson estaba difundiendo el mismo mensaje contra el mismo oponente laborista que May. Y sin embargo, las dos campañas lograron resultados diametralmente diferentes. ¿Por qué?

Primero, lo Ā«fuerte y estableĀ». Contradictoriamente tal vez, la campaƱa de Johnson fue mĆ”s disciplinada que la de May — la cual tenĆ­a una apariencia externa de estructura, pero estaba dividida en la estrategia y marcada fatalmente por el ego, la arrogancia, la ingenuidad polĆ­tica y, en Ćŗltima instancia, su debilidad a la hora de servirse del liderazgo de consejeros y asesores rivales. La campaƱa de Johnson fue mĆ”s firme, tomó a la oposición mĆ”s en serio y mostró mĆ”s crueldad polĆ­tica al cerrar las Ć”reas problemĆ”ticas expuestas durante la campaƱa de May.

Si bien las campaƱas de Johnson y May hicieron la misma oferta central — el fin de la pertenencia de Gran BretaƱa a la UE y una reversión de la austeridad — Johnson lo empaquetó de manera mĆ”s atractiva: como el tipo de cambio que la gente querĆ­a, no uno que temĆ­an. Representó un retorno a la normalidad que el paĆ­s anhelaba, a partir del status quo actual de recortes y caos. No ofreció cambios importantes en el tamaƱo del estado, ni en los servicios pĆŗblicos, los impuestos o el gasto pĆŗblico. La estrategia de Johnson era dar a la gente la oportunidad de cambiar las cosas malas de la polĆ­tica, sin que teman lo que harĆ­a un gobierno conservador con esta licencia.

En Salisbury, cuando se le preguntó porqué su campaña era tan aburrida, Johnson respondió: «Yo no soy el artista, solo soy el tema del cuadro: el que tiene que aplicar un rico claroscuro al lienzo eres tú». El claroscuro es una técnica artística utilizada para contrastar la luz y la sombra, dando vida y profundidad a una pintura. Sin embargo, en la campaña, el propio Johnson era el claroscuro, que tenía que sumar al lienzo monótono que estaba ofreciendo al electorado.

Finalmente, Johnson tampoco podía permitirse un mensaje vívido y en tecnicolor, porque eso era lo que tenía su oponente: Corbyn prometía una abierta generosidad del gobierno, renacionalizando una serie de servicios y expandiendo el estado. Johnson solo pudo ganar con el Brexit, porque le permitía cambiar la demografía del voto britÔnico, y por la buena suerte de tener como contrincante a Corbyn, el candidato a primer ministro mÔs impopular de la historia moderna. Si Johnson se hubiera desviado de su rumbo, habría entrado a los fuertes vientos que soplaban a favor de Corbyn: la década de austeridad, el lamentable crecimiento de las ganancias, los mayores tiempos de espera en los hospitales y el deseo de algo nuevo.

La campaƱa conservadora, y el propio Johnson, cometieron errores, y los laboristas dieron algunos golpes serios. Sin embargo, Johnson se apegó en gran medida a su tarea, entregando el mensaje mĆ”s potente para Ć©l y mĆ”s peligroso para Corbyn. Las circunstancias jugaron a su favor, y fue Ć©l quien las aprovechó. De todos los factores que afectan una campaƱa, un experto en elecciones que trabajó en la campaƱa de 2017 me dijo: ā€œEl factor principal es el candidato.Ā»

Una de las características recurrentes de la vida de Johnson es su negativa a cumplir con expectativas ortodoxas y estÔndar. Su carrera política ha sido impulsada principalmente por su celebridad, escapando así de las obligaciones derivadas de depender del patrocinio de otros. Cuando se convirtió en primer ministro alcanzó el pinÔculo del cursus honorum de Gran Bretaña, pero se vio encerrado por el fracaso político de su predecesora, dejÔndole incapaz de actuar como quería. En retrospectiva, siempre fue probable que buscara su propio mandato.

Los amigos de Johnson que hablaron conmigo para este artículo dijeron que su disposición a apostar, a arriesgarse a ser uno de los primeros ministros mÔs efímeros de la historia por mantener su libertad de acción, estÔ arraigada en esta parte de su carÔcter, en que él rechaza patológicamente seguir reglas, obligaciones o imposiciones de otras personas. Quienes le aprecian menos señalaron que este rasgo se extiende a su vida privada, en la que los sentimientos de amigos, familiares y colegas son meros daños colaterales, regados a lo largo de su ascendente carrera.

Incluso con eso en mente, esta elección fue una apuesta considerable. La Ćŗnica ruta de los conservadores hacia la mayorĆ­a fue a travĆ©s de Ć”reas que no habĆ­an votado al Partido Conservador por aƱos y desconfiaban instintivamente del partido, particularmente respecto a los servicios pĆŗblicos. La irrupción del Partido del Brexit de Nigel Farage — la mayor amenaza de los conservadores para la derecha polĆ­tica — fue el disparador para solicitar las elecciones porque rozaban el 15 por ciento en las encuestas, lo suficiente como para privar a Johnson de la mayorĆ­a. E incluso si todos estos desafĆ­os hubieran sido superados, si los britĆ”nicos anti-Brexit se hubieran unido, sus posibilidades de salir victorioso se hubieran visto seriamente reducidas.

«Tuvo el mismo mazo de cartas que Theresa May, pero las ha jugado de manera diferente,» me dijo Guto Harri, amigo de Johnson que trabajaba para él cuando era alcalde de Londres. «Entró en estas elecciones porque quiso. Ha intimidado y acorralado a todos para que lo acompañen. No le interesa ir al poder para vivir en Downing Street o pasar el rato en [la residencia veraniega del primer ministro en] Chequers. Iba a ser todo una mierda o un éxito.»

Otros amigos y colegas que trabajan con él a puerta cerrada dicen que se molesta por las críticas personales, es propenso a altibajos y puede parecer extrañamente vulnerable y supersticioso, a menudo permitiendo que una risilla burlona se le escape cuando se siente incómodo. Pero igualmente me dijeron que se apresura a salir de tales distracciones o momentos introspectivos, y a menudo es él quien estÔ lleno de optimismo y humor, particularmente en las reuniones matutinas.

El otro lado del carĆ”cter de Johnson — que surgió en conversaciones con amigos, ex colegas y ayudantes involucrados en esta campaƱa y el referĆ©ndum del Brexit — es su crueldad polĆ­tica y amoralidad. Uno de sus antiguos editores me dijo que Johnson disfrutaba de la historia romana en parte porque le gustaba su sistema de mĆŗltiples dioses, que representan mĆŗltiples fuerzas a las que uno puede apelar, y que le parece que el mundo monoteĆ­sta de hoy es demasiado restrictivo moralmente, dijo este excolega. Un amigo que trabaja en estrecha colaboración con Ć©l, partidario del Brexit, lo dijo sin rodeos: Ā«NecesitĆ”bamos tener de nuestro lado a un bastardo.Ā»

Esta combinación dentro de Johnson, segĆŗnĀ me dijeron sus amigos y colegas — audacia polĆ­tica, celebridad y tolerancia al riesgo, asĆ­ como una inclinación a hacer cualquier cosa por alcanzar el poder — es lo que le convirtió en mejor candidato que May. Un estudio de las elecciones britĆ”nicas de 30,000 votantes, llevado a cabo despuĆ©s de las elecciones de 2017, mostró que la razón principal por la que al laborismo le fue ​​tan bien durante esa campaƱa fue el sólido desempeƱo de Corbyn en relación con May. Ambos eran figuras polĆ­ticas notoriamente desconocidas, dada su prominencia. En esta elección, ambos lĆ­deres fueron notoriamente conocidos, y esta vez, las calificaciones personales de Johnson se mantuvieron por delante de las de Corbyn. Gran BretaƱa tenĆ­a a su bastardo, y decidió votar por Ć©l.

«El carÔcter es el destino, decían los griegos, y estoy de acuerdo,» escribió Johnson en El factor Churchill, su libro de 2014 sobre Winston Churchill que lleva el subtítulo Cómo un hombre hizo historia. Esta es la versión de Johnson de su propio y aparentemente inevitable triunfo: la versión en la que él salva al país como su héroe Pericles, librÔndolo de la paralizante duda e indecisión después del Brexit. En esta versión demuestra, como lo ha hecho durante toda su vida, que las reglas son para las personas pequeñas. Otros, como él mismo, muestran que la vida puede doblegarse ante la voluntad de los grandes hombres.

En seis meses, heredó un desastre polĆ­tico que convirtió en un triunfo polĆ­tico. Y, sin embargo, para sus admiradores y de hecho para el propio Johnson, no es tan simple. El Brexit fue una ola cuyas corrientes ya existĆ­an antes de 2016, causadas por cambios económicos y demogrĆ”ficos, impulsados ​​por el colapso financiero de hace una dĆ©cada.

Para ganar estas elecciones, el Partido Conservador necesitaba a Johnson, pero no podrĆ­a haber ganado sin el Brexit, y el Brexit no habrĆ­a sucedido sin Ć©l. Sin embargo, lo que heredarĆ” cuando vuelva a entrar en 10 Downing Street es una serie de problemas que la personalidad por sĆ­ sola no puede resolver: desde las compensaciones inherentes a la relación britĆ”nica posterior al Brexit con Europa, hasta la viabilidad futura de la nueva coalición electoral conservadora, asĆ­ como la competitividad económica de Gran BretaƱa. Ninguno de estos desafĆ­os es insuperable, pero sĆ­ requieren que Johnson sea tan efectivo administrando el poder como lo ha sido para alcanzar el poder. Al igual que con el Brexit, el triunfo de hoy es el final del comienzo de la historia — no el final en sĆ­ mismo.

 


 

Artƭculo original en inglƩs de Tom McTague

Publicado en The Atlantic el viernes 13 de diciembre de 2019

Copyright Ā© 2019 by The Atlantic Monthly Group. All Rights Reserved.

Traducción al español: Alejandro Tellería-Torres

Enlace al artĆ­culo original: https://www.theatlantic.com/international/archive/2019/12/boris-johnson-britain-uk-election/603466/?fbclid=IwAR073zDjF3MmXApaRo29-WRJKDneE4nuuE19zMqpGczacbVzPuB2v03NJqI

 

Y ahora, la revolución de Boris Johnson: rodarĆ”n cabezas en el gabinete

THE SUNDAY TIMES — DOMINGO, 15 DE DICIEMBRE 2019

Hasta 1/3 de ministros dejarƔn el gabinete despuƩs del Brexit

Boris Johnson ha elaborado planes para dirigir un gobierno «revolucionario» que despedirÔ a ministros, cerrarÔ departamentos en Whitehall y reemplazarÔ funcionarios públicos por expertos externos en un intento por «remodelar» la economía.

Se cambiarĆ” hasta un tercio del gabinete en la reorganización — planeada para febrero, despuĆ©s del Brexit — para que se puedan presentar nuevas caras que creen un gobierno Ā«transformadorĀ», centrado en las necesidades de los votantes de la clase trabajadora que lo impulsaron a una victoria aplastante la semana pasada.

En el Discurso de la Reina el jueves, Johnson anunciarĆ” que estĆ” consagrando con categorĆ­a de ley el compromiso del gobierno de inyectar fondos al NHS hasta Ā£33.9 mil millones para 2023-24 — la primera vez que un gobierno ha hecho un compromiso de gasto legalmente vinculante durante varios aƱos. Ā£78 mil millones adicionales se destinarĆ”n a transformar el transporte en el norte de Inglaterra con nuevas carreteras, puentes y redes de autobuses.

En una señal de su intención de conquistar el centro de la política britÔnica, Johnson visitó ayer Sedgefield, la antigua circunscripción del ex primer ministro laborista Tony Blair donde los conservadores ganaron el jueves.

ApropiĆ”ndose deĀ lenguaje utilizado por el ‘Nuevo Laborismo’ — perĆ­odo en que gobernaron el paĆ­s los primeros ministros Tony Blair y Gordon Brown, descrito por Blair como el perĆ­odo de los Ā«servidores del puebloĀ» — Johnson dijo : Ā«Cuando lleguemos a Westminster y comencemos nuestro trabajo, recuerde que no somos los amos, somos los servidores ahora. Nuestro trabajo es servir a la gente de este paĆ­s.Ā»

El primer ministro convocó a altos funcionarios como el secretario del gabinete Mark Sedwill el viernes por la tarde y anunció que todo el gobierno tenía que cambiar su enfoque, para mejorar las vidas de los votantes de clase trabajadora en el norte de Inglaterra que respaldaron el Brexit y posibilitaron el cambio hacia los conservadores.

Johnson abolirĆ” el DExEU — el ministerio del Brexit — el 31 de enero, enviando a su mejor personal para unirse al equipo negociador de David Frost en la UE en la Oficina del Gabinete y el departamento de comercio internacional (DTI).

«Eso ya estÔ acordado,» dijo una fuente. «Va a suceder.»

El primer ministro también pasarÔ las vacaciones de Navidad elaborando planes para hacer «grandes cambios» a otros ministerios de Whitehall. Los primeros objetivos:

ā— Establecer un ministerio de fronteras e inmigración separado del Ministerio del Interior, para mejorar la seguridad y el funcionamiento del sistema de visados despuĆ©s del Brexit

ā— Fusionar el DTI con el ministerio de comercio, para crear un equipo poderoso que consiga acuerdos comerciales con Estados Unidos, Japón y Australia mientras se transforma la economĆ­a en el norte de Inglaterra.

ā— Fusionar el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Departamento de Desarrollo Internacional para ayudar a coordinar el presupuesto de ayuda de Gran BretaƱa con objetivos de la polĆ­tica exterior.

ā— Separar la energĆ­a y el cambio climĆ”tico del departamento comercial nuevamente.

Johnson harÔ una reorganización limitada el lunes reemplazando a Nicky Morgan, el ministro de cultura que ya presentó su renuncia; Alun Cairns, el ministro de Gales, que renunció al comienzo de la campaña; y Zac Goldsmith, que perdió su escaño la semana pasada.

Ese es el inicio de una liquidación general en febrero, en que revelarÔ al equipo que espera transformar a Gran Bretaña y cimente las posibilidades de los conservadores de ganar un quinto mandato sin precedentes en 2024.

Los expertos dicen que los nuevos ministros serÔn seleccionados en función de su experiencia y capacidad para impulsar el cambio, y no por sus apariciones en los medios.

Una figura de alto nivel dijo: «SerÔ [una transformación] bastante importante. Buscaremos a personas que sepan hacer el trabajo y que no se preocupen por los medios ni nada en el corto plazo. Estamos elaborando un plan muy detallado y revolucionario, y luego lo implementaremos.»

Otra fuente gubernamental de alto nivel dijo: «HabrÔ un gabinete para realizar el Brexit y luego habrÔ un gabinete para llevar a cabo los planes de Boris para remodelar el país. UtilizarÔ el tiempo entre una cosa y otra para ver qué quiere y a quién quiere.»

Las tres prioridades de Johnson para los próximos cinco años serÔn convencer a los votantes del norte que votaron por los conservadores a que vuelvan a hacerlo. La primera prioridad serÔ hacer todo lo necesario para dejar en condiciones óptimas al NHS, y que así sea «imposible» para los laboristas utilizar el asunto en contra del gobierno en las próximas elecciones.

Lo siguiente serƔ transformar la economƭa de Gran BretaƱa fuera de Londres, para que los votantes del norte se beneficien de empleos de alta tecnologƭa.

El tercero serĆ” el lanzamiento de un nĆŗmero rĆ©cord de proyectos de infraestructura, que probablemente se denominen ‘puentes Boris’.

Una fuente gubernamental de alto nivel dijo: «Necesitamos una reforma radical de la maquinaria para asegurarnos de que esté lista para entregar un gobierno transformador. Necesitamos cambiar nuestro enfoque y comenzar a trabajar por las personas fuera de los Home Counties [la «provincia» o los alrededores de Londres, la zona con mayor poder adquisitivo de Reino Unido].»

AdemÔs del flujo de fondos para el NHS, el Discurso de la Reina también incluirÔ proyectos de ley para que los terroristas cumplan sus condenas completas, para brindar un mejor servicio a los viajeros, mÔs protección a los inquilinos y para evitar que las autoridades locales boicoteen productos de otros países como Israel.

Las nuevas normas sobre los funcionarios públicos superiores garantizarÔn que sea mÔs fÔcil contratar expertos externos de empresas y otros sectores para que trabajen junto a funcionarios de carrera.

Una fuente bien informada dijo: ā€œHabrĆ” muchos cambios en el sistema: contratación, despidos y capacitación. Tenemos que reorganizar a las personas, reorganizar las estructuras, reorganizar la administración, reorganizar Downing Street.Ā»

ā€œTenemos que conseguir a las personas correctas para los trabajos correctos en todos los Ć”mbitos. La gente quiere un cambio y tenemos que cumplir.Ā»

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Ā«Bueno, bueno…Ā» murmuraba Corbyn mientras su Ā«muro rojoĀ» se venĆ­a abajo

Jeremy Corbyn permanecerÔ en el cargo durante al menos los próximos dos meses, dijo John McDonnell antes de que se inicie la carrera para la sucesión del líder laborista.

Una fuente cercana al líder laborista dijo que «por sentido común» Corbyn seguiría en el poder durante meses porque un concurso de liderazgo puede tomar al menos 12 semanas, y porque el puesto siguiente al de Corbyn ya estaba vacante.

Se dice que la tercera y actual esposa de Corbyn, Laura Alvarez, quiere que su marido dimita antes de ese plazo, ante preocupaciones por la presión mediÔtica y su propio estado emocional. Piensan de igual manera los parlamentarios laboristas, que le estÔn instando a que deje el cargo inmediatamente.

El canciller de la oposición McDonnell dijo aceptar su responsabilidad en el Ā«desastreĀ» electoral — la peor actuación de su partido desde 1935 — pero luego culpó a un medio de comunicación que, segĆŗn Ć©l, habĆ­a Ā«demonizadoĀ» a Corbyn.

Corbyn afirma que «ganó su argumento» a pesar de que Boris Johnson le aplastara en las urnas, lo cual ha provocado burlas de parlamentarios laboristas reelegidos y candidatos derrotados por igual.

Sin embargo, McDonnell se apresuró a salvar la posición de extrema izquierda de su partido, insistiendo en que la «plataforma de políticas» del Partido Laborista era correcta pero que no se había comunicado adecuadamente a los electores, debido a la hostilidad de los medios.

Jess Phillips, parlamentaria laborista por Birmingham Yardley, es una de los varios contendientes que deben anunciar sus candidaturas maƱana mismo.

La noticia se conoce luego de que The Sunday Times revelara detalles de la Ā«altaneraĀ» respuesta de Corbyn a la mayor derrota del laborismo desde 1935. SegĆŗn una fuente, Corbyn pasó las primeras horas del viernes en la sede de su partido viendo la cobertura electoral de la BBC repitiendo: Ā«bueno, bueno…Ā»